El 27 de junio de 2014 quedó marcado para siempre en la vida de Rubén Sánchez. Aquella madrugada, cuando tenía 21 años, circulaba en moto por calle Divisoria, en Caucete, cuando perdió el control del vehículo y chocó contra un árbol caído al costado del camino. Lo que ocurrió después parecía imposible de creer.
Doce años después de aquel accidente que conmocionó a San Juan, Sánchez lleva una vida alejada de la exposición pública y enfocada en su familia y el trabajo.
"Mi vida es normal"
Consultado por Tiempo de San Juan sobre cómo transcurre su presente, Rubén respondió con pocas palabras, aunque suficientes para resumir el camino recorrido desde entonces. "Mi vida es normal. Como cualquier persona. Y gracias a Dios. Encontré trabajo. Imagínese, han pasado más de 10 años. Si no hubiese trabajado o hubiese esperado que alguien me lo ofreciera, me muero de hambre yo y mi familia. Así que buscando lo mejor a través del trabajo, como siempre lo hice. Ahora me encuentro con un trabajo lejos de mi casa. Pero estable", expresó.
A diferencia de lo que ocurría en 2015, cuando contaba que realizaba changas y soñaba con conseguir una mejor situación laboral, hoy asegura haber alcanzado cierta estabilidad. Sin embargo, prefirió no brindar demasiados detalles sobre su actividad ni sobre el lugar donde trabaja.
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El joven, con su familia. En una nota a Tiempo, manifestaba que buscaba un buen trabajo para darle una mejor vida a su hija mayor.
Su perfil público en redes sociales muestra algunos aspectos de su vida cotidiana. Allí comparte imágenes junto a sus dos hijos y otros familiares, especialmente con sus hermanos, con quienes mantiene una relación cercana. También deja ver una de sus aficiones: la pasión por los fierros y los vehículos, una actividad que comparte con parte de su familia.
El accidente que desafió toda lógica
La historia de Rubén se convirtió en noticia nacional por la extraña mecánica del accidente y por el desenlace que tuvo. Según informaron los médicos en aquel momento, la rama atravesó una zona extremadamente delicada del cuello sin dañar arterias, venas principales, la columna vertebral ni órganos del aparato respiratorio. Incluso, pocas horas después de la intervención quirúrgica, los profesionales confirmaron que el joven ya no necesitaba asistencia respiratoria.
Un año más tarde, en una entrevista con este medio, Sánchez recordó que permaneció consciente durante gran parte de la secuencia. Contó que, tras el choque, intentó comprender qué tenía clavado en el cuello y hasta llamó por teléfono a su novia antes de ser trasladado a un centro de salud.
Los especialistas llegaron a considerar el caso como excepcional. La rama ingresó cerca de zonas vitales y salió por debajo de la oreja, pero no provocó lesiones irreversibles. La única secuela física que mencionaba entonces era una pequeña pérdida de sensibilidad en una parte de la oreja.
Una historia que quedó atrás
En aquel reportaje de 2015, Rubén aseguraba que el día del accidente se había transformado en una especie de "segundo cumpleaños". También hablaba de los sueños que tenía junto a su pareja y de la intención de construir un futuro mejor para su hija.
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Sánchez en una entrevista a Tiempo en 2015.
Más de una década después, parece haber cumplido al menos una parte de esos objetivos. Mantiene un perfil bajo, conserva su vida familiar lejos de los medios y evita profundizar sobre aquel episodio que lo convirtió, por un tiempo, en una de las historias más comentadas de San Juan.
Las fotografías de la rama atravesando su cuello siguen generando asombro entre quienes las ven por primera vez. Sin embargo, para Rubén Sánchez, el accidente quedó atrás. Hoy, según sus propias palabras, su vida transcurre "como la de cualquier persona", con el trabajo, la familia y los desafíos cotidianos ocupando el lugar que alguna vez tuvo aquella increíble historia de supervivencia.