sábado 25 de abril 2026

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Tribunales

¿Y Santa Fe?, ¿y el mérito?

Lo más doloroso del frustrado concurso para entrar a trabajar a Tribunales es cómo le mintieron en la cara a los que soñaron con tener un buen trabajo sin amiguismo. ¿Por qué? Enterate. Por Sebastián Saharrea.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Sebastián Saharrea

Hay tres acepciones de la palabra concurso en el diccionario de la Real Academia Española que se pueden relacionar con el método invocado por la Corte de Justicia sanjuanina para la selección del infinito personal que le hace falta. Una habla de “oposición que por medio de ejercicios científicos, artísticos, literarios, o alegando méritos, se hace a prebendas, cátedras, etc.”. Favor de subrayar la palabra mérito. Otra alude a una “competencia entre quienes aspiran a ejecutar una obra o prestar un servicio bajo determinadas condiciones, a fin de elegir la propuesta que ofrezca mejores ventajas”. Clarito. Y la tercera se refiere a una “competición, prueba entre varios candidatos para conseguir un premio”.

Ya se trate una vacante en Tribunales con empleo estable en los tiempos que corren, bien pagos y en condiciones inmejorables de trabajo, de un premio, de un servicio o de un mérito, cualquiera de esas definiciones semánticas se ajustan a la búsqueda de cubrir unas 300 sillas vacías en el servicio público más desastroso del Estado provincial. En el que esa ausencia de personal no es más que un condimento de un espeso guiso que suele privar de justicia a los justiciables sanjuaninos, generalmente a los de menores recursos.

Lo más insólito es que la Corte sanjuanina acaba de acuñar un nuevo significado a la palabra concurso. Decidió la semana pasada volver sobre sus palabras de años (de eso ya se hablará) y establecer un mecanismo de selecciones compuesto por los siguientes pasos: primero, un examen de aptitud en velocidad de escritura, ortografía y conocimientos generales; después, los que superen esa instancia (casi todos, se supone) integrarán un banco de datos; tercero, los magistrados harán uso de su dedo índice para señalar discrecionalmente quienes serán bendecidos por amiguismo y pasarán a reportar en las filas judiciales, en desmedro de los desafortunados que no conocen a nadie. A eso, en la justicia le llaman concurso, a apuntar con el dedo a 200-300 de los miles que seguramente superarán las pruebas dactilográficas y quedarán esperando en el banco de los suplentes sin que nadie los convoque al menos a una entrevista personal, mano a mano, para conocerse. Como en cualquier otro trabajo.

Consta en actas –por emplear vocabulario florido y leguleyo como les gusta a sus señorías florearse- que la justicia considera a eso como un concurso. Lo dijeron los integrantes de la Sala III de la Corte –integrada por el presidente Juan Carlos Caballero Vidal, Aldolfo Caballero y Abel Soria Vega- en su expediente 57.768, adelantado la semana pasada por Tiempo de San Juan y donde explican los argumentos que los llevaron a alambrar el ingreso a Tribunales y reservarlo para los familiares y amigos.

Allí queda claro que para la Corte eso se trata de un concurso, de una sana competencia en la que se premia al mejor, de una compulsa de aptitudes para encontrar al más capacitado. Esa dedocracia que caracterizó por todos los tiempos al Poder Judicial y que era tiempo de ir flexibilizando como para quedar a tono con los tiempos democráticos, deberá esperar mejores tiempos ante esta nueva bofetada de lo que el máximo tribunal de justicia redefinió como concurso.

Y lo hizo, además, con un tono que sonó con desprecio hacia el resto. Y hasta cierta suficiencia y despreocupación por las expectativas ajenas (un empleo bien pago en estos tiempos lo es), refregando en la cara ciudadana su condición de última palabra y a embromarse. Lo dijo así: “Carece de sustento legal que se pueda obligar a esta Corte de Justicia a emitir un reglamento. El artículo 45 de la Constitución Provincial solamente alude a la necesidad de realizar un concurso para el ingreso del personal, pero no especifica cuál debe ser la modalidad, condiciones y procedimiento mediante el cual se deba realizar el mismo”. Lo dicho, a eso le llamaron concurso, y en un documento oficial.

La apreciación vendría a ser algo así como “a llorar a la Iglesia”. O un maradoniano LTA para los que pensaron que sería posible sortear la barrera de la discrecionalidad en un sistema entronizado entre dictaduras, tiempos en los cuales lo último que se podía pedir era transparencia en los cargos menores de Tribunales, si no la había siquiera en la designación de los magistrados. Pero los tiempos han cambiado y los que comandan la justicia sanjuanina parecen no haberlo divisado desde los ventanales.

Porque ellos mismos fueron los que se subieron arriba de la ola cuando motorizaron la adopción del sistema de ingresos a la Justicia vigente en Santa Fe, que consiste en una toma de exámenes, luego una entrevista personal, y luego la confección de una lista de méritos resultantes de esas dos instancias. Se recuerda particularmente a Adolfo Caballero, en sus tiempos de presidente del tribunal, justificar las demoras en supuestos inconvenientes operativos en algo que a simple vista parecía no tan complicado: exportar un sistema de una provincia a otra, y simplemente ponerlo a funcionar.

Pero cuando no era la cata, era la jaula. Que no había computadoras suficientes para tomar el examen de manera simultánea entre tantos aspirantes, créase o no ese fue uno de los argumentos predilectos al momento de dilatar los tiempos: la compra de 50 computadoras conectadas al mismo servidor, en un poder que lleva ahorrados varios millones en plazos fijos y que afecta todos los días el servicio al ciudadano porque en todos los juzgados falta gente.
Que están viniendo los santafecinos, que están yendo los sanjuaninos. Nunca se supo si efectivamente fue alguien a Santa Fe o aterrizó alguien por estos lados, la cosa es que si lo hubieran hecho, hubiese sido de gusto. Porque pasaron más de dos años de manoseo con la “conexión Santa Fe” y el cuentito de lo lindo que es el ingreso allí y lo bárbaro que será acá.

Injusto resulta particularizar en Adolfo Caballero por tratarse del único cortista al que se le conoce la voz, amén de un par de frases de Medina Palá durante el jury a Carlos Macchi. Pero él, el gaucho, se mostraba entusiasmado con el nuevo plan de imitar a Santa Fe y listo, y lo decía ante cuanto micrófono tuviera enfrente.

Era sólo cuestión que se resolvieran algunas minucias operacionales –como las computadoras, el lugar físico de los exámenes, etc.- para que el plan Santa Fe saliera a la cancha. Hasta que fue momento de decidir, y el plan por el que tanto se había vociferado y generado expectativas, se hundió en el tacho. Sin saber siquiera por qué fue desechado, luego de haberlo invocado con nombre propio tantas veces. La única explicación oficial, a falta de algún integrante de la Corte que se decidiera a hablar en público de un asunto tan importante, es lo que está en el expediente. Y dice así: Que es facultad “exclusiva y excluyente de la Corte de Justicia reglamentar sobre las condiciones, modalidad y procedimiento mediante el cual se tramitará el concurso (le sigue llamando a eso concurso)”, que es “la Corte la que ejerce independientemente de cualquier otro poder del Estado o intromisión que pretenda funcionario alguno (¿sugiere que alguien pretendió “entrometerse”?) y que “no existe norma constitucional alguna que obligue a la Corte de Justicia a adoptar el régimen de la provincia citada”.

Legalismo puro, desprovisto de toda lógica: si fue la propia Corte la que postuló, ella misma y sin que nadie se lo soplara a la oreja, el sistema de Santa Fe como Norte propio para regular el ingreso. No sólo eso, sino que lo militó, hizo de eso una bandera, y siempre que aparecía el tema de los ingresos, explicaban algún problema con la instrumentación. Pero ahora se olvidó olímpicamente, y levantó la guardia diciendo que nadie la puede obligar.

¿Santa Fe, qué Santa Fe? Habrá sido aquello del concurso a imitar, como mínimo y en el intento de ser cuidadoso, un espejismo sobre la posibilidad de ser más transparentes, de una vez por todas, en un tema que siempre fue turbio y ahora habían prometido cambiar. Una ilusión, hasta un anzuelo cazabobos para ir ganando tiempo.

Sobre lo que no hay dudas es que se trató de una dolorosa manera de volver a la realidad a los soñadores, de recordar a la gilada que hay quienes nacieron con una estrella y otros estrellados. La diferencia entre unos y otros está en los parientes y los amigos.

 

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

LO QUE SE LEE AHORA
Central de Policía de San Juan.

Las Más Leídas

El asesor comercial de una conocida estación de servicio acusado de estafa por $200.000.000 quedó preso
Imagen archivo, capturada durante la audiencia de formalización.
A nivel nacional proponen cerrar estaciones de servicio de noche y en San Juan los trabajadores están en alerta
El invierno tendrá temperaturas de normales a más elevadas que el promedio en San Juan, según el pronóstico extendido del SMN.
El descargo de Juan Cruz Rufino, tras ser condenado: En San Juan no hay un medio que no me haya utilizado

Te Puede Interesar