Por Daniel Tejada
Canal 13 San Juan
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Por Daniel Tejada
Canal 13 San Juan
Marie Anne Erize hablaba en francés con sus hermanos. Era su lengua materna y por lo tanto, cotidiana. Casi 36 años después de su desaparición forzada en San Juan, Yolanda y Esteban todavía la llaman con la “r” gutural típica del idioma europeo. Muchas otras cosas revivieron esta semana de aquella bellísima joven de 24 años que el terrorismo de Estado pretendió desvanecer con el cobarde secuestro del 15 de octubre de 1976.
Yolanda y Esteban Erize llegaron desde Buenos Aires a San Juan para brindar su testimonio en la mega-causa por delitos de lesa humanidad cometidos en la provincia en la última dictadura militar. Extenuados, accedieron a hablar con Tiempo de San Juan a solas. Sin grabador. Sin invadir la privacidad ni abundar en detalles personales de la familia, como condición.
Hecho el trato, aceptaron compartir esos pequeños rasgos que definieron a la mujer que trabajaba como modelo y militaba socialmente en la Villa del Bajo Belgrano junto a Montoneros y al cura Carlos Mujica.
Yolanda vistió durante toda la jornada el mismo poncho rayado que lució Marie Anne en los años ’70 para una producción fotográfica que luego publicaron las revistas del momento. Los ojos se le llenaron de lágrimas cuando señaló la prenda sobre sus hombros y alcanzó a explicar su origen.
Marie Anne “ganaba re-bien” como modelo, recordó Yolanda. Pero “ella tenía claro que era un laburo”, agregó. Hasta llegó a sentarse a la mesa de Mirtha Legrand durante sus años de celebridad allá entre 1971 y 1972. Fue “Miss Siete Días”, corona de belleza que entregaba la revista homónima.
Sin embargo, los dos hermanos Erize coincidieron en señalar que Marie Anne destinaba buena parte de lo que ganaba a hacer tareas solidarias en la villa de ranchitos precarios que quedaba a la vuelta de su casa paterna, cerca del predio donde años más tarde se levantó el Monumental que construyó la dictadura de Jorge Rafael Videla.
“Marie Anne no confundía el medio con el fin”, apuntó su hermano Esteban, siete años menor. Y el fin estaba impregnado en su ADN por haber crecido en una familia de fuerte raigambre cristiana y militante de la corriente tercermundista que cobró vigor a partir de los años ’60 en Latinoamérica. “Mamá recibía a los mendigos y les daba de comer en casa. Yo tenía 12 años”, relató Yolanda, dos años mayor que Marie Anne.
René Albert Erize y Françoise Tisseau tuvieron seis hijos, entre ellos Marie Anne. Los tres primeros nacieron en Francia, los restantes nacieron en Misiones, donde el jefe de la familia llegó a ser intendente de un pequeño pueblito llamado Wanda. Allí crecieron hasta que llegó el momento de buscar un mejor nivel educativo. Esa fue la razón por la que migraron a Buenos Aires, donde los inscribieron en el Liceo Franco Argentino a partir de 1962.
Modelo por bella, militante social por formación familiar, la “francesita”, como la apodaron más tarde sus compañeros aquí en San Juan, supo de las luces del estrellato y llegó a participar como extra en una película protagonizada por Sandro; pero también aprendió el trabajo rural, cuando cosechó aceitunas en los olivares pocitanos.
El peronismo, que basó buena parte de su ideario en la Doctrina Social de la Iglesia, atrapó a los hermanos Erize. “La militancia era la vida. En la Villa del Bajo Belgrano cada manzana tenía su militante. Llegamos a ser 40 ‘los de afuera’, como nos decía la gente del lugar. Entre ellos estaba Marie Anne”, explicó Esteban. Muchos de esos militantes de Montoneros luego fueron desaparecidos por la dictadura.
Marie Anne también estuvo en Ezeiza para recibir al general Juan Domingo Perón en 1972, según recordaron los hermanos. Sus ideas nunca fueron secretas o estuvieron ocultas. Los Erize militaron sin miedos, hasta que ocurrió el golpe del 24 de marzo de 1976.
Entonces todo cambió. Marie Anne viajó a Mendoza junto a Daniel Rabanal, quien era su pareja en aquel momento. De él no hablaron los hermanos Erize. Sólo dijeron que no había motivos para temer porque la joven modelo “no había hecho nada malo”. Pero sí convalidaron en general la investigación que publicó el periodista francés Philippe Broussard (“La desaparecida de San Juan”, editado en castellano en 2011). En ese texto, el escritor relató el episodio tenso familiar cuando el papá de Marie Anne le pidió a Rabanal que se fuera de su casa y que dejara de ver a su hija. Eso no ocurrió. Ninguno de los dos obedeció a los deseos de René Albert Erize.
Escribió también Broussard que en mayo de 1976 la mamá de Marie Anne, Françoise, estuvo en San Juan y pudo ver a su hija en Concepción. Le ofreció ayuda para sacarla del país. Pero la “francesita” decidió quedarse para “ser pobre entre los pobres”. Con la garantía de saberse inocente.
Los hermanos sostuvieron que no había razones para temer por Marie Anne. Que todos sabían que había viajado a Mendoza y luego a San Juan. Que aquí estaba trabajando.
Tampoco supieron de su secuestro el 15 de octubre de 1976, frente a la bicicletería Palacio, en Trinidad. Hasta que el 21 de octubre un grupo de tareas, vestido de civil, irrumpió en el domicilio de los Erize en Buenos Aires.
Pesadilla
Eran las 11 de la noche del 21 de octubre de 1976 cuando Esteban, que miraba un partido de fútbol por televisión, sintió las patadas en la puerta de entrada de su casa paterna. René y Françoise ya estaban en su dormitorio, en la planta alta.
El joven Erize tenía sólo 17 años. Fue a abrir la puerta y empezó la pesadilla. “Me encañonaron en la frente. Estaban de civil. Habían llegado en Falcon verdes y tenían armas largas”, relató.
Los sujetos anónimos, sin uniforme, subieron las escaleras e invadieron el cuarto del matrimonio. “Muéstreme su credencial”, pidió Françoise, según relató Esteban. “Con esto es suficiente”, respondió uno de los matones señalando el arma de fuego.
“Querían tener toda la documentación de Marie Anne: agenda, videos, historia clínica, partida de nacimiento. Querían borrarla. Desaparecerla”, apuntó el hermano de la modelo.
Ahí fue cuando le dijeron a Francoise que algo había pasado con su hija, pero sin terminarle de aclarar lo que había ocurrido, ni siquiera si continuaba con vida: “No la busquen más, que la vamos a poner 2 metros bajo tierra”.
“Se llevaron hasta algunas cosas de plata que había en la casa”, agregó Yolanda. Por ejemplo unos servilleteros. También querían llevarse unos cubiertos, pero Françoise les dijo enérgica: “¡Eso no, porque es un recuerdo de familia!”. Y desistieron.
En ese momento llegó Bernardo, otro de los hermanos Erize, mayor que Esteban. Y encontró ese cuadro de asalto.
Imposible saber quiénes eran. A qué fuerza pertenecían. “Encontraron un documento de mi hermano Marcos, que había hecho el servicio militar en la Policía. Entonces dijeron: ‘Ah, mirá, este es uno de los nuestros’. Pero no sabemos a qué se referían, si eran de la Federal o no”, explicó Esteban.
Los vecinos no escucharon nada. No intervinieron hasta el día después, ya de día y con las cosas en calma, cuando fueron a preguntar qué había pasado.
“Después de eso vino el miedo”, coincidieron Yolanda y Esteban. “Nos dijeron que a partir de ese momento nos intervenían el teléfono”. Y una advertencia más hacia René y Françoise de parte de los sujetos: “Cuiden a sus otros hijos”.
Hasta ese momento, en plena pesadilla, era imposible adivinar lo que había ocurrido con Marie Anne en San Juan seis días antes. Los Erize recién entonces pudieron sospechar que algo malo había ocurrido. Pero sin tener la certeza aún.
“Al día siguiente mi mamá recibió una carta anónima sobre la desaparición de mi hermana”, agregó Yolanda.
“El allanamiento fue el corte”. Así definieron ambos hermanos el viraje rotundo que tuvo la vida para todos ellos. El dolor. Y la causa por conocer qué le ocurrió a Marie Anne. Quiénes fueron los responsables. Y dónde están sus restos, para poder llevarle una flor. Y un deseo repetido muchas veces por Yolanda: “A mí me gustaría que se arrepientan. Que me miren a los ojos y se arrepientan”.
Olivera, ausente
El testimonio de los hermanos Yolanda y Esteban Erize el martes pasado fue en ausencia del principal acusado por la desaparición de Marie Anne: Jorge Olivera. El militar retirado, imputado por la justicia argentina como presunto responsable de las vejaciones que sufrió la modelo secuestrada en San Juan el 15 de octubre de 1976 alegó razones de salud para no asistir a la sala.
Olivera junto a Luciano Benjamín Menéndez y Eduardo Vic fueron procesados por la justicia por la desaparición de Marie Anne.
El primero de ellos cayó detenido en noviembre de 2008, luego de permanecer 8 años prófugo de la justicia. Fue apresado por la unidad especial del Ministerio de Justicia de la Nación y su captura fue anunciada por el entonces secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde.
El militar retirado fue sorprendido mientras caminaba por la vía pública en la localidad bonaerense de Vicente López. En el año 2000 había sido detenido en Italia, por la desaparición de Erize, pero logró la libertad mediante la presentación de un documento falso.
Olivera era teniente del Regimiento de Infantería de Montaña 22 en San Juan cuando la modelo franco-argentina fue secuestrada. El juez federal Leopoldo Rago Gallo ordenó su captura en diciembre de 2007 por las torturas que sufrió la actual jueza de Ejecución Penal, Margarita Camus, nieta del ex gobernador Eloy Camus y amiga de Marie Anne.
El secuestro
Según el expediente que instruyó el juez federal Leopoldo Rago Gallo, el secuestro de Marie Anne Erize el 15 de octubre de 1976 ocurrió en horas del mediodía, prácticamente en la puerta de la bicicletería Palacio, en Abraham Tapia y General Acha, en Trinidad.
Allí la modelo franco-argentina fue a retirar una bicicleta que había dejado en reparación y fue sorprendida por un sujeto, primero, y después otros tres. Todos vestidos de civil y a bordo de un Ford Falcon.
La muchacha, de tan sólo 24 años de edad forcejeó como pudo. Llamó la atención del vecindario, pero los secuestradores lograron su cometido. Nunca más se supo de ella.
Según Eloy Camus (nieto), un conscripto del RIM 22, Jorge Bonil, luego desaparecido por el terrorismo de Estado, dijo que había presenciado una discusión entre Olivera y otro teniente de apellido Cardozo, por violar sexualmente a Marie Anne.
El relato se condice con el testimonio de un camionero de apellido De la Fuente, que estuvo al servicio del Ejército. Dijo que un soldado Arredondo le aseguró que habían abusado de la modelo en la Marquesita, el camping militar que aún se conserva en el extremo Oeste de Rivadavia. En aquellos años funcionó como centro clandestino de detención.
