Más política y menos encuestocracia, más hombres convencidos de sus ideas, más diferencias, más debates, más acción, al fin de cuentas en democracia el nombre es lo de menos.
Hace algunos años, y también para una legislativa, recuerdo casi haber exigido que el nombre no representará mas connotaciones negativas para el frente (Radicalismo y Cruzada Renovadora) por sus historias recientes y casi como una condición inamovible para realizar esa campaña.
Políticos uno, técnicos cero.
De haber seguido el consejo externo, técnico y comunicacional, los políticos se hubieran equivocado, en cambio siguieron su percepción de lo que querían decir más allá de lo que el mercado electoral necesitaba y de sus propios antecedentes, y acertaron. Quienes respetamos y valoramos la actividad política, sabemos que existen situaciones que implican, a pesar de asesoramientos,... respetar las tripas. La autenticidad de una propuesta esta más allá de la buena muestra de una encuesta y hay decisiones a tomar casi en solitario, más allá de haber sido capaz de escuchar al mundo de distinta forma y por distintas voces.
SIMULACIONES
En este momento, hay dos palabras que encajan como receta de los técnicos pero también como chicana, y tanto oficialismo como oposición intentan desterrar de sus discursos políticos: uno es "Devaluación" y el otro "Alianza". Yo no lo sé, pero por allí devaluar implica un sinceramiento que de verdad empuje la competitividad nacional y no sea malo, pero ¿Cristina se lo puede permitir?, ¿no es mejor disimular en otras acciones o inventar otros nombres?
Por otro lado, las legislativas son un buen momento para marcar ciclos dónde la gente puede aceptar una evidente alianza sólo electoral, una alternativa opositora que regule en unicidad de criterios al oficialismo. ¿Alguien se anima a decirlo así? ¿Existe hoy alguna figura política convocante?, ¿Un sólo líder se lo puede permitir? ¿Hay que disimular en otros todavía?
La gravedad significante de las palabras (devaluación) es que a unos lo hiere de muerte en su bandera de eficiencia (oficialismo) y a otros, (alianza) los hiere de muerte y antes de nacer en su potencialidad evidente ya no de militar sino de de unificar el número y ser más (oposición).
El que dotó de significados al ícono "K" tenía siempre la iniciativa y era anti-marketing, equivocado o no definía su estrategia, tiempos y aliados, a pesar de las encuestas y del humor del mercado electoral, y hasta hoy demostró que nunca le fue mal con los números y que con un 25 % se puede ser presidente.
VOLVAMOS A LOS NÚMEROS
Según las encuestas, cuesta encontrar una marca, una personalidad en el país, que sintonice mayoritariamente ese 40% volátil del medio, en los extremos un tercio muy a favor del gobierno y otro tercio, muy en contra.
El tercio del gobierno tiene nombre, banderas, símbolos, historias, argumentos, discursos, enemigos y amigos coherentes a su accionar y discurso político, iconificados como "K". Sus oponentes en el otro extremo, se dividen con distintas expresiones, símbolos, y representatividad que pueden no querer la "A" icónica e histórica de la alianza, pero tampoco encuentran a un sólo hombre capaz de seducir y aglutinar la oposición, un líder, cualquiera, así marque la "Z".
ÍCONOS ALIMENTADOS EN SAN JUAN
En el final del spot el locutor decía algo así como "... por eso en el congreso le demos una mano...", y aparecía sobre fondo blanco una mano de mujer levantada, y el locutor se repreguntaba casi en tono de invitación,"...¿y si le damos dos?"..., justo ahí, las dos manos distintas y femeninas (que representaban a Nancy y Delia) estaban levantadas y paralelas como diciendo presente, se toman con decisión, forman una "V" invertida, una flecha ascendente, que un frame se congela y se le sobreimprimen en los brazos y desde abajo hacia arriba, unas cintas celeste y blanca por cada brazo que terminan definiendo una "A" patria, ya ícono en ese momento de "ALIANZA". Dos años después, esa misma representación de unión y de fuerzas nacida en San Juan, seria usada por las manos de Fernando De la Rúa y Fernández Meijide, esta vez, sin dobles.