La emoción se mantiene en el alma mucho tiempo después de haber vuelto a casa. Uno sigue conmovido y enganchado con lo vivido, con la gente, con la montaña y su magia. Cosas que hacen que, a pesar del dolor físico, se quiera volver.
En la X Edición del Cruce Sanmartiniano faltó el gobernador José Luis Gioja y se hizo sentir. Pero como dijo Abel Fleming, camarista salteño, "estuvo más presente que cuando estaba presente”. No había charla de grupo donde no se lo mencionara y muchos dijeron sin tapujos: "lo extraño”.
La mesa de Las Frías, donde el Gobernador solía armar interminables partidos de truco, esta vez fue escenario de anécdotas que casi siempre lo incluían, muchas de ellas contadas por el intendente Marcelo Lima, otras por Robert Garcés.
Su hijo Camilo tomó la posta y jugó a las cartas. Le dieron el caballo blanco con pintitas que desde hace varios años usaba su padre en todo el cruce. Pero lejos de asumir un liderazgo, Camilo dijo: "Él es irremplazable”.
Los -10° de temperatura de la primera noche en Trincheras de Soler se sintieron en la carpa comunitaria de las mujeres. Pero llegar, después del segundo día de marcha, a refugio Sardina y ver la planta baja convertida en habitación con camas y colchones fue para llorar de alegría. Las mujeres fueron las privilegiadas e inauguraron las 16 camas, incluidas las gendarmes.
Esa noche fue la tradicional de serenatas, donde después de la actuación de Rulo Arredondo, histórico animador de 9 ediciones del cruce, el grupo de los más aguantadores salió a dedicar canciones a los que intentaban dormir. Ese día el Rulo había tenido una caída, atropellado por un caballo asustado. Al otro día no se sintió bien y para despejar dudas lo mandaron al hospital en helicóptero. Pero el sábado estaba como nuevo y asistió a la cena de cierre del cruce.
Después de un día de descanso, sin cabalgar, la cuarta jornada se realizó el acto en el límite, siempre emotivo con las banderas argentinas y chilenas pintando el cielo, este año, con un solo funcionario del otro lado, el seremi de Agricultura. Las lágrimas acudían, como siempre, a los ojos del más duro.
Pero aún faltaba el regreso. El grupo superó sin problemas la vuelta por La Honda y festejaron la llegada a Las Frías como si fuera el fin de la travesía. Gendarmes y baqueanos fueron siempre los indispensables de la travesía, atentos a las monturas. Los cocineros de Gendarmería parece que perfeccionaron sus guisos que cada año saben más ricos.
San Martín y sus soldados se hicieron presentes, ya sea en la mesa de arena donde el Ejército Argentino explicaba la logística de las seis columnas que atravesaron Los Andes para liberar Chile, o en las cosas cotidianas que alguno recordaba: "los del ejército Libertador no tenían camperas para este frío”.
Es imposible no hacer paralelismos y muchos los dejaron plasmados en sus testimonios. La montaña fue otra vez la gran maestra, enseñando a levantarse de las caídas, a volver a confiar, a soportar el dolor, a recibir ayuda cuando se necesita y darla cuando el otro es el que está en apuros. A hermanarse para la alegría y a consolar en las penas. A adaptar el cuerpo en las subidas y en las bajadas. A respetar al otro, a sentir el silencio, y a seguir siempre adelante.