Por Luz Ochoa, Walter Vilca y Pablo Mendoza
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Hay miles de historias de sobrevivientes detrás del terremoto del ´44 y también recuerdos de otras tragedias dentro de la tragedia misma. Una de ellas fue la de los doce ocupantes del avión chileno que traía ayuda a San Juan y que se estrelló a poco de levantar vuelo en un aeropuerto de Mendoza. Los nombres de algunas de esas víctimas, hasta el día de hoy, son recordados en una placa, en una calle y en tres de barrios de la provincia.
Quién no escuchó mencionar a la “Enfermera Medina”, al “Capitán Lazo” o al “Doctor Bardiani”, cuyos nombres fueron perpetuados en la historia como símbolos de la solidaridad de esos rescatistas y de muchos otros héroes anónimos que perdieron sus vidas por socorrer a los sanjuaninos en esos días de caos.
La catástrofe del 15 de enero de 1944 se hizo sentir en los lugares más recónditos de la Argentina. También despertó la colaboración de los hermanos de los países vecinos, entre esos la República de Chile que organizó colectas y movilizó sus tropas militares -por cielo y tierra- para asistir a los sobrevivientes del terremoto.
Las autoridades chilenas pusieron a disposición una flota de aviones y personal militar para traer equipos médicos y toneladas de víveres, equipos de comunicación, remedios e insumos para atender a los cientos de heridos.
El domingo 16 de enero aterrizó el primer avión militar trayendo un cargamento y un contingente de rescatistas. El martes 18 hicieron su arribo a Mendoza otros tres aviones Lodestar de la nueva flota de LAN, la Línea Aérea Nacional de Chile, que cruzaron la Cordillera de los Andes para tomar como base de operaciones el aeródromo militar con asiento en El Plumerillo, situado en el departamento mendocino de Las Heras. Desde allí se hacía el puente aéreo para hacer llegar la ayuda a San Juan.
Una de esas naves fue el Lodestar 503, que en los días posteriores realizó operaciones de vuelo entre Chile, Mendoza y San Juan. Hay muchas versiones sobre lo que sucedió el 20 de enero de 1944. Un relato sostiene que ese avión venía procedente de Santiago de Chile con medicamentos y botellones con leche fresca; que bajaron parte de la carga en Mendoza para continuar viaje hacia esta provincia.
Ningún diario de la época da precisiones sobre esa versión o sobre los movimientos previos de la nave. La página oficial de la Asociación de Pilotos en Retiro de LAN Chile sólo señala que ese día, en horas de la tarde, “se dispuso que el Lodestar 503 realizara un viaje de urgencia de Mendoza a San Juan, transportando médicos, enfermeras, sueros y medicamentos”.
Acorde los registros oficiales, al frente de la nave estaban el capitán Eduardo Lazo Preuss y su copiloto, Eduardo Von Bischoffshausen. Los acompañaban el mecánico Fernando Mella Ulloa y el consejero de la empresa área LAN, Alberto Cumplido Ducos.
La orden era que la tripulación chilena trasladara a un grupo de la Cruz Roja Argentina y a dos soldados a esta provincia. Ese contingente estaba compuesto por los médicos Hugo Bardiani y Ernesto Vicente Ponce, las enfermeras Ángela Medina, María Josefina Guiglione, Blanca Clermont y Argentina Zárate, el cabo primero Pablo Eduardo Caicedo y el joven conscripto Fernando Fernández.
El avión que más tarde encarnaría la tragedia despegó de la pista de El Plumerillo pasadas las 19.10 horas del jueves 20 de enero de 1944. Lo que sucedió segundos después sólo fue desconcierto y pánico. Las personas que observaron la maniobra inicial de despegue relataron que la nave recorrió un largo trecho en la pista hasta que ganó altura, así describe una crónica del diario Los Andes de Mendoza. Los testigos dijeron que el aparato luego perdió velocidad y quedó “colgado de los motores”, casi en línea vertical, agrega la nota.
A una altura aproximada de 400 metros, la aeronave hizo un giro de "tirabuzón" y se precipitó violentamente en forma de espiral. La máquina cayó estrepitosamente a 3 kilómetros de la base área y al estrellarse contra el suelo explotó en llamas. En un instante, el fuego dio paso a la tragedia porque ningún ocupante del avión salió con vida.
“Por haber perecido todas las personas que viajaban en el avión y por haber quedado destruido totalmente el aparato, nunca se podrá saber las causas que motivaron el dramático suceso”, afirma un periodista en un artículo de Los Andes. A lo sumo se especuló que la nave perdió estabilidad, quizás por un contrapeso en la parte posterior de la nave, pero nunca hubo nada certero acerca de las causas del siniestro aéreo.
Y el misterio de las causas hasta hoy persiste, ya que el avión no contaba con una 'caja negra'. Es que los primeros registradores de vuelo se empezaron a usar a finales de los años 1950 y cuya denominación perduró, incluso, después de que se pintasen de color naranja para facilitar su localización tras un accidente.
Los relatos periodísticos señalan que los doce ocupantes murieron carbonizados entre los restos del avión chileno. En los primeros reportes hasta había confusión en relación a las identidades de las víctimas e inicialmente se hablaba de once fallecidos y no de una docena.
Al otro día confirmaron sus nombres. En esa lista estaban los pilotos Eduardo Lazo Preuss y Eduardo Von Bischoffshausen, el mecánico Fernando Mella Ulloa y el consejero de la empresa área LAN, Alberto Cumplido Ducos, todos de nacionalidad chilena. Junto a ellos, los médicos Hugo Bardiani y Ernesto Vicente Ponce; y las enfermeras Ángela Medina y María Josefina Guiglione, con domicilios en Buenos Aires. Las otras víctimas fueron identificadas como Blanca Clermont y Argentina Zárate y el soldado Fernando Fernández, provenientes de Córdoba. Mientras que el cabo Caicedo fue el único mendocino.
La conmoción fue doble por estas muertes dentro de la tragedia generalizada que había dejado el terremoto de San Juan. La ceremonia de despedida de la tripulación chilena, del equipo médico de la Cruz Roja y los dos efectivos del Ejército Argentino fue multitudinaria. Se les rindieron todos los honores y sus féretros fueron cubiertos con banderas argentinas y chilenas dentro de la improvisada sala velatoria del casino de oficiales del Regimiento 16 de Infantería de Montaña de Mendoza.
El velorio duró veinticuatro horas y el sábado 22 de enero partieron los distintos cortejos fúnebres. Los restos de los cuatro chilenos fueron repatriados a su país en un avión de LAN y allá fueron recibidos como héroes. Los féretros con los cuerpos de Bardiani, Ponce, Medina y Guiglioni fueron trasladados a Buenos Aires en un vagón del viejo Ferrocarril El Pacífico desde un andén de la estación de Mendoza capital.
A los tres cordobeses los llevaron en un camión furgón hasta su provincia y fueron despedidos por una gran concentración en la capital provincial. El caso del soldado Fernández fue el más conmovedor. Hacía un año que estaba cumpliendo el servicio militar en Mendoza y su traslado a San Juan era una de sus últimas tareas encomendadas. En las próximas semanas iba a ser licenciado.
Acá en San Juan, sus nombres quedaron grabados como sinónimos de solidaridad y testigos silenciosos de las vidas que se perdieron por rescatar a los sobrevivientes y levantar a la provincia de sus ruinas. Una calle de Caucete y un barrio de Rivadavia aún hoy llevan el nombre de Enfermera Ángela Medina. En Rawson perdura el populoso barrio Capitán Lazo y en la zona de Trinidad, Capital, el tradicional barrio Bardiani.
FUENTE: Artículos periodísticos de los diarios La Libertad y Los Andes de Mendoza, y La Nación de Chile. Colaboración de Fernando "Feña" Espinoza de Santiago de Chile con documentos de la hemeroteca de la Biblioteca Nacional de Chile y del equipo de la hemeroteca de la Biblioteca Pública General San Martín de Mendoza. Hemeroteca de la Biblioteca Franklin y el Archivo Provincial de San Juan. Página oficial de la Asociación de Pilotos en Retiro de LAN Chile. Policía de San Juan.
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