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Profundo dolor

Historia de vida: Enrique, el Cura Constructor

En octubre de 2013 la periodista de Tiempo de San Juan, Miriam Walter, hizo una nota con la historia del histórico sacerdote que falleció este martes.

Por Redacción Tiempo de San Juan
 El padre Francisco Enrique, un sacerdote histórico creador del Movimiento Scout y el Colegio Parroquial de Santa Lucía, falleció este martes cerca de las 21. En octubre de 2013 Tiempo de San Juan hizo una nota donde contó todas las obras que realizó y su historia personal.
 
Te traemos de vuelta ese artículo como un homenaje al Padre Enrique:
 
 
 
El cura constructor

El padre Francisco Enrique cumple años este mes y es uno de los más longevos de San Juan. Lo comparan con Báez Laspiur porque lleva una vida dedicada a hacer templos. Por Miriam Walter.

Con 84 años, parece muy frágil. Pero se da maña con un bastón, se agacha, agarra un alambre enroscado, una pinza y una bolsa con zapatillas donadas y se va a toda velocidad a la que dice que es su última obra: la capilla de San Francisco de Asís, enclavada en el medio de un asentamiento del mismo nombre, con 18 ranchos a la vera de la Ruta 20, sobre el callejón Belgrano en Santa Lucía. Esa pequeña y humilde comunidad le da muchas satisfacciones a Monseñor Francisco Enrique, a quien consignan como uno de los sacerdotes más longevos de San Juan y que este sábado festeja uno de sus dos cumpleaños: "el 7 de septiembre nací pero mi padre me asentó el 28”, asegura. 

Al padre Enrique, que se lo puede encontrar en la Iglesia de Santa Lucía, lo comparan con el célebre Ricardo Báez Laspiur, porque lo desvela construir capillas y fundar lugares de fe. En 8 décadas y pico de vida, este cura tiene mucho para contar, tanto así que lo plasmó en un libro autobiográfico, que presentó en julio, tras cumplir medio siglo con el sacerdocio. Allí cuenta que fue viñatero, marino, que fundó los Boy Scouts en la Provincia, que ideó la Fiesta del Olivo, que fue nombrado capellán papal por Benedicto XVI, y que el Papa Francisco lo felicitó por carta por su trabajo con los pobres.

De la docena de capillas que levantó, entre ellas la de La Merced (en Tucumán y Santa Fe), el padre Enrique dice que la más complicada fue la de Nuestra Señora del Valle, en el santaluceño Barrio Balcarce, porque tuvieron que hacer un montón de estudios en un suelo sacudido por la revenición, a fines de los ’80. Mientras camina por el centro de oración a Nuestra Señora de Lourdes, cerca de La Legua y de Chaparro, se acuerda de que allí había un rancho, que ahora fue remodelado y funciona como salón de usos múltiples. Contigua, la Gruta de Lourdes tiene una imagen que le donaron desde Mendoza y allí suele dar misa a decenas de feligreses. ¿Cómo paga las obras? "Con el Banco de la Providencia”, responde. "Acá armamos la campaña del ladrillo, la campaña del vidrio, de la tela mosquitera, y se dan las colaboraciones”, se explaya. 

Hijo de un español y una brasilera, Francisco nació en Pocito en 1929, en una familia de 8 hermanos. "Cuando yo tenía 7 años, me senté delante de un altar mirando a mi madre, ella me tomó de los hombros y me dijo ‘no le des la espalda al altar’. Desde ese momento marcó en mi vida aquel gesto de que a Dios no se le da la espalda”, cuenta el cura. De joven hizo un curso de dibujante lineal arquitectónico y después entró a la Marina, donde mechaba sus días como militante de la Acción Católica y soldado de reserva en Buenos Aires cuando casi estallaba la guerra entre Corea del Norte y Corea del Sur. "Por suerte, Perón mandó víveres y no hombres”, recuerda. 

Sus conocimientos en Dibujo lo entusiasmaron en su regreso a San Juan a embellecer el salón parroquial de Santa Lucía, haciendo los planos allá por 1952. "Una mañana sentí una locución interior que me decía ‘¿por qué no ser sacerdote?’. Un llamado que me duró dos años”, asegura.  Sus padres se oponían, pero se anotó en el Seminario en Córdoba, el mismo de donde salió el famoso Cura Brochero. En junio de 1963 se ordenó sacerdote en su terruño, donde se le ocurrió plantar la idea que había traído de Córdoba, formando el Grupo de los Scouts de San Juan. Empezó su carrera en la Parroquia de Desamparados, que luego siguió en Angaco, en Albardón, en La Merced de Capital y como capellán de Gendarmería en Barreal en el ’82, hasta que en 1986 llegó como párroco a Santa Lucía. A esa altura, ya había encarado varias construcciones.    

En Angaco llegaron a preguntarle si estaba loco, porque organizó una cena solidaria que terminó siendo base de la Fiesta del Olivo, declarada por gestión suya como fiesta provincial. No sólo sirvió para reactivar la zona, también consiguió que haya luz permanente en el distrito, con un festejo que sigue haciéndose hoy desde aquel inicio en 1967. Otro de sus trabajos más particulares se dio con la llamada "Ferro Capilla de San Cayetano”, en Alto de Sierra, construida por iniciativa del padre Enrique en un viejo galpón ferroviario.

Toda esta tarea le llevó al cura horas y horas de gestiones en reparticiones oficiales, de tironeos por terrenos, de organización con vecinos, de pedidos de colaboraciones y algunas ayuditas divinas. "Una vez vino un alumno de la Escuela Industrial y me ofreció un número de rifa. Le pedí que me trajera el último de los 15 que tenía para vender. Después me gané un Renault 0KM y dos pasajes y estadía en las playas de Uruguay. Le obsequié uno al vendedor y con otro compré carpas, bolsas de dormir y bequé a dos dirigentes para que hagan cursos en los Scouts de Buenos Aires”, recuerda.

Hoy el padre Enrique va y vuelve de la Iglesia de Santa Lucía –donde es párroco emérito- a su pequeño-gran nuevo proyecto: una gruta y una capilla en la periferia santaluceña, en lo que se conoce como la comunidad Chaparro, cerca de donde viven bolivianos que hacen ladrillos y del asentamiento Miranda que agrupa 18 familias, rebautizado por él y el Concejo Deliberante como Villa San Francisco. Entre los ranchos, que hizo numerar "para que llegue rápido la ambulancia y otros servicios cuando haga falta”, según cuenta, se levanta una construcción de chapa y de material, que ofician de capilla y salón de usos múltiples. Allí va todos los días y por ahí se queda a dormir. Los domingos ofrece desayuno a la veintena de chicos del asentamiento y da misa no sólo para la gente del lugar sino para muchos que se acercan siguiendo al curita constructor. Además, funciona un centro de Cáritas, donde reciben ropa usada que vende a bajo precio y una pequeña aula para dar Catequesis. 

En el frente de la capilla del asentamiento en Chaparro, como en todos los templos que hizo construir, el sacerdote puso una cruz misionera, blanca, enorme, que resalta en medio de las obras de la grutita que ya va tomando forma y que honra a San Francisco, como se llama el Papa, como se llama el padre Enrique. El nombre del curita bautiza el recinto de sesiones del Concejo Deliberante de Santa Lucía (se llama "Monseñor Francisco Enrique, capellán del Papa”) y el día de su natalicio, el 7 de septiembre, se conmemora en el departamento el Día del Buen Vecino.  

Más que un sacerdote, el padre Enrique es un amigo de la Villa San Francisco.

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