María Guadalupe Toledo tiene 23 años. Cuenta con estudios completos y hoy en día está estudiando Criminalística mientras a la par trabaja en un negocio. Vive con su madre, hermana y su sobrino. A simple vista lleva una vida lo más cotidiana posible, pero desde los dos años tiene que someterse a transfusiones de sangre para vivir sin dolor, episodios que a veces la pusieron en estado grave debido al faltante de donadores y de unidades.
Guadalupe desde muy pequeña fue diagnosticada con Hemoglobina S homocigota, también conocida como anemia drepanocítica, que se caracteriza por ser una enfermedad crónica que si no se trata puede causar dolores muy fuertes, infecciones y en casos más graves incluso infartos. Es por este motivo que desde los dos años recibe transfusiones de sangre. En algunas oportunidades, de acuerdo a la gravedad del cuadro, llegaban a ser hasta tres al mes, por lo que contar con stock de unidades sanguíneas era fundamental para su recuperación.
“Es muy difícil encontrar su tipo de sangre. Ella es A o 0 Positivo, pero como tiene un serotipo especial, hay que buscar los factores compatibles para que no registre inconvenientes. Cuesta mucho, a veces ha estado internada, en momentos críticos porque no encontrábamos la sangre”, comentó Fabiana Toledo, madre de Guadalupe, a Tiempo de San Juan.
Pese a estar desde muy pequeña entre hospitales y jeringas, incluso antes de dar sus primeros pasos, la joven recuerda muy bien cómo su enfermedad influyó en su vida. “Lo que recuerdo de los primeros años de transfusiones, de las primeras veces de estar internada, es a mis compañeros en la escuela, que lo sabían. Los docentes tenían consideración, me daban más tiempo para presentar las cosas. De mis compañeros recibía mucho cariño, me mandaban cartas. Desde chica hasta que terminé la secundaria entendieron perfectamente mi situación y lo consideraban bien, nunca tuve problemas con eso”, menciona Guadalupe.
El hecho de tener que recibir sangre varias veces al mes hacía que fuera complicado en algunas oportunidades conseguir su tipo. Tanto Fabiana como Guadalupe recuerdan con angustia aquellos momentos en los que la joven debía permanecer internada, medicada y con sedantes por los dolores, a la espera de dar con la cantidad de sangre necesaria para tener la transfusión y poder regresar a su casa.
Afortunadamente la médica que desde un principio atiende a Guadalupe en el 2018 decidió iniciar un tratamiento que consiste en un exanguinotransfusión. Se trata de un procedimiento donde se extrae una unidad de sangre del paciente y se le agregan dos o tres, de acuerdo al estado de salud. Gracias a ello, la joven puede llevar su vida con normalidad y someterse a las transfusiones una vez cada 30 o 45 días, de acuerdo a su estado. Pese a ello, el faltante de sangre se hace notar.
Lamentablemente la poca presencia de voluntarios para donar de sangre que viene registrando la provincia desde la pandemia, sumado a la dificultad de encontrar compatibles con Guada, continúan representando una complicación.
“Hay veces en las que tuve miedo de no conseguir la sangre. Me pasó este verano, cuando estuve bastante jodida y no se encontraba sangre por ningún lado de mi tipo, y me preocupaba que pudieran tardar tanto en encontrar sangre para mí”, comenta Guadalupe.
Vivir de la voluntad de donar de otros es complicado, ya que no se puede obligar a una persona a pincharse el brazo y dedicar una hora de su vida para donar sangre; pero sí es importante poner en valor la importancia y el impacto que un simple acto genera en otros, donde se mejora la calidad de vida de manera considerable.
“Siento que mucho no puedo influir en lo que otras personas sientan con ir a donar sangre, pero es un acto muy lindo y ayuda mucho a la gente que lo necesita. Es algo muy importante, si yo no hago ese tratamiento puedo terminar muy grave. Si pueden ayudar, está perfecto, a mí y a muchas personas les harían bien”, finaliza Guadalupe.