Un enigma en el Valle de la Luna

¿Hay un tesoro en Ischigualasto?

En la llamada “Ruta de los Arrieros” hay un curioso petroglifo que en Turismo dicen que sería un mapa indígena que conduce a un lugar inexplorado en la punta de un cerro. Toda la zona, donde abundan los grabados en las rocas, se estudia para abrirla al público como nuevo circuito. Por Miriam Walter.
martes, 13 de octubre de 2015 · 10:27
Por Miriam Walter

Hace unos años, tres guardaparques de Ischigualasto se adentraron en una expedición de tres días en lo que se conoce como Ruta de los Arrieros, un pasaje del Valle de la Luna poco conocido para la gente pero epicentro de numerosos estudios arqueológicos, por su riqueza en petroglifos hechos por indígenas hace más de mil años y marcas históricas realizadas por arrieros hace dos siglos. Entre los cientos de curiosos dibujos que conviven con las rocas les llamó la atención uno en particular: el que copia el perfil del cerro que está justo enfrente del pictograma, con una especie de camino señalando hacia un punto. El grupo de expedicionarios se planteó subir a ver dónde conducía lo que desde ese momento llamaron "mapa” pero desistieron porque tenían que regresar y nunca más volvieron. 

"Está este mapa hecho aparentemente por aborígenes, está justo en una roca desde donde se observa el perfil del cerro y nunca nadie siguió el camino nunca que yo sepa. Por el parecido con la montaña evidentemente es algo que indica alguna cosa que puede ser un simple enterratorio o algo escondido, hay que investigarlo, es algo pendiente que tengo yo”, contó Raúl Romarión, que fue uno de los guardaparques que fichó el petroglifo y que actualmente es jefe de Promoción del Parque Ischigualasto dependiente del Ministerio de Turismo local.

Corría el año 2007 cuando vieron ese "mapa” grabado en la piedra, ubicado en el camino entre El Salto y la Quebrada de la Chilca, accediendo por una formación rocosa de color bermellón que puede apreciarse desde el famoso Hongo.  "Cuando descubrimos este petroglifo habíamos ido caminando, nos tomó 3 días ir y volver toda la expedición. Calculo que hasta ese lugar serán unas 8 horas caminando, está bien adentrado en el cerro, cerca de las Barrancas Coloradas, bien al Este, en la parte que se unen Los Rastros con Ischigualasto”, precisó Romarión.
 
"No teníamos tiempo en ese momento, había un Zonda bárbaro y los tres dijimos que teníamos que volver a ese lugar, porque eso es un mapa, y nunca volvimos. Para llegar al punto señalado habría que atravesar un valle y subir una montaña”, recordó el funcionario. Y explicó que hay varias culturas indígenas emparentadas con ese sitio y en particular diaguitas, que "probablemente no vivieron en lo que es ahora el Parque porque las condiciones son muy hostiles, pero se presume que fue un lugar de culto, de paso o de cacería”. 

 Romarión no descartó nada sobre el "tesoro” que se esconde detrás del "mapa” y dijo que "es un misterio lindo. Si se conversa con la gente de campo van a pensar que hay monedas de oro. Hay un montón de mitos sobre tesoros escondidos en los cerros como el de los siete cogotes de guanaco”. El funcionario cito esta leyenda que habla de siete cogotes de guanaco llenos de oro, que formaban parte del rescate que debían pagar los súbditos del inca Atahualpa para que éste fuera liberado por los españoles durante el inicio de la conquista del continente; pero la promesa de liberación de los españoles no se cumplió y Atahualpa fue ejecutado en 1533. Cuando llegó a la tierra huarpe la noticia de que el inca había muerto, los nativos dejaron el rescate y nadie sabe qué sucedió con el tesoro pero algunos aseguran que está en Calingasta. 

Este tipo de historias aumentan el ya fuerte atractivo del Valle de la Luna, que abarca  60.369 hectáreas. Según Romarión, este camino de petroglifos es una opción que se estudia para incorporar como nueva opción para el turista, no en el corto plazo pero es una alternativa en medio de la incertidumbre por el futuro de las geoformas emblemáticas del Parque, que van cayendo con el paso del tiempo. Así, a la ya curiosa y fascinante fisonomía de Ischigualasto se sumaría en el Parque sanjuanino -que es Patrimonio de la Humanidad- un paseo de cañones y petroglifos muy parecido al que ofrece Talampaya.

Un paraíso para arqueólogos 

En Ischigualasto se hicieron y se hacen expediciones científicas que dan cuenta de la presencia de antiguos pobladores o gente de paso en la zona, incluidas las investigaciones del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL). Por ejemplo, en el trabajo titulado "Arrieros y marcas de ganado.
 
Expresiones del arte rupestre de momentos históricos en el desierto de Ischigualasto” de María Mercedes Podestá, Diana Rolandi, Anahí Re, María Pía Falchi y Oscar Damiani, se examina minuciosamente la información correspondiente a los grabados asociados al arreo de vacunos hacia Chile que se practicó en este valle durante las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX. Se trata de dibujos ubicados en Piedra Pintada-El Salto y Agua de las Marcas además de datos generales de la Quebrada de La Chilca. Este estudio, que remite sólo a grabados históricos de los arrieros y no a petroglifos indígenas, contó alrededor de 1.500 grabados en esta zona, descubriéndose diversos motivos como marcas de ganado, números, nombres, fechas, leyendas y abstractos. 

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