“Un jinglero amigo fue coro de María Martha Serra Lima y me dijo ‘¿por qué no hacés una canción?’, y le mandé dos y la grabó. Ella le regaló a Cristian Castro un disco y él la grabó y lo mandó como primer corte, por lo cual la canción recorrió el mundo. Y después la SADAIC de Estados Unidos, que entrega premios, le dio a esa canción, ‘Te buscaría’, el premio como mejor balada del año en 1999. Yo estaba caminando un día y me llama Cristian Castro y me dice que vaya a recibirlo, que era muy importante, que él no podía porque estaba de gira, pero no conseguí pasaje y al premio me lo mandaron. Es el premio más importante de mi vida”. Así nace un hit, contado por su propio autor: el Vasco Iribarren.
Se llama Osvaldo pero no lo usa nunca como nombre. No dice la edad pero peina canas. Al Vasco Iribarren lo conocen todos los que se precien de saber de campañas políticas. Detrás del jinglero hay un compositor de canciones que interpretan los Cinco Latinos hasta las que formarán parte de su idílico primer disco con temas propios con títulos como “Los mediocres vienen cantando” y “La monogamia no nos sienta bien”.
Nació en Lincoln, se crió en Campana pero su trabajo tiene mucho que ver con San Juan. Sus hijos llevan un poco de él en la sangre: uno hace campañas, el otro hace jingles y bandas sonoras para películas. El Vasco se dedica a la música hace más de 30 años y los que lo conocen dicen que con una guitarra en la mano hace maravillas que emocionan y venden.
“A los 14 empecé con la guitarra por los boliches y en las peñas que es donde más aprendí. De entrada fui folklorista. Hice conjuntos vocales, mil experiencias y un día recalé en el jingle. Entré a trabajar en una productora con la cual ganamos 7 Martín Fierro por cine publicitario y ahí conocí un jinglero, que era Miguel Louvet, que fue mi maestro. Es el que hizo todos los jingles de Radio Colón. Un día había presentado 12 bocetos y no le aprobaban ninguno y me dijo ‘Vasco, a ver si a vos se te ocurre alguno’, y la emboqué y ahí empecé”, recuerda. Y así nació como jinglero, con un producto muy femenino que eran medias finas o “medibachas” como le llamaban entonces.
Corría principios de los ’70 y el joven Iribarren empezó a apuntar al Interior, convencido de que había mercado y así llegó un día a San Juan. Y compuso una cancioncita que haría famosos a los vinos Maravilla: “si el sol y el viento supieran, adónde va su ternura. Si tus manos conocieran cómo maduran las uvas…” A ese se sumaron muchos más, que aun suenan en las radios y son recordados por los sanjuaninos como “me quedo con Oeste…” o “para que mamá hoy no trabaje en la cocina, un teléfono tenés que recordar…” Hasta que un día se inició en la campaña política. Hoy cuenta más de 5 mil jingles como autor.
Primero le pedían jingles y hasta que componga marchas partidarias y después agregó imagen. “Uno anda con un poncho reversible, un mismo día grabé algo para la UCD y un jingle para el Frente del Pueblo”, analiza. En San Juan se inició haciendo un video para el ex gobernador Juan Carlos Rojas. Y después trabajó para Jorge Escobar. Pero con ninguno tuvo tanto trabajo como con José Luis Gioja, a quien le hace propaganda permanentemente desde 2003, haya o no elecciones.
“Soy bueno, a todos les fue bien”, dice sin empacho. ¿Cuál es el secreto? “Para no meter la pata, una de las principales virtudes en esto es saber qué es lo que no hay que hacer. Por ejemplo, hacer cosas que la gente no te cree, hacer cosas que huelen a trampa, sino que con todo tenga una esperanza”, dice.
Como especialista, analiza: “que la gente se enamore del jingle no quiere decir que vaya a comprar el producto. Recuerdo una campaña en la que tuve algo que ver de ginebra Llave que cantaban unas ardillitas y era de las más exitosas del país. Se vendieron las ardillas como loco, los muñequitos, los discos, pero la ginebra no, porque el jingle se comió el producto”. Entonces el jingle te tiene que dar un mensaje, te tiene que hacer cosquillas en la panza. Porque el jingle es para que la gente vote, no para que lo cante. Entonces, que sea pegadizo no quiere decir nada”.
“A mí me gustan todos mis jingles. Uno de mis favoritos es el último que hice para la campaña de Gioja, que habla del orgullo de ser sanjuanino”. Asegura que trabajar con Gioja es sencillo, que no cambió nada en 10 años en la manera de abordar el mensaje para los sanjuaninos en las tantísimas letras, músicas y videos que hizo para la gestión. “Es un tipo que escucha y se deja asesorar. El problema con los que meten mucho la cuchara es que terminás haciendo algo que le gusta al cliente que no es lo que tenés que hacer”, reflexiona.
Asegura que el proceso creativo nunca se sabe cómo empieza. “Muchas veces te despertás con el jingle hecho. Es un oficio, en 20 segundos tenés que emocionar, tenés que vender un producto, hacer que la gente tenga necesidad de comprar”, cuenta y agrega que muchas veces “el basurero está lleno de jingles excelentes que a los clientes no les gustan”.
Versátil, el creador de canciones hizo temas para cuarteteros, cumbieros y folkloristas por igual. Confiesa que conoce los secretos para ser un buen funcionario pero que nunca sería político. “No tengo pasta para eso”, dice. Como músico y miembro de SADAIC, cuenta con grandes amigos del ambiente como Juan Falú o el Paz Martínez.
Ahora, cuando no compone para otros, se dedica a su propio disco, al que define con “onda Serrat”. Y advierte que “no es un disco para hacerme famoso, es para que no se pierdan esas canciones. Se lo mandaré a la gente linda para que lo pase”.
Textual
“Componer canciones es de las pocas cosas que te hacen sentir como Dios, porque de la nada, de un pedazo de silencio, se hacen un montón de cosas”.