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El lugar donde nació la luz resiste erguido

Se trata de la Usina Ugarte, en el estero de Zonda, donde por primera vez se generó energía eléctrica en la provincia. Fue para el centenario de la Revolución de Mayo. Por Gustavo Martínez Puga.

Por Redacción Tiempo de San Juan
Un fuerte viento, un desperfecto técnico, una demanda inusitada… cualquier motivo que hoy en día provoque un corte de luz prolongado genera un malestar público generalizado y es una noticia indiscutida. Es que hoy en día no se concibe la vida sin luz, heladera, televisión, internet o aire acondicionado. Pero hace 102 años no había energía eléctrica. Y este sistema que mejoró la calidad de vida en una forma impensada tiene su lugar de origen aún de pie. Al alcance de todos. Pero pocos saben que esas ruinas que resisten solitariamente el paso de los años son una bisagra en la vida cultural, económica y social de los sanjuaninos.
La vieja usina es como popularmente se conoce a la Usina de Ugarte, ubicada en el estero de Zonda. Una parte de esas ruinas está intacta, erguida sobre las grandes piedras en la que fue construida. Otra parte está sepultada por los sedimentos del arrastre del agua y la falta de previsión para haber conservado un patrimonio tan valioso para la vida cultural sanjuanina.
Al este del camping de Zonda, en la falda del cerro que alberga la fábrica de cemento, un callejón sin ningún tipo de señal invita al santuario de la Virgen de Lourdes. Por esa misma entrada, a 150 metros de la avenida Ignacio de la Roza, se puede disfrutar de esas ruinas y elementos utilizados para su construcción.
Por ejemplo, allí está la construcción de la que salían los cables con los 1.000 caballos de potencia que se necesitaban para iluminar la Ciudad de San Juan el 25 de Mayo de 1910, el día que se hizo la luz en la provincia en el marco del centenario de la Revolución de Mayo.
En esas ruinas se puede apreciar aún la construcción de piedra levantada sobre las rocas gigantes enquistadas en el cerro. Es que en ese lugar el salto del agua de 7,5 metros permitía hacer funcionar las turbinas que generaban la electricidad.
Esa sala de máquinas estaba varios metros más debajo de la construcción que hoy en día está de pie, la cual fue sepultada por los sedimentos. Parte de esas ruinas también están de pie, junto a los cañaverales y árboles que crecieron por entre los muros de piedra, ladrillo y cemento.
Entre esas paredes aún sobreviven clavos, tornillos y los hierros que sostenían las tasas de cerámica a las que se sujetaban los cables que transportaban electricidad.
Esa edificación fue levantada por un vasco, Luis Ugarte, que llegó al país buscando una mejor calidad de vida. Tras probar suerte en varias provincias, se arraigó en San Juan tras ser contratado para la construcción de un molino en Zonda. El 2 de junio de 1906 formó una compañía junto al senador Luis Bates y José Segovia, a la cual llamaron “Luz y Fuerza”.
El contrato original, firmado ante escribano, dice que cada uno de los socios se iba a ocupar de diferentes tareas. Ugarte era el responsable de hacer funcionar las turbinas y generar la electricidad. Allí fue cuando el gobierno provincial hizo un contrato con esa empresa y le pidió que iluminara la Ciudad, principalmente la plaza 25 de Mayo, para la semana de festejos en el centenario de la Revolución de Mayo.
Pero eso no ocurrió. Las crónicas de la época cuentan que se armó una verdadera batahola cuando estallaron las bombitas de luz que los empresarios habían traído de Europa (de Francia Inglaterra trajeron los focos, el hierro y el cemento para la construcción, ya que hasta ese momento no se usaban).
Según la historiadora María Verónica Coria (ver recuadro), el ministro de Obras de esa época había ordenado enviar más cantidad de agua para que la usina generara más intensidad. Y eso provocó una sobretensión que terminó opacando la Ciudad y los festejos.
Tres años después, la empresa de Tomás Bates, José Segovia y Luis Ugarte se disuadió. Y el gobierno entregó la empresa a la Compañía Andina de Electricidad. Cuentan que Ugarte nunca cedió a firmar la disolución de la firma, tal como hicieron Bates y Segovia.
Hoy la Usina de Ugarte resiste con una vista privilegiada hacia la Quebrada de Zonda, el Jardín de los Poetas y, desde una de sus ventanas, hasta se ve una parte de la pista del autódromo El Zonda.

“Hechicería”
Después de inaugurada la usina, llegaron a producirse puebladas pidiendo el cierre de la misma porque se producían “hechicerías”. La resistencia de la gente a la llegada de la energía eléctrica fue difícil de digerir y costó que se comprendiera que la generación eléctrica provocaba la atracción de rayos en las tormentas eléctricas.

Construcción
La utilización de cemento y hierro en grandes cantidades en la construcción de la usina también marcó un hito en la provincia: los historiadores dicen que fue el puntapié de la revolución industrial en la provincia. Muchos de los materiales fueron importados de Europa porque no existían en el país.

Los investigadores
El trabajo de investigación sobre la historia de la Usina Ugarte fue realizado por la historiadora sanjuanina María Verónica Coria, quien escribió un libro con la historia de Rivadavia, junto a Guillermo Genini y Alicia Ugarte, descendiente de Luis Ugarte y docente de la Universidad de Tucumán.
Esta investigación histórica fue expuesta esta semana en el VI Congreso de Investigadores de Ciencias Sociales de la Región Centro Oeste, que se realizó en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNSJ. Antes, la investigación fue expuesta en el Congreso de Patrimonio organizado por el Consejo de Arquitectura.

[email protected]
Un fuerte viento, un desperfecto técnico, una demanda inusitada… cualquier motivo que hoy en día provoque un corte de luz prolongado genera un malestar público generalizado y es una noticia indiscutida. Es que hoy en día no se concibe la vida sin luz, heladera, televisión, internet o aire acondicionado. Pero hace 102 años no había energía eléctrica. Y este sistema que mejoró la calidad de vida en una forma impensada tiene su lugar de origen aún de pie. Al alcance de todos. Pero pocos saben que esas ruinas que resisten solitariamente el paso de los años son una bisagra en la vida cultural, económica y social de los sanjuaninos.
La vieja usina es como popularmente se conoce a la Usina de Ugarte, ubicada en el estero de Zonda. Una parte de esas ruinas está intacta, erguida sobre las grandes piedras en la que fue construida. Otra parte está sepultada por los sedimentos del arrastre del agua y la falta de previsión para haber conservado un patrimonio tan valioso para la vida cultural sanjuanina.
Al este del camping de Zonda, en la falda del cerro que alberga la fábrica de cemento, un callejón sin ningún tipo de señal invita al santuario de la Virgen de Lourdes. Por esa misma entrada, a 150 metros de la avenida Ignacio de la Roza, se puede disfrutar de esas ruinas y elementos utilizados para su construcción.
Por ejemplo, allí está la construcción de la que salían los cables con los 1.000 caballos de potencia que se necesitaban para iluminar la Ciudad de San Juan el 25 de Mayo de 1910, el día que se hizo la luz en la provincia en el marco del centenario de la Revolución de Mayo.
En esas ruinas se puede apreciar aún la construcción de piedra levantada sobre las rocas gigantes enquistadas en el cerro. Es que en ese lugar el salto del agua de 7,5 metros permitía hacer funcionar las turbinas que generaban la electricidad.
Esa sala de máquinas estaba varios metros más debajo de la construcción que hoy en día está de pie, la cual fue sepultada por los sedimentos. Parte de esas ruinas también están de pie, junto a los cañaverales y árboles que crecieron por entre los muros de piedra, ladrillo y cemento.
Entre esas paredes aún sobreviven clavos, tornillos y los hierros que sostenían las tasas de cerámica a las que se sujetaban los cables que transportaban electricidad.
Esa edificación fue levantada por un vasco, Luis Ugarte, que llegó al país buscando una mejor calidad de vida. Tras probar suerte en varias provincias, se arraigó en San Juan tras ser contratado para la construcción de un molino en Zonda. El 2 de junio de 1906 formó una compañía junto al senador Luis Bates y José Segovia, a la cual llamaron “Luz y Fuerza”.
El contrato original, firmado ante escribano, dice que cada uno de los socios se iba a ocupar de diferentes tareas. Ugarte era el responsable de hacer funcionar las turbinas y generar la electricidad. Allí fue cuando el gobierno provincial hizo un contrato con esa empresa y le pidió que iluminara la Ciudad, principalmente la plaza 25 de Mayo, para la semana de festejos en el centenario de la Revolución de Mayo.
Pero eso no ocurrió. Las crónicas de la época cuentan que se armó una verdadera batahola cuando estallaron las bombitas de luz que los empresarios habían traído de Europa (de Francia Inglaterra trajeron los focos, el hierro y el cemento para la construcción, ya que hasta ese momento no se usaban).
Según la historiadora María Verónica Coria (ver recuadro), el ministro de Obras de esa época había ordenado enviar más cantidad de agua para que la usina generara más intensidad. Y eso provocó una sobretensión que terminó opacando la Ciudad y los festejos.
Tres años después, la empresa de Tomás Bates, José Segovia y Luis Ugarte se disuadió. Y el gobierno entregó la empresa a la Compañía Andina de Electricidad. Cuentan que Ugarte nunca cedió a firmar la disolución de la firma, tal como hicieron Bates y Segovia.
Hoy la Usina de Ugarte resiste con una vista privilegiada hacia la Quebrada de Zonda, el Jardín de los Poetas y, desde una de sus ventanas, hasta se ve una parte de la pista del autódromo El Zonda.

“Hechicería”
Después de inaugurada la usina, llegaron a producirse puebladas pidiendo el cierre de la misma porque se producían “hechicerías”. La resistencia de la gente a la llegada de la energía eléctrica fue difícil de digerir y costó que se comprendiera que la generación eléctrica provocaba la atracción de rayos en las tormentas eléctricas.

Construcción
La utilización de cemento y hierro en grandes cantidades en la construcción de la usina también marcó un hito en la provincia: los historiadores dicen que fue el puntapié de la revolución industrial en la provincia. Muchos de los materiales fueron importados de Europa porque no existían en el país.

Los investigadores
El trabajo de investigación sobre la historia de la Usina Ugarte fue realizado por la historiadora sanjuanina María Verónica Coria, quien escribió un libro con la historia de Rivadavia, junto a Guillermo Genini y Alicia Ugarte, descendiente de Luis Ugarte y docente de la Universidad de Tucumán.
Esta investigación histórica fue expuesta esta semana en el VI Congreso de Investigadores de Ciencias Sociales de la Región Centro Oeste, que se realizó en la Facultad de Ciencias Sociales de la UNSJ. Antes, la investigación fue expuesta en el Congreso de Patrimonio organizado por el Consejo de Arquitectura.

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