Carlos Sarmiento conoce la palabra resistencia desde que era apenas un adolescente. Criado en Villa Flora, en Rivadavia, su vida cambió para siempre a los 13 años, cuando en 1986 le diagnosticaron insuficiencia renal crónica en Buenos Aires. Desde entonces, pasaron cuatro décadas marcadas por tratamientos, internaciones y una rutina que nunca eligió, pero que aprendió a transitar con una entereza que conmovió a miles de personas en las últimas semanas.
Su nombre se hizo viral a fines de diciembre tras la difusión de un video grabado en la Clínica de la Ciudad, donde Carlos asiste tres veces por semana a diálisis. Allí, durante un encuentro de despedida de fin de año, tomó la palabra para agradecer al personal de salud que lo acompaña desde hace años. Sus palabras simples, cargadas de gratitud, y un inesperado baile con una enfermera desataron aplausos, sonrisas y una ola de mensajes de apoyo en redes sociales.
Detrás de ese momento luminoso, hay una historia dura. Carlos pasó por internaciones prolongadas en su adolescencia, comenzó con catéter y, con el paso del tiempo, la diálisis le provocó secuelas irreversibles: perdió los dedos y su cuerpo ya no responde como antes. Aun así, siempre intentó llevar una vida normal. Amaba los caballos, salir, moverse, trabajar. Hoy, esas ganas siguen intactas, aunque el cuerpo le marque otros tiempos.
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“Me dan ganas de trabajar, de tener mi plata”, cuenta. Durante años vendió verduras en la calle y recorrió barrios con una mochila ofreciendo dulces. En los últimos tres o cuatro años, la situación se volvió cada vez más cuesta arriba. El cansancio es mayor, camina más lento y las ventas bajaron, especialmente en esta época.
Actualmente, Carlos realiza diálisis los martes, jueves y sábados, de 6 a 11 de la mañana, en la Clínica de la Ciudad de San Juan. Vive en el barrio Mariano Moreno, en Chimbas, junto a su pareja, Analía Domínguez, quien es no vidente e insulinodependiente. Ambos perciben pensiones, pero aseguran que no alcanzan para cubrir los gastos básicos. A esa realidad se sumó un nuevo problema: el teléfono se les rompió y hoy no tienen forma de comunicarse.
Cansado, pero sin perder la dignidad ni el deseo de salir adelante, Carlos decidió pedir ayuda. Quienes puedan colaborar, con lo que sea, pueden acercarse a su domicilio del Barrio Mariano Moreno, Manzana 6, Casa 3, donde viven desde hace nueve años.
También pueden comunicarse al 2644744791 (teléfono de Dayana Luna, nuera de la pareja de Carlos), o colaborar con dinero a Dayana.210, el alias de Mercado Pago.