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RICONCITOS SANJUANINOS

La zapatería más angosta del mundo

Funciona en la escalera de lo que fue la tradicional Escuela de Comercio Pentimalle. Nació en los ´90, cuando su dueño regresó de probar suerte en Canadá y no encontraba trabajo. Por Gustavo Martínez Puga.

Por Redacción Tiempo de San Juan

El salón de atención al público no llega al metro cuadrado de superficie, a centímetros de la transitada vereda oeste de la calle General Acha antes de Santa Fe. En los primeros escalones de la escalera está el mostrador de recepción y entrega de trabajos. El segundo descanso, el espacio más amplio de esa escalera, muestra en lo alto la máquina de pulir y lustrar. Y el primer descanso funciona como un pequeño depósito de los calzados relucientes, que ya pasaron por las manos reparadoras de Pepe, quien recurrió a la escalera de su departamento para transformarla en una de las últimas zapaterías del micro centro.
Se trata del Taller de Calzados Pepe, tal como todo el vecindario siempre llamó a José González Pentimalle (52), quien se crió en esa zona del micro centro y siempre vivió en ese departamento en el que supo funcionar la tradicional Escuela de Comercio Pentimalle.
Esa escuela había sido fundada por su abuelo, quien llegó al país en la década de 1920 junto a su esposa, fugado de la Primera Guerra Mundial. Tras ser contador en el Banco Italia, creó esa primera escuela para enseñar la actividad comercial. Tras su muerte, su hija, Adelaida Pentimalle –la madre de José-, siguió con la tradicional escuela.
En medio de las épocas doradas de la Escuela Pentimalle llegó el terremoto del ´44, que destruyó las instalaciones. Aprovechando los créditos del Banco Hipotecario para la Reconstrucción, Adelaida Pentimalle construyó salones en la planta baja y el departamento en el primer piso.
Adelaida nunca imaginó que en ese lugar su hijo José se iba a terminar ganando la vida y manteniendo vivo el oficio de zapatero. “Fue en el ´92. Yo ya era grande y no encontraba trabajo en ningún lugar. A esa edad ya es difícil empezar de nuevo. Yo me había ido en el ´90 a Canadá en busca de una mejor vida, pero tuve que pegar la vuelta”, recuerda Pepe.
José había aprendido el oficio a los 12 años, en otro taller de calzados muy tradicional del micro centro, como era la Zapatería Las Viñas. Luego había formado familia y vivido como empleado del comercio sanjuanino.
“Como no tenía trabajo y no tenía cómo ganarme la vida, recurrí al oficio que había aprendido de chico. Obviamente no tenía capital para ponerme un negocio, así es que opté para ponerme la zapatería en la escalera. Al principio fue difícil, por el trastorno de tener que subir y bajar cada vez que alguien me traía trabajo. Y porque es la entrada y salida a mi casa. Pero bueno, no había muchas opciones. Ahora ya nos acostumbramos”, cuenta  Pepe.
Mientras el zapatero relata su experiencia, en el espejo ubicado en el segundo descanso se aprecia la mesa de trabajo llena de calzados por reparar en el comedor del departamento, ese lugar donde cientos de sanjuaninos supieron ir a tomar clases cuando funcionaba la Escuela de Comercio Pentimalle.

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