A corazón abierto

Margarita Camus: “Que me hayan manoseado es humillante hasta hoy”

A un año del juicio por Delitos de Lesa Humanidad en San Juan, la Jueza analiza los avances. Es el único caso en el proceso judicial en el que una víctima y testigo es también abogada y querellante. Dijo que el momento más esperado es el de su alegato, que será en el 2013. Por Viviana Pastor
martes, 18 de diciembre de 2012 · 08:05


vivipastor@tiempodesanjuan.com

 “Que me hayan puesto una mano encima estos tipos es humillante hasta hoy, que me hayan interrogado desnuda, me hayan manoseado y se me hayan tirado encima, al día de hoy sigue siendo humillante”, confesó Margarita Camus, Juez de Ejecución Penal, víctima del terrorismo de Estado y querellante en su propia causa en el Juicio por Delitos de Lesa Humanidad en San Juan.
En su pequeño despacho en Tribunales, casi limpio de elementos personales como fotos de la familia, con la única decoración de un cuadro a su espalda, Los Girasoles de Vincent van Gogh, y rodeada de expedientes, Camus recibió a Tiempo de San Juan. A poco más de un año de iniciado este proceso, la Jueza reveló, por primea vez, sus sentimientos más íntimos, sus emociones y sus broncas, todo transitado en este último año. Son juzgados 7 represores; se los acusa por crímenes cometidos en perjuicio de 60 víctimas durante el último gobierno militar, en San Juan.
Margarita era montonera, tenía 20 años y se presentó voluntariamente en el RIM 22 un 25 de mayo de 1976 y a pesar de que su padre era amigo de la infancia del subjefe del RIM, de apellido Díaz Quiroga, quedó detenida. Estuvo en el penal de Chimbas donde sufrió torturas y vejámenes en los interrogatorios y en el ’77 fue trasladada al penal de Devoto, en Buenos Aires, de donde fue liberada en 1981, para entonces su padre ya había fallecido. Su abuelo fue gobernador de San Juan, Eloy Camus, máximo referente de Juan Domingo Perón en la provincia.
“Este año ha sido muy duro porque me han pasado un montón de cosas. Los imputados desde el inicio tuvieron actitudes de mucha violencia hacia mí, permanentemente. Me han denunciado, después le cortaron la manguera del líquido de frenos al auto de mi hija. Y pese a todo, exponiendo hasta a mis hijas, que saben que va a ser así y hasta el día de la sentencia voy a seguir participando en el juicio, no me voy a bajar porque es el modo en el que voy a poder cerrar esta historia. Porque después de tantos años también quiero cerrar esta historia. Es una mochila demasiado pesada y ha tardado muchos años”, dijo.
Contó que los testimonios de las mujeres en el juicio le han provocado mucho dolor. “He llorado muchas veces en las audiencias y no soy llorona. En otras he sentido muchísima indignación.  Pero lo importante es darse cuenta que cuando cada uno ha podido girar la cabeza y mirarlos (a los represores), ese sentimiento de… uno sentía ahí que recuperaba la libertad. Todos los que han declarado han girado y los han mirado y cuando salían decían: ‘yo creía que no los iba a poder mirar y los pude mirar’. Yo también al principio pensé que no iba a poder, yo los tengo sentados enfrente, y fue duro el primer día estar mirando estos tipos. Sobre todo porque son tan burlones, prepotentes, siguen siéndolo. El día que declaró mi hermana, Olivera se reía, lo hubiera cagado a trompadas porque esa es la reacción que te provoca, y son las provocaciones que hacen permanentemente y eso no es estrategia de defensa”.
También mencionó la impotencia que sienten los testigos cuando hay dudas sobre sus declaraciones o se piden detalles que para ellos son imposibles. “Por ahí nos preguntan: ‘¿y usted cómo lo sabe a eso?’, y son fracciones de segundos que ves algo, tratás de recordar, de no olvidarte, de no olvidar las caras, algunos somos más fisonomistas que otros. En la instrucción les dije: ‘mire doctor quiero que entienda una cosa: en la tortura no se presentan con nombre y apellido los torturadores, no nos entregan una tarjeta’. Pensá la violencia que eso te provoca, estás atado, encapuchado, sí, me acuerdo que me tiraron en una banqueta, me levantaron, vi tal cosa, después lo vi en tal lugar, pero ¿me piden una filmación en Youtube para creerme? Eso te provoca mucha violencia porque somos locos ¿pero estar sosteniendo una misma mentira 35 años?”, cuestionó Margarita.
También le causaron mucha indignación los comentarios sobre la responsabilidad del movimiento Montoneros y sus propios actos delictivos. “Esa gente se equivoca en el eje del comentario, acá no se está juzgando la ideología que tenemos, se juzga que fuimos víctimas de delitos gravísimos. No se juzga si como Montoneros cometimos errores políticos-militares, no se juzga eso, se juzga que fuimos víctimas de torturas y detenciones ilegales. Esto de que cuándo nos van a juzgar a nosotros, es no entender que son delitos de lesa humanidad. ¿Cuándo se nos va juzgar? Como si hubieran sido gratis estos años para nosotros, los que estuvimos adentro y los  que estuvimos afuera”, reclamó Margarita.
Para ella ha sido duro el proceso y lo repitió varias veces, como queriendo grabarlo en metal,  pero aseguró que no lo podría haber hecho de otra manera, y que vivirlo así le permitió sacar muchas conclusiones y cerrar un montón de cosas. 
“La posibilidad de poder alegar como querellante va a ser muy especial, porque soy víctima, soy abogada y soy querellante. No es lo mismo que alegue un abogado desde otro lugar. Creo que por algo decidí estudiar Abogacía y no seguí con Sociología, para este momento”, dijo Camus.
Dejando la colilla de un cigarro y agarrando otro, sin prenderlo, agregó: “Ese día, el de la sentencia, es el día de cierre. Saber que hay lugares que han sido de terror, pero ver la templanza de las víctimas, volver a esos lugares y la fortaleza con la que se la bancaron, es admirable y eso te hace bien. Que no haya lugares donde uno no pueda entrar, los cucos no existen, hay que enfrentarlos y a los fantasmas y temores. Cuando estuvimos en el lugar de mi tortura sentí que volvía treintaipico de años atrás, fue muy duro. Pero que no haya personas ni lugares que te den miedo es importante para cualquiera”.
También hubo un momento de cuestionamiento hacia sus propias decisiones del pasado y una frase muy fuerte: “No, no militaría en Montoneros, pero sigo creyendo en lo mismo que creía en esa época”.
“Creo que fue un error la parte militarista de Montoneros que costó muchas vidas y actores que no se hicieron cargo de sus errores políticos. No me arrepiento y sigo creyendo en las mismas cosas, sigo bregando por una sociedad más justa, más igualitaria, donde no haya explotación y tanta injusticia; en eso sigo pensando de la misma manera”, cerró.

Textuales

“Hoy no militaría en Montoneros”.

“Cuando uno los puede mirar a los ojos,
ahí siente que recupera la libertad”.

“El alegato será un momento de mucha gratificación personal”.

“El valor del juicio es que las víctimas recuperaron su palabra”.

“Todos los que hemos declarado sentimos que nos sacamos una mochila personal, pero también que cumplimos lo que nos correspondía porque somos sobrevivientes; cumplimos la obligación de venir y decir lo que pasó”.

 

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