martes 5 de mayo 2026

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Testimonio exclusivo

La lucha de un médico en San Juan con HIV

Trabaja en el Hospital Marcial Quiroga y en un consultorio privado. Nadie sabe que tiene VIH, sólo su madre y las parejas con las que estuvo. Una vida colmada de secretos y dedicada al desarrollo profesional. El hombre se confiesa y comparte su historia. Por Natalia Caballero

Por Redacción Tiempo de San Juan

 

Por Natalia Caballero

Vive solo con dos gatos, Rubí y Moro. Al entrar a su departamento perfectamente ordenado, se sienta en el futón y los mininos comienzan a acercársele en busca de cariño, ese mismo afecto que todos los días les ofrece a sus pacientes tanto en su consultorio céntrico como en el Hospital Marcial Quiroga. Roberto (nombre ficticio) es médico de profesión y padece VIH desde que tiene 15 años. Una vida difícil, en la que predominan los secretos y la dualidad: uno, quien verdaderamente es y otro, el hombre que se maneja en sociedad.
Roberto cuenta su historia en tono frío, como si no fuera él el protagonista. Mientras prende un cigarrillo, relata su experiencia. El profesional tenía solo 15 años cuando se enteró que tenía VIH. En ese momento su vida cambió para siempre y todos los días repasa una y mil veces aquella secuencia de hechos que lo llevó a contagiarse. Un simple preservativo hubiera cambiado el rumbo, pero no hizo caso a lo que le enseñaron en la casa ni a lo leído en los manuales, el poder del deseo pudo más que la cabeza.
Siempre se sintió atraído por los varones y a los 14 años se animó a contarle a su mamá. “Ella reaccionó tranquila, siento que siempre lo supo.  Me dijo que me aceptaba tal cual era, pero que evitara contarle a mi padre porque él no lo iba a entender”, explicó. Y siguió tan al pie de la letra los consejos de su madre, que aún hoy, cuando ya han pasado más de 20 años desde aquella conversación, no le revela a su padre su inclinación sexual. Ese secreto le pesa, pero confiesa que ya se acostumbró a vivir con él.
El verano de 1994 pintaba para ser como cualquier otro, de vacaciones a Córdoba durante un mes. La Capital cordobesa no era el lugar que más le gustaba para descansar, pero resignado acompañó a su mamá. En la provincia serrana, su tía los recibió y les hizo un lugar en la casa.
Aunque las expectativas de pasarla bien no eran muchas, pronto descubre salidas con su clan de primos. Y fue así como conoció a Francisco, un joven de 19 años que lo enamoró. “Fran era un pibe de mundo, ya iba a la facultad, formaba parte del centro de estudiantes y estudiaba Medicina. Practicaba rugby y tenía un lomo perfecto”,  relata entre risas. La atracción pudo más y se dio su primera vez. Los veinte días que restaron fueron de pura pasión. Tal como estaba previsto, el 31 de enero se pegó la vuelta y el romance quedó en el pasado, como un lindo recuerdo.
Pero ese hermoso recuerdo un día se esfumó. Grande fue su sorpresa cuando a fines de ese 1994 recibió una llamada telefónica en su casa. –Soy Francisco, Robert. La charla se dio normalmente hasta que de repente su amigo rompió en llanto y le dijo que tenía Sida, que se había hecho los análisis y le había dado positivo. “La verdad que no entendía nada. En esa época el Sida era un tema tabú en el país. Para que te des una idea, acá le decían todavía “la fiebre rosa”, explica.
Roberto se hizo el análisis un mes después con sus ahorros para un discman y tristemente salieron positivos. “Me dije a mi mismo, soy sidoso, ¿qué hago? Me voy a morir. Durante meses estuve enterrado en una brutal depresión, no quería salir a la calle, recordaba como me había contagiado y me preguntaba como una enfermedad tan terrible podía contagiarse por amor”, expresó. 
Han pasado casi veinte años desde que se enteró que padecía VIH, horas en consultorios médicos en secreto y cocteles de retro virales. Otra vez, como con su condición sexual, su mamá sabe y su papá no. Su madre lo ayuda y lo contiene, pero sabe que al saber la triste noticia se encerraba horas en su pieza a llorar.
Córdoba fue la provincia que nuevamente lo albergó al cumplir 18 años. Allí estudió medicina y se especializó en Pediatría. Profesión a la que hoy en día le pone el alma y su vida, que desarrolla con pasión tanto en el ámbito público como en el privado.
-¿Tu entorno profesional sabe que sos VIH positivo? -No, contesta. Es que en el Marcial Quiroga nadie sabe de su enfermedad, que no es impedimento para desarrollar su tarea en la medicina. “He escuchado profesionales burlarse de homosexuales. Nunca contaría mi padecimiento porque el prejuicio todavía es grande”, reniega. Sin tapujos, añade:  “Es complicado vivir con tantos secretos, en un lugar puedo hacer esto, en otro no. La única persona que sabe todas mis verdades es mi madre”.
Desde que sabe que tiene VIH solo formó una pareja estable, pero sin convivencia. Su novio sabía que tenía el virus y siempre se cuidaban y tomaban todos los recaudos. Esa historia de amor terminó y desde hace tres años tiene encuentros ocasionales con algunos amigos.
Roberto manifiesta que vive por y para la medicina. Cada curso que se entera, se anota. No le importa si tiene que viajar al exterior porque toda la plata que junta la destina para capacitarse, viajar y para mantener su departamento y sus mininos.
Todos los días vueltea a su mamá, que tiene 73 años y se mantiene hermosa, según la describe. Junto a su profesión es lo más importante de su vida. Roberto, es una persona que lucha todos los días, contra su enfermedad y contra la corriente. Una historia como tantas de pelea contra el VIH.


Seguí leyendo

Dejá tu comentario

LO QUE SE LEE AHORA
En todo el país se emitieron órdenes para capturar a Camila O Gorman y Uladislao Gutiérrez, quienes se fugaron en 1847. Las órdenes llegaron también a San Juan. 

Las Más Leídas

Eduardo Elsztain, dueño de la mina Casposo viene al acto de reinaguración de la operacion minera: la mina de oro reinicia su producción con una planta reacondicionada y un esquema que combina empleo local y procesamiento de mineral de Hualilán.
Jonatan Páez, delante de su emprendimiento en la esquina de Comandanta Cabot e Hipólito Yrigoyen (ex San Miguel).
La particular escena de un puma comiendo un caballo a la vera de una ruta en Valle Fértil. Foto: Captura video Info Valle Fértil.
Polémica: quién es el picante diputado libertario que se durmió mientras hablaba Adorni
Foto San Juan Antiguo, como se ve la iglesia desde la calle.

Te Puede Interesar