En imágenes, un recorrido por el hotel de Pismanta y sus aguas termales "mágicas"
Desde el nacimiento del agua termal hasta los circuitos del spa, una visita por el espacio y descripción de las propiedades únicas de sus históricas aguas curativas.
Cómo es y cuánto cuesta hospedarse en el hotel de aguas termales de Pismanta, en Iglesia.
Hace dos años, uno de los espacios emblemáticos de San Juan volvía a la vida. Sin embargo, le faltaba su alma: las piletas, que fueron inauguradas 12 meses después. Ahora sí, el Hotel Termas de Pismanta está completo, recibiendo tanto a huéspedes como a pasajeros ocasionales que, sin necesidad de alojarse, pueden disfrutar de su spa de aguas termales. En plenas vacaciones de verano, Tiempo de San Juan recorrió el espacio para mostrar el lugar y recordar las propiedades de esas “aguas mágicas” a las que pueden acceder quienes eligen descansar en Iglesia.
A unos 250 kilómetros de la Capital sanjuanina, entre cerros y aire puro, el hotel (que cuenta con 43 habitaciones) ofrece mucho más que alojamiento: propone una experiencia donde el descanso se funde con la historia y la naturaleza. Allí, el verdadero tesoro no se ve a simple vista, pero se siente apenas el cuerpo entra en contacto con el agua.
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“Una de las joyitas que tenemos es el lugar donde nace el agua termal, lo que popularmente llamamos la olla”, cuenta Mario, trabajador del hotel, mientras señala el pozo del que brota el recurso que da sentido a todo el complejo. El agua emerge a 44 grados y desde allí se distribuye hacia el resto del spa y las piletas.
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No es un detalle menor: estas aguas están consideradas entre las tres mejores del mundo por sus propiedades minerales. A diferencia de otras termas, no tienen olor, ya que no contienen azufre en su forma clásica, sino sulfato, una versión oxidada que conserva los beneficios sin el aroma característico.
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Las virtudes del agua de Pismanta son conocidas desde tiempos ancestrales. “Desde la época de los pueblos originarios se utilizaba de manera medicinal”, explica Mario. Dolores musculares, articulares y óseos, problemas circulatorios y tensiones acumuladas encuentran alivio en estas piletas naturales, que hoy se combinan con tecnología y terapias modernas.
El circuito termal está cuidadosamente diseñado por razones de salud. El tiempo máximo de permanencia en el agua es de 30 minutos, ya que excederse puede generar efectos adversos como mareos o deshidratación. Las piletas ofrecen distintas temperaturas, que van desde los 35 hasta los 41 grados, permitiendo que cada visitante elija según su preferencia.
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La experiencia se completa con una piscina lúdica de mayor tamaño, equipada con bicicletas fijas, chorros de masaje y una cascada que suma estímulos y relajación. A eso se agregan saunas, masajes, tratamientos faciales, radiofrecuencia, alta frecuencia y pediluvios detox, un tratamiento orientado a eliminar toxinas a través de los pies.
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El spa está abierto tanto para huéspedes como para quienes solo desean pasar el día. No hace falta alojarse: se puede llegar, relajarse unas horas y continuar viaje. Para quienes sí eligen quedarse, se recomienda reservar con anticipación, especialmente los fines de semana. El precio del hospedaje se mantiene estable, aunque suelen ofrecer promociones, como la actual de domingo a jueves, que permite alojarse tres noches y pagar solo dos, con spa y desayuno incluidos.
Hospedarse en el lugar, en una habitación doble con acceso al circuito de spa y pileta tiene un costo de $171.000 para las dos personas. En tanto que, el costo para disrfrutar del spa y sus distintos servicios parte de los $40.000.
La comodidad también está pensada al detalle: el hotel brinda batas, toallones y calzado. El único requisito es llevar traje de baño y predisposición a desconectar.
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La historia de un hotel emblemático
El hotel funciona hace siete décadas en un paraje codiciado al lado de la precordillera iglesiana. Se inauguró con 14 habitaciones que disponían de piletas de inmersión privada, sala general de lecturas y un amplio estar para distenderse.
Después de varios gerenciadores cayó en decadencia en 2001, cuando la firma Nogaró San Juan SA, cuyo contrato era hasta 2004, cayó en quiebra. Hubo varias tensiones con el Gobierno Provincial de ese entonces, hasta que finalmente el hotel quedó en manos de los trabajadores nucleados en la Cooperativa Cacique Pismanta. Esto significó que los empleados tuvieron que asumir el compromiso de realizar una serie de inversiones durante el tiempo que durara la concesión.
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Sin embargo, en 2018 empezaron los problemas que terminaron en 2021 con la quita de la concesión a la cooperativa. Principalmente se argumentó que hubo una serie de incumplimientos en los cánones e inversiones que se habían comprometido a realizar los trabajadores y nunca se concretaron.
Finalmente, tras un proceso de concesión, el hotel fue recuperado tras la pandemia y se licitó. Su concesión, ganada por Jaime Construcciones, quien ahora está a cargo del espacio.