Lugares abandonados: el gigante de hierro que marcó la historia de Caucete
Tras décadas de servicio, sismos y transformaciones, el puente permanece como un testigo silencioso del Este sanjuanino. El drone de Tiempo de San Juan registró el estado actual del histórico puente de hierro que unió 9 de Julio con Caucete desde 1936. Fotos y video: Leandro Porcel.
A metros de la vieja traza de la Ruta 20, un gigante de hierro marca la bienvenida a Caucete desde el Gran San Juan. Desde arriba, el drone de Tiempo de San Juan mostró la imagen completa: un puente de hierro inmenso, oscurecido por el óxido y rodeado de yuyos altos, que permanece aferrado al paisaje como si se negara a desaparecer. Es el histórico puente de entrada, ese que durante décadas fue la puerta de acceso al departamento y que hoy sobrevive como un esqueleto de acero detenido en el tiempo.
Inaugurado el 27 de abril de 1936, el puente no solo unió 9 de Julio con Caucete: unió también dos formas de vida. Antes de su existencia, cruzar el río San Juan era una aventura incierta, un desafío que dependía de los míticos cuarteadores, esos hombres que guiaban carros y personas entre correntadas caprichosas. La obra había empezado a gestarse en tiempos del gobernador Amable Jones, pero tardó quince años en concretarse. Cuando finalmente quedó habilitado, cambió para siempre el pulso del Este.
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Por allí salieron las grandes cosechas que hicieron crecer la zona, y por allí llegaron los materiales que impulsaron la explotación de tierras, la construcción de casas, bodegas, galpones y sueños. Fue un puente que no solo conectó geografías: conectó el progreso con la vida cotidiana de un departamento que comenzaba a expandirse.
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A lo largo de su existencia resistió pruebas que hubieran derribado cualquier otra estructura. Soportó los terremotos de 1944 y 1977, aferrado a sus vigas como si tuviera memoria propia. Pero el tiempo, siempre implacable, terminó por quebrarlo. La caída de dos de sus tramos dejó al viejo puente inhabilitado, y fue entonces cuando la modernidad avanzó: a su costado se levantó un nuevo puente a comienzos de los 2000. Aun así, el antiguo continuó ahí, firme en su terquedad de hierro, y hasta resistió el sismo de 2021.
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Actualmente, desde el aire, el puente aparece quieto, oxidado, inmóvil. Ya no es paso ni camino: es recuerdo. Un testigo silencioso de la historia de Caucete, un guardián metálico que observa cómo la vida continúa a su alrededor mientras él permanece suspendido en su propia eternidad.