Ariel Sampaolesi, el hacedor

La mutación del teatro sanjuanino

A fuerza de personalidad, el ahora representante regional del INT marcó un antes y un después en la actividad teatral local. Hay más festivales y talleres, pero falta. Aunque sabe que su ámbito es la cultura, no falta una crítica al Estado por la ausencia institucional en la actividad. Por Ernestina Muñoz. Canal 13
domingo, 13 de mayo de 2012 · 09:03

Ariel Sampaolesi no se acuerda de las últimas vacaciones que tuvo. Salió de su oficina como expulsado. Pidió ir al aire libre para hacer la entrevista mientras ponía en espera a otro artista sanjuanino que lo buscaba. Así es su rutina: trabajar, mucho, caóticamente, en horarios dislocados del tan común “horario de comercio”.

Si el teatro en San Juan cambió, “fue más por hinchapelotez, es una idea de gestión, que es lo que intenté desde que llegué al Instituto Nacional del Teatro (INT). Hay un acompañamiento general de los demás grupos. Con un montón de dificultades también, porque no todos pensamos igual ni tenemos las mismas ideas”, admitió.  Actualmente hay más salas teatrales, además del tradicional Teatro Sarmiento, y más compañías de actores. Es notoria la multiplicación de festivales y con la recuperación del interés, incluso se remozaron espacios tradicionales como el cine-teatro de Albardón y el Municipal. Y no es magia, porque aparentemente las internas en el sector siguen, pero ahora se manejan casi políticamente.

“Es un trabajo bastante complejo de establecer lazos escuchando lo que la gente quiere o necesita. No todo se puede. Parece un gran presupuesto por todo lo que hacemos, pero es que lo hacemos rendir muchísimo. Lo que tiene más visibilidad no se podría hacer sin ayuda del Estado Provincial. El (festival) 30 mil, el Regional, la Teatrina no se podría hacer sin el dinero de la Secretaría de Cultura de la Nación. Si no cogestionamos con el Estado Provincial no podríamos hacerlo”, reconoció. 

Pero además, hay cosas que quedan “entre bambalinas”, como las tareas de soporte a las salas y a los actores. “El INT tiene una amplia gama de programas para apoyar la actividad y esto hace a la autogestión del grupo. Ellos piden su proyecto y luego se evalúa. Va por otro lado. Yo hago otra cosa que es más política. Me dedico a lo institucional, la relación con los grupos y el diseño de una política. Me tiro mucho al tema de festivales y formación”, contó Sampaolesi. “Coincidimos en que las grandes necesidades en San Juan son las capacitaciones.

Lo otro es la necesidad de creación de nuevos públicos. Para eso hacemos festivales, con una entrada muy barata que es gracias a que en parte está subsidiada, o porque los grupos reciben otro tipo de beneficio como la amplia difusión de la obra”, dijo.

El público sanjuanino y la suma de espectadores es la tarea más interesante. Si bien en el último tiempo acudió en mayor cantidad, aún no es masivo. “Es muy ambiguo. El año pasado la división de Estadística del INT hizo una encuesta en el Festival Provincial de Teatro donde se movieron cerca de 20.000 espectadores. Hay muchos datos reveladores. La gente en San Juan dice que pagaría hasta $50 por una obra de teatro, pero también dicen que les parece caro una entrada de $15”, contó con un marcado gesto de perplejidad.
Profesionalizar

“Me parece que el surgimiento de las escuelas de comedia musical es moda, pero además son empresas que cubren una demanda que dejó descubierta el Estado. Ni gobierno ni la universidad se encargaron de profesionalizar actores. Acá hay recién un intento con la Dirección de Formación para los Oficios del Arte, con la dirección de Silvana Moreno. Es capacitación específica como dicen ellos, pero a mí me gusta más decir profesionalizar”, opinó.
“Los actores tenemos una profesión bastante ingrata. Somos desocupados si no generamos el propio proyecto para generar recursos. Si hay desocupación en la construcción el Estado inventa un edificio para emplear a albañiles y arquitectos. Pero a los actores importan tres carajos. ‘Que vayan a manejar un remis o a trabajar de abogado u otra cosa’, dicen. Hay una creencia arraigada de que esto no es un trabajo sino un hobby. A mi me pasa cuando me preguntan y respondo que soy actor y director. Responden, ‘ahá ¿y qué más?’. En eso tiene responsabilidad el Estado”, dijo el representante del INT.

“En San Juan y el país tenemos generaciones y generaciones de actores frustrados. Escucho gente que dice que le gustaba el teatro pero que hace análisis clínicos para vivir. Por décadas el Estado no se hizo cargo de esa mano de obra desocupada que pasa en muchas ramas del arte”, enfatizó.  Según Sampaolesi, la mayor dificultad en materia de cultura es la falta de continuidad en políticas culturales macro. Pero van tres periodos consecutivos de la gestión giojista, ¿qué se hizo en cultura? “Me parece que la Fiesta Nacional del Sol es un evento que ha provocado una reacción muy interesante en el espacio artístico. Se ha empezado a pensar en la actividad como profesión. Pero creo que hay una gran deuda con la formación, una gran deuda con los departamentos”.

Empezó a mirar al piso mientras elegía cuidadosamente las palabras. Lo advirtió y explicó: “estoy tratando de pensar en rasgos generales, pero desde lo que a mí me toca hay un apoyo importantísimo. Pero no pasa lo mismo en los departamentos, por ejemplo. Es muy complicado”, aclaró.

La política Sampaolesi
De todos modos, en el ideario sampaolesiano la idea de vivir del Estado no es predominante. Por el contrario, apuntó siempre a la autogestión. El símbolo de esa concepción es la sala teatral El Avispero, que hace más de 10 años funciona en Trinidad. Era el viejo galpón de armado de carrocerías de la que se encargaba su abuelo y se refuncionalizó. “El Avispero empezó en el año ‘98 como “Casa Tomada”, en plena era menemista, entrada del capitalismo, el desgobierno total, la irresponsabilidad, la privatización, incluso la creación de agencias tanto en turismo como en cultura. Y en San Juan ni eso. Acá hubo una seguidilla de funcionarios que no entendía cuál era su función”, dijo sin pelos en la lengua.

“Nos juntamos un grupo de actores, bailarines y artistas plásticos que teníamos la inquietud de tener un espacio para no caer en la frustración de nunca desarrollar nuestra disciplina. Empezó en un galpón de Rivadavia y desde el 2001 en Trinidad. ¡2001! Año fatídico”, recordó. “Pedimos un subsidio para mantenimiento, alquiler y costos operativos. Hubo años en que no lo necesitamos. Hace un tiempo que me he abierto bastante del manejo, aunque sé en qué andan” comentó, consciente de que no puede estar en todos lados trabajando al mismo ritmo.

Actualmente el avispero no recibe ningún tipo de subsidio. “Se puede hacer eso …. porque ……. eeeehhh, no me quiero meter mucho, (NdR: nuevamente elige cuidadosamente las palabras, pero le sale como una catarata) pero porque no pagamos alquiler se puede. Igual se puede porque la Cooperativa Teatro de Arte estuvo años en la Caseros pagando el alquiler de su bolsillo”. De todos modos, Sampaolesi advirtió que además del esfuerzo de ser independientes “hubo un proceso muy nocivo” en las salas teatrales autogestionadas.

Algo así como un efecto Cromagnon, después de la muerte masiva de jóvenes al incendiarse el boliche porteño “se comenzó a hostigar mucho a los lugares donde había un entretenimiento alternativo”, dijo Sampaolesi. “No se puede homologar como un boliche porque no es la misma reacción la de uno de 50 espectadores que después de 45 minutos de ver una obra se va a su casa, a la de alguien que sale a bailar y a tomar junto a otras 300 personas”, argumentó. “Creo que las leyes se deben adecuar y cambiar”, apuntó. 

Esa mirada reflexiva surgió también recientemente tras el Festival de la Memoria. “Fue muy bueno que por la unificación temática del festival pudimos reunirnos los hacedores. Discutimos sobre cómo hacemos teatro, los discursos y las formas de contar, estilos. Las mismas formas se empiezan a agotar. Hubo jornadas de trabajo muy interesantes referidas a ese tema: el núcleo teatral hacia adentro. Creo que hay que seguir haciendo el festival porque tiene muchas posibilidades para San Juan. Anda bien y tiene que evolucionar”, aseguró. 

El teatro del Bicentenario
“Puede ser un proyecto interesante si no se queda sólo en el edificio, si se lo piensa conceptualmente, dentro de lo que sería una política. Si levanto 4 paredes o si hago una mansión que ocupa toda una cuadra es lo mismo. Lo importante es que haya una idea de producción, programación. Creo que se está pensando en eso. Creo que el Gobierno está pensando en esto de pensar un teatro que funcione como una escuela de formación. Como quien va a cursar maquillaje en el Colón.  Lo que tiene que ver con cultura es que a veces no hay continuidad”.

El Festival de la Memoria
“En general el público de ese festival es bastante específico, sabe lo que va a ver. Conozco mucho público de teatro y amigos que dicen que no van porque no quieren sufrir. O porque no les interesa el contenido de ese tipo de teatro. No es un público ingenuo. Sabe de la provocación y de la bajada de línea. A mí me parece que está buenísimo que el Estado lo ofrezca y que el público lo elija”.

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