El 7 de marzo de 1998 implicó un antes y un después para Hugo Osvaldo González, un cordobés de 32 años en ese entonces, quien tenía una fuerte adicción por el alcohol y vivía un verdadero infierno. Fue la ayuda de la Difunta Correa, que “puso su mano” en la cabeza de este hombre, la que permitió que recuperara su vida lejos de cualquier botella o cualquier alimento que contenga esta sustancia, hecho que respeta a rajatablas desde hace 25 años.
“La Deolinda” llegó a muy tempana edad a la vida del cordobés, oriundo de Laborde. “Soy el más chico de 10 hermanos. Mi padre fue alcohólico y mi madre una sacrificada empleada doméstica. Ella escuchaba las novelas por la radio y cuando yo tenía 10 años, pasaron la novela de la Difunta Correa. Siempre me quedó grabado su sacrificio, por salvar la vida de su hijo y fallecer de sed”, contó Osvaldo, quien actualmente se gana la vida como cantante de folclore.
Los primeros vasos de alcohol los tomó a los 16 años. En 1995 ya era un adicto. Hasta el 7 de marzo de 1998, su vida fue un caos. Perdió a su familia, una casa (que después la recuperó), y hasta analizaron seriamente despedirlo de la Policía, lugar donde años más tarde se retiró. “El alcohol me hizo perder muchas cosas. Me cerró todos los caminos”, recordó.
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Osvaldo, fiel promesante de la Difunta Correa.
“Mi pedido ocurrió en un momento muy crítico de mi vida”, dijo Osvaldo. Ese 7 de marzo de 1998, el cordobés sintió que “La Difuntita” le puso la mano en su cabeza y lo hizo reflexionar. “En una noche de desesperación, con ‘el diablo (alcohol) metido en la cabeza’, le pedí que me sacara de ese infierno y si me salvaba, yo la iba a visitar a San Juan”, continuó.
A partir de ahí comenzó el “después” del cordobés: “A la semana, me interné para recuperarme de mi alcoholismo y estuve un mes internado en un hospital de Corral de Bustos, localidad donde resido”.
No estuvo presente únicamente la ayuda de la Difunta Correa, sino también de Alcohólicos Anónimos. Según contó Osvaldo, le enseñaron que había dos caminos: “Si te querés morir, seguí tomando, y si querés vivir, nunca más tomés una gota de alcohol”. “Gracias a ellos y a la Difunta Correa, elegí el último camino”, recordó.
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Las visitas a la Difunta Correa, un objetivo pendiente y la gruta en Corral de Bustos
González cumplió su promesa en 1998, cuando ni siquiera conocía la ubicación del paraje, solamente que estaba en San Juan. 25 años después, cuenta con varios viajes en el lomo y, según él, lo encuentra cada año más lindo.
“La Difunta es un orgullo para el país y el mundo. Todo lo que le pido, ella me lo concede y me siento en la obligación de visitarla”, dijo. “La Difunta es un orgullo para el país y el mundo. Todo lo que le pido, ella me lo concede y me siento en la obligación de visitarla”, dijo.
Osvaldo tiene una cuenta pendiente: ser parte de la Cabalgata a la Fe. “Es un faltazo, no una promesa, pero quiero cumplirlo. Hace varios años averigüé, porque llevo muchos años sin andar caballo, pero me prometieron un carro o un sulky”, contó.
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La gruta realizada por González en Corral de Bustos, Córdoba.
Además, y para tenerla bien cerca, le levantó una gruta en Corral de Bustos. “Mucha gente colabora y hacemos lo posible para dejarla lo mejor posible. La Difunta está en todos los lugares conmigo”, apuntó.
La música, una dedicatoria y cómo no volver a recaer
El hombre de 58 años es cantante de folclore. Tiene su grupo llamado “Osvaldo González y Su Conjunto”, y en el álbum sacado en 2019, Eterno Amor, reversionó la canción “Plegarias a la Difunta Correa”, una chacarera de Los Manseros Santiagueños. “Llegué a ganar menciones especiales en Jesús María y conocí muy bien al Chaqueño Palavecino y demás artistas”, contó sobre su trayectoria.
El folclore, la noche y el alcohol podrían ir de la mano, pero no para Osvaldo. “Los grupos de alcohólicos en recuperación me enseñaron a vivir en sobriedad. A pesar de ser músico de folclore, hace más de 25 años no consumo nada. La gente me ofrece vino, un fernet con gaseosa y dijo que no. Ni siquiera como una ensalada con vinagre o un caramelo con licor. Actualmente, hay cero alcohol en mi vida”, expresó.
PLEGARIAS A LA DIFUNTA CORREA
“Con medio vaso de alcohol, una persona en recuperación puede tener una recaída. Para mí sería perder los 25 años de sacrificio. Además, yo hago el ‘juramento de las 24 horas’ porque el alcohólico vive el día a día y admito que soy un enfermo de por vida”, cerró.