Con lágrimas en los ojos por dejar aquella vivienda que los
alojó durante años, 41 familias de varios asentamientos de Chimbas, empezaron a
bajar a combazos sus propias casas. Las lágrimas de tristeza son por dejar un
pasado, vecinos y amigos, pero también son por lo que se viene, por ser dueños
de un hogar digno, ese con el que soñaron durante años.
Lidia Olmos y Juan Díaz viven desde hace 20 años en el
asentamiento Virgen del Milagro. Ella es ama de casa, madre de 7 hijos pero
vive solo con dos. Mientras su marido baja a martillazos la casa que habitaron
durante dos décadas, Lidia recuerda el nacimiento de sus últimos hijos en el
lugar, las charlas compartidas a la mañana con el mate y también las
inundaciones y vientos que los dejaron aislados. "Todos mis hijos decidieron
quedarse porque ellos se construyeron lindas casas, los voy a extrañar pero
estoy muy feliz”, dijo Lidia.
Marcela Escudero tiene 7 hijos, vive desde hace 20 años en
la villa Juan Pablo II. "Dejo un pasado de lluvias, de inundaciones, de tierra
y de letrinas”, manifestó con lágrimas en los ojos la joven mujer mientras
recorría lo que quedaba de su casa, ese hogar que nunca dejó de ser cálido a
pesar de la humildad con el que fue construido. Marcela es ama de casa y su
marido es empleado de la construcción. Para evitar que sus hijos estuvieran con
la demolición, los mandó a la casa de una familia amiga. "Voy a tener una casa
digna, voy a extrañar a todos pero es lo mejor”, finalizó la mujer.
Juana Quiroga es la otra beneficiada. Ella vive en villa
Unión, al poco andar sobre calle Luna. Ella es empleada doméstica y su marido
es obrero de la construcción. "Hace 20 años que vivo acá, en esta casa nacieron
mis hijos, pasamos momentos felices”, contó Juana. Su marido fue el encargado
de bajar la vivienda a combazos. Se mezclaban las risas y las lágrimas, pero lo
que primó siempre fue la felicidad. "Empezamos de nuevo, empezamos una nueva
vida en una nueva casa”, finalizó.