Inesperado fue el momento que vivió Adriana, una joven sanjuanina que estudia Agronomía, cuando un simple sonido entre los árboles terminó convirtiéndose en una escena difícil de olvidar.
Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITELa joven escuchó al pichón entre los árboles, salió a buscarlo y terminó con el ave posada en su cabeza. El pequeño se aferró a su dedo y ella decidió ayudarlo.
Inesperado fue el momento que vivió Adriana, una joven sanjuanina que estudia Agronomía, cuando un simple sonido entre los árboles terminó convirtiéndose en una escena difícil de olvidar.
Todo comenzó al escuchar movimientos y el llamado insistente de un pichón entre las ramas. Acostumbrada al contacto con la naturaleza, decidió acercarse para ver qué ocurría. El ave parecía desorientada y sola.
En cuestión de segundos, la situación dio un giro. El pequeño salió de entre las hojas y voló directamente hacia ella. Primero se posó en su cabeza y luego descendió hasta su mano, donde se aferró con fuerza a uno de sus dedos. No mostró miedo ni intentó escapar.
Al advertir que tenía hambre, Adriana resolvió llevarlo a su casa para asistirlo. Como el pichón no se alimenta de semillas, tuvo que salir a buscar insectos para poder darle de comer. Con el correr de las horas, el ave recuperó fuerzas y comenzó a mostrarse más activa.
Lo que empezó como un episodio casual terminó siendo una experiencia singular para la joven, marcada por la confianza inesperada de un animal silvestre y un desenlace favorable.
video