“Me identifico con los caballos y perros de la calle, con esa sensación de libertad que me da la vida de los animales y fue después de darle una vuelta de 180° a la vida, bajé 5 cambios, no uno, para vivir mejor”, explica Roberto.
Encontró en la naturaleza y los animales una paz que no tenía porque “me pegué un susto muy grande con los infartos que tuve; hoy festejo y valoro mi vida; terminé reventado comiendomé los nervios y la fatiga del trabajo”.
Aunque extraña el fotoperiodismo, ahora goza de amistades, una vida más tranquila y original. Cuenta que vino a Jáchal a descansar en la finca que era de su papá, optando por “esta vida más tranquila y a raíz de mi experiencia las fotos que hago muestran la naturaleza, historias de vida, costumbres; y no las expongo en museos ni galerías sino al aire libre como plazas o edificios”.
Amante del pueblo jachallero dice que “en este lugar encontrás una vida diferente que no hay en otro lado, una monotonía casi paradisíaca”; y explica que “yo encontré en la naturaleza una posibilidad de sacarle cosas, miradas que resultan muy buena inclusive para los demás; reconciliarme con ella me produjo un estado espiritual mucho mejor”; reflexiona.
Dice que con el pasar de los días “empecé a tener una frecuencia donde percibo cosas que son ínfimas, como el canto de los pájaros; el movimiento y el ritmo de la naturaleza apasionante”.
“En la finca que es de mi papá había como 15 caballos y teníamos un cuidador que era su domador; yo los agarraba, los acariciaba y les hablaba; ellos me seguían porque yo había entablado un vínculo que era realmente bueno para mi salud; sentía que me relajaba”, explica sobre lo que siente. Se interesó tanto que empezó a leer sobre equinoterapia y aprendió que “ellos tienen una percepción de los estados de ánimos que no se puede creer”.
Recordando su participación en el Cruce de Los Andes, que lo hizo 3 veces seguidas el último en 2010; dice que “me gusta montarlos, pero no me vuelvo loco por andar arriba del caballo; me gusta comunicarme y es muy particular ese enlace que creo con ellos”. Tal es la conexión que logra domar lo indomable: “hay una potranca marrón que es un de amigo que no se dejaba por nadie y conmigo entraba a los corrales; se apoyaba en mí y hasta se sacaba fotos”.
Finalmente expresa que “me da mucha pena que maltraten a los animales, de cualquier manera; y tengo una teoría sobre que el ser humano se cree superior y muchas veces pierde la noción de que es un ser más”.