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Relato de película

La matriarca de Chimbas, la historia de la sanjuanina que tuvo 16 hijos

Teresa Cobarrubia tiene 60 años y en su vida pasó de todo, incluidos 15 partos que la marcaron para siempre. Sufrió lo peor, pero hoy sigue de pie y, no conforme con los chicos que trajo al mundo, adopta a quien la acepte como madre.

Por Luz Ochoa 20 de junio de 2022 - 11:30

Hay historias que merecen ser contadas y la de Teresa Cobarrubia es una de ellas, no sólo por la cantidad de hijos que trajo al mundo y la sorpresa que ello genera, sino también por el coraje que tuvo como madre para afrontar las diversidades que se interpusieron en su camino. Es que la protagonista pasó por todo y, en el recuento de su vida, la curiosidad resulta un detalle anecdótico.

La siesta se extiende y el solcito entra por la ventana del comedor de su casa, un hogar humilde que construyó con esfuerzo y que se ubica en la Villa Centenario de Chimbas. Mientras tanto, la anfitriona, que se preparó para la ocasión y eso se nota en su delicada apariencia, se acomoda en su silla para empezar a relatar su historia.

Con 60 años, Teresa confirma el dato que llevó a esta cronista a querer saber un poco más de ella: parió 16 veces. Sin embargo, lo impactante de lo que cuenta es el contexto de esos partos y son las experiencias que atravesó desde que era apenas una niña.

Una niña madre

Oriunda de Calingasta, explica que, por seguir mandatos de su familia y como se trataba de otros tiempos y otra educación, formó pareja -si es que cabe el concepto- con un hombre 66 años mayor que ella cuando todavía era una nena y, por tanto, a sus 12 años fue mamá por primera vez.

"Antes no era como ahora que le explicamos a nuestros hijos cómo hay que hacer para cuidarse al tener relaciones y nuestros padres nos casaban muy chicos, a mí me tocó hacerlo a los 12 años", relata quien confiesa haber sufrido esa situación, ya que ni siquiera sabía lo que significaba el amor.

Además, el sujeto que se había vuelto su "compañero" no era una persona honorable, la maltrataba en todas las formas posibles y la transformó en una víctima que no tenía a dónde escapar de su realidad. "Fue muy duro. En aquella época, las mujeres no teníamos voz ni voto, teníamos que hacer caso lo que nos decían los mayores y los hombres", recuerda con pesar.

Al ser mamá tan chica, reconoce que prácticamente se crio con su primera hija a la que llamó Carolina. "Jugaba a las muñecas con mi propia hija y crecí con ella, aprendí muchas cosas, lo bueno y lo malo", confiesa la mujer que lamentablemente perdió a su bebé cuando tenía 6 meses.

Cuando la tragedia llamó a su puerta

Es que piensa que el poco conocimiento que tenía aquella niña madre, que no sabía leer ni escribir, fue determinante cuando la criatura se enfermó y murió. Sufrió una neumonía letal y hasta hoy se recrimina que quizás pudo insistir con los médicos y hacer algo más para salvarla. "Fue muy triste, no se olvidan los hijos que parten, nos marcan para siempre", asegura.

Es por ello que Teresa destaca que en la actualidad las cosas cambiaron y que el sistema de salud es mejor, que hay profesionales más comprometidos no sólo con la salud de los niños, sino con la educación sexual de las mujeres que no tienen la suficiente instrucción. "Una chica va al hospital y le dan los anticonceptivos gratis. Años atrás eso era prohibido, ni nombrarlo se podía o ni siquiera se sabía que existían", admite.

Trágicamente, para la protagonista esa no sería la única vez que sufriría la pérdida de un hijo ya que le sucedió lo mismo en cuatro oportunidades más. Tal vez porque lo enterró en lo más profundo de su memoria como mecanismo de defensa, de algunas dramáticas situaciones se acuerda más que otras. Sin embargo, de todas rememora "el dolor que sintió en el pecho".

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Si bien hoy no tiene bien en claro en qué año ocurrieron los hechos, la fatalidad golpeó su puerta otras veces con el fallecimiento de sus mellizos de 4 meses y de otras dos criaturas más, por culpa de enfermedades respiratorias.

“Uno a veces se pregunta por qué le pasan estas cosas, si dice yo los cuidé, los protegía. Pero creo que al ser tan joven me faltaba experiencia, me faltaba el consejo de alguien que supiera más allá de los remedios caseros”, asegura y agrega: “Por eso hoy digo que la medicina está tan avanzada que uno puede llevar a su hijo al médico con tranquilidad, antes no había tantos recursos”.

La lucha contra la pobreza

Desde que la obligaron a estar con el hombre al que nunca quiso, estuvo embarazada varias veces y, para cumplió recién la mayoría de edad, ya tenía 4 hijos vivos a los que debía cuidar. A sus 18, el padre de esos niños murió y quedó completamente sola a cargo de todo. “El más grande de los chicos tenía 7 años, eran todos seguiditos, por eso no fue fácil. Pero me la rebusqué”, afirma.

La mujer que en ese tiempo terminó la Primaria, trabajó en la cosecha de uva, de aceitunas y hasta revolvió la basura para llevar el pan a la mesa. “Yo he criado a mis hijos a veces cirujeando, después cuando me junté con mi pareja -el hombre que sí eligió- seguimos trabajando juntos”, cuenta.

A pesar de la pobreza que los azotaba y de que en muchas ocasiones el trayecto se les hizo cuesta arriba, la madre que narra su historia se muestra orgullosa de lo que hizo para que a sus hijos no les falte nada. “Con ellos aprendí a ser mamá, a ser repostera, aprendí a sonreír con mis hijos y a salir adelante”, confiesa.

Es que al ser una familia tan numerosa, puesto que todos los años se sumaba un nuevo integrante, la economía del hogar no alcanzaba. “Nunca llegué a calzar a todos juntos, pero la gente siempre nos donaba ropa y con eso nos arreglábamos. He sido una madre que ha sufrido, pero mis hijos han sido la prioridad siempre. Yo me he privado de muchas cosas, pero hice todo para que a ellos no les falte nada”, argumenta la ingeniosa mamá que llegó a fabricar juguetes porque no tenía dinero para comprar en épocas de Reyes o Navidad.

Con Osvaldo, su compañero de vida, formó una familia todavía más grande y cuidó como si fueran suyos a dos hijos de él. Para ella, tenerlo a su lado fue clave sobre todo en momentos críticos, como fue enfrentar la hidrocefalia de una de sus hijas, lo que la llevó a estar más de un año en el Hospital Garrahan de Buenos Aires.

“Tuve que vender lo poco que tenía para poder viajar porque la tenían que operar del corazón urgente, mientras mis hijos estaban repartidos por todos lados. Gracias a mis hermanas y vecinos que me los cuidaron, todo salió bien”, concluye la madre de esa chiquita que salió adelante y, cual ave fénix, renació después de media docena de operaciones.

El parto más duro

La madre que tiene tantos hijos como anécdotas, y que sostiene que años atrás la ligadura era palabra prohibida, vivió todo tipo de experiencias en los partos. Sin embargo, hay uno que lo recuerda como si fuera hoy por el dolor que sufrió. “Uno de mis chicos nació de nalgas y ese fue el parto más doloroso que tuve. Hacer una cesárea era riesgoso y encima yo ya tenía presión alta, por lo que no quedó otra más que tenerlo de forma natural”, rememora.

El detalle de ese episodio también estuvo en la forma en que llegó al hospital, puesto que -con contracciones y un trabajo de parto acelerado- se trasladó en bicicleta hasta el nosocomio de Capital. “Me dolía hasta el alma, mientras mi marido me llevaba”, recuerda.

Las peleas que sigue dando

Teresa, que en 2011 sufrió un ACV que le paralizó la mitad del cuerpo y hace poco tiempo supo que tenía Cáncer de Mama, asevera que nunca se quebró gracias a sus hijos. “He sufrido mucho con ellos y a la vez he vivido, son la bendición más grande que tengo, ellos me estimularon a seguir”, expresa.

Como la protagonista descubrió de casualidad la enfermedad que padece, la cual está controlada con medicación, aconseja a las mujeres de todas las edades que se hagan los controles debidos. “Yo por una actividad de prevención que junto a mis hijos organicé en el merendero, me enteré. Es que a las mujeres grandes nos da vergüenza ir al ginecólogo, que nos vean sin ropa, pero no sabemos lo importante que es y que a tiempo podemos detectar lo que más tarde puede ser peor”, señala.

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Una sorpresa y su marca en el mundo

Todavía conviviendo con 6 de sus hijos, los que trabajan y otros estudian, la también abuela de 16 nietos y de otros 2 que vienen camino decreta que en este mundo siempre se dejan huellas y, por ello, está convencida que las personas que trajo a la vida, al igual que sus actos de beneficencia en el Merendero Barrilete de Colores que fundó, serán su marca cuando ya no esté.

Y eso lo sabe o al menos se lo hicieron saber el año pasado, cuando le prepararon una fiesta sorpresa para celebrar sus 60 años. “Fue maravilloso. Me habían engañado con que saldría a cenar con mi ahijado. Pero en realidad habían preparado una gran fiesta. Estaban todos mis hijos, de punta en blanco. Mi marido me esperó con un ramo de flores. Fue soñado y hermoso”, cuenta quien nunca antes había podido festejar un cumpleaños.

Creadora del Merendero de Villa Centenario, que le da de comer todos los sábados a más de 250 niños de la zona, a los que adoptó como hijos del corazón, la mujer que se reconoce como una leona para defender a sus hijos aconseja a las madres de ahora que “que cuiden a sus hijos y se cuiden ellas”.

“Yo siempre laburé, si tuve que cirujear para vender vidrio o cobre lo hice, no fue vergüenza ni nada, nunca cobré un plan ni hice cosas que no debía. Siempre con honestidad, respeto y trabajo, porque a los hijos se les enseña y ellos son el tesoro, la vida, lo que Dios nos mandó y por ellos todo valió la pena”, cierra.

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