El dueño de la relojería Tic Tac vende el negocio, después de 56 años de trabajo, para disfrutar en familia. Dice que no se lleva nada y deja una marca que no sentirá su ausencia. Por Viviana Pastor.
Corbata amarilla y traje. Siempre detrás del mostrador donde pululan relojes de todas las marcas. Siempre de corbata y traje.
Rogelio Fernández está vendiendo su negocio, uno de los más tradicionales de San Juan, la relojería Tic Tac, después 56 años como comerciante. ¿Las razones? No son económicas, aseguró, sino ganas de jubilarse y disfrutar con su familia los años que le quedan.
Será difícil pasar por el local de calle Rivadavia donde siempre estuvo Tic Tac y no ver a Don Rogelio, su sonrisa fácil y sus buenos modales. Pero él asegura que sin él, todo seguirá funcionando como siempre.
“El negocio se vende llave en mano, sin problemas, sin deudas, es un negocio muy ordenado. Yo me retiro y no me llevo nada, sólo lo afectivo. Si alguien quiere comprar y no entiende bien el rubro, no tengo problema en quedarme dos o tres meses para asesorar. Pero el encargado que tengo acá se queda, porque él maneja muy bien el negocio, si me voy queda todo igual porque él hace 30 años que esta acá”, aseguró Fernández.
El empresario contó que no pretende dinero en mano por el negocio y está abierto a escuchar ofertas de inmuebles a cambio, “puedo recibirlos porque no necesito plata lo que necesito es salud”.
Alicia Sirerol, esposa de Fernández, es su socia también en el negocio y la decisión de vender la tomaron juntos. “Llevamos 47 años de casados, nos conocemos bastante así que no nos costó tomar la decisión. Yo soy extremadamente ordenado y cuando tomo una decisión, está tomada. Esto lo venimos conversando desde hace dos años, pero ahora decidimos hacerlo”, contó.
Amante de todo lo sanjuanino y generoso, así se lo conoce a Fernández, siempre dispuesto a participar en programas de televisión y a colaborar con premios. ¿Va a extrañar un poco después de tantos años? “Sí, puede ser, pero también me tiene cansado la rutina, los horarios, tener que afeitarse todos los días, la corbata, yo uso corbata desde la escuela primaria y al local jamás vine sin ella porque la presentación es importante. Son cosas que me forman, soy muy tradicionalista, así es mi forma de ser”, confesó.
Si bien Rogelio tiene tres hijos, ninguno de ellos quiere seguir con el negocio familiar. Una hija es Contadora y vive en Córdoba, otro es Ingeniero en Sistemas y otra hija se dedicó a sus hijos.
Negocios de familia
Tica Tac fue fundada Por Rogelio Fernández padre. “Es una de las joyerías más antiguas de San Juan. Yo estaba en segundo año del Colegio Nacional, tenía 14 años cuando entré como cadete. Y no porque era el hijo del dueño no iba a trabajar de cadete, tenía que lavar el piso y hacía los mandados, la cobranza, eso en la tarde y en la mañana iba al colegio. Poco a poco mi padre me fue dando más autoridad y en 1957 le compré la parte de su socio y pasé a ser socio de mi padre cuando tenía 23 años”, recordó.
El local lo alquilaron siempre, “como se hacía antiguamente, como hacía mi padre, se estrechaban la mano y nada más; yo lo sigo haciendo con la tercera generación de la familia, sin papeles, mantenemos la tradición”, dijo.
En todos estos años vivió de todo en materia de cambios económicos a nivel nacional y provincial, épocas de vacas gordas y vacas flacas. También le tocó afrontar dos robos que lo pusieron en el récord policial por el monto de la mercadería robada. “Los que dirigieron el robo, el Caimán y su hijo, están muertos los dos, no pudieron disfrutar lo que robaron. Yo en cambio tengo salud, familia, amigos, que es lo más importante”, señaló Fernández.
Pero al momento de hacer un balance le suman más las satisfacciones: “No sé cuántos negocios hay con tantos premios, de 40 Mercurios de Oro entregados yo tengo 35. Una trayectoria muy buena, no intachable porque todos tenemos errores; pero ésta es la única casa que sigue arreglando relojes antiguos, a pilas de pared, tengo un surtido único de mallas. Mi actividad es la relojería, hoy venden relojes hasta en las farmacias pero acá sabemos de relojería”, aseguró. Y añadió que las mejores marcas siguen siendo las clásicas: Citizen, Casio y Seiko.
“Tengo 70 años y no es que esté cansado pero ya tengo 70, y el tema no es ver cuánto trabajé sino ver cuánto es lo que me queda de vida y eso quisiera disfrutarlo con mi esposa, poder salir, irnos a almorzar a Mendoza o a tomar mate a la Difunta Correa, o si nos queremos ir a las Termas de Río Hondo una semana, nos vamos y feliz de la vida de lo que nos queda”, argumentó.
¿Está seguro que no se va a llevar nada después de tantos años acá? “Nada, no me llevo ni una lapicera, quiero olvidarme de todo, ya tengo el trabajo designado en casa, regar las plantas, arreglar el jardín y salir a pasear”.