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PERSONAJES

Di Lorenzo: La última gran peluquería familiar

Daniel es la tercera generación de peluqueros en su familia. Trabajólico, ahora quiere dedicar la otra mitad de su vida a vivir bien y a la veta solidaria. Por ahora, nadie lo hereda en la profesión. ¿Fin de la tradición?Por Ernestina Muñoz.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Ernestina Muñoz
CANAL 13

Son las 13, la peluquería cierra, pero Daniel Di Lorenzo no para. Está terminando de cortarle el pelo canoso a un cliente. "Yo entro acá desde los 3 años", acota el hombre debajo de las tijeras. Enseguida entra otro cliente de apenas 20 años. Daniel trabaja mucho y le gusta. Le viene por la sangre tana de su abuelo y de su padre. "En el año ´40 llega Giuseppe de Sicilia y se puso un localcito frente donde hoy está Diario de Cuyo. En el ´44 se cae todo, se queda sin casa ni trabajo. Así que puso una carpa en el Parque de Mayo para cortar el pelo". En ese contexto se integra al trabajo Arquímedes, el hijo del patriarca y padre de Daniel. Empieza a mejorar la clientela y se instalan en Salta e Ignacio de la Roza. "En el ´65 viene la moda de la navaja y él empieza con el despegue. Pasa a llamarse “profesional peinador”. Fue muy buen comerciante también y supo vender bien su imagen. Llegó a ser el que mejor cobraba en la República", contó Daniel. "Mi papá le cambió la cara a la profesión", dijo con respeto y convicción. Y Daniel entró a trabajar medio de casualidad.

"Era el ´68 y yo tenía compañeros muy humildes en cuarto año de la Boero que me pedían que les corte el pelo", recordó. Primero no quería, después se animó y empezó a verle rédito: les cobraba en paquetes de cigarrillos. "Cuando quise acordar ya eran varios amigos y mis dos compañeras mujeres fueron el puntal en el área dama. Mi mamá se dio cuenta y abrimos esa sección. Ella se entrenó con Juanita Becerra y empezamos. Anduvo muy bien", evaluó.

¿Pesó la tradición familiar? "¡Fue un ombú!", respondió entre risas. "Era una sombra que a veces no dejaba respirar. Mi papá número uno, mi abuelo empezó todo esto. Yo tuve que asumir que yo era yo y fui creando mi estilo", confesó. "No me parezco a mi viejo. Era terrible.
Yo soy más perfil bajo. Dicen que por mi forma de actuar y físicamente me parezco a mi mami". Pese a las diferencias, heredó los clientes de su padre y más. "Ellos me tenían una paciencia bárbara. Me bancaban los errores porque veían que era joven y tenía muchas ganas. Después vieron que mi viejo se había quedado y yo seguía".

Van 32 años de trabajo en el mismo lugar. Los sillones reclinables de Giuseppe, de más de 80 años, reciclados junto a la máquina de vapor histórica son huellas de ese pasado. Se mezclan con los premios a la popularidad y las fotos familiares de su mamá, de su papá Arquímedes y de su abuelo en un tríptico. Él conoce a todos sus clientes por el nombre y el apellido. Conoce sus historias, da consejos. Y viceversa. "Viene la familia completa a cortarse el pelo. Es el salario familiar como yo le digo. Es fantástico conservar una clientela que hoy es como una gran familia. Te imaginás que cuando viene padre, hijo y Espíritu Santo es un montón de plata", analizó. En una época de vanguardismo, de la volatilidad de lo "fashion", ser una peluquería familiar ¿es una decisión equivocada? "Vino de mi papá y de mi abuelo el perfil. Yo respeto la tradición y de dónde vengo. Si levantás la cresta la realidad te la baja. Ser número uno no siempre es ser el mejor. Lo tengo re claro. Se lo dejo a mis colegas", declaró.

Entre los clientes y la entrevista, la colación de media mañana espera a un lado, bien entrado el mediodía. Trabajo no le falta. Esa voluntad es una de las claves para mantenerse por tantos años en actividad y a buen ritmo. "Lo otro es no bajar la calidad", revela. Y es difícil en tiempos de crisis económica. "Laburé cómo y cuánto quería. Sólo faltó trabajo en el puto diciembre de Avelín. Teníamos 3 clientes por día en una época que es temporada alta. Fue la única crisis que estuvimos mirándonos la cara. Siempre tratamos de ir acompañando las tarifas con el bolsillo del cliente. Porque tenía la experiencia de mi papá. Don Arquímedes se equivocó en el "Rodrigazo" cuando subió muy de golpe la tarifa junto con la inflación y perdió clientela. Desde ahí teníamos esa cautela", contó.

Y hoy es bastante difícil. "Tengo facturas de hasta 70 mil pesos por productos. ¿Sabés lo que es pagarlo con cortes de pelo de 160. Es complicado. Tenés que ser muy ordenadito para llevarlo", indicó.

Las tijeras siguen, charlamos, hacemos fotos. Entran las hijas de Daniel, le manguean algo, salen. Él sigue cortando. “Mi familia me tiene que bancar porque soy así. Tómalo o déjalo. Esto es muy de bohemio casi”, dice. Por eso también se hace espacio para la solidaridad. “Siempre indirectamente trabajé en esa parte. Pero perfil bajo porque pienso que es mejor no aparecer”. Hasta que llevó la invitación de Olga Álvarezen 2012 al “Trenzando voluntades”.

Peluqueros de San Juan cortan trenzas de cabello que donan voluntarios para hacer pelucas oncológicas. “Me gustó mucho el por qué y para qué de la idea. Me sumé a la causa, me gusta y este año trabajamos un corte diario regalado a la institución. No pesa para nada. Podría dar mucho más”, consideró. Sin embargo sabe que no tiene más tiempo. “Lo que podés hacer es desde el puesto de trabajo. También trabajamos con el padre Rómulo de la Catedral. Siempre tenés a alguien a quién regalarle algo”, evaluó. Lo sabe porque le tocó pasar tiempos duros y salir adelante por la mano que le dieron cliente que jugaron el rol de accionistas honorarios.

Hoy se puede decir que su peluquería es una marca registrada. “¿Quién me hereda? Quizá el Giuseppito” dice sobre su hijo menor. Los otros tres están estudiando ya carreras universitarias diversas: nutrición, gastronomía y administración de empresas. “Por ahí me manejan la empresa desde lo técnico. Pero mejor que el dueño, no conoce nadie a la empresa”. Igual sabe que tiene fecha de retiro. Este 26 de julio cumple 50 años y fijó límite. A fuerza de voluntad hizo dieta y se operó para tener una mejor calidad de vida. "Me preparo para unos muy buenos 25 años más. Cerca de los 75 me retiro, más no” dice y estalla de risas. "Mi abuelo cortó hasta los 70 porque un accidente lo dejó casi sin poder laburar. Arquímedes casi que falleció con las tijeras en la mano. Espero dejar yo a la profesión y no ella a mí", remató.

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