El pasado domingo 24 de agosto, Rivadavia fue epicentro del primer Festival Provincial del Churro, un evento que no solo buscó poner en valor la delicia frita ideal para cualquier momento del día, sino buscar al sanjuanino que más se destacara y pudiera hacer el mejor churro de la provincia. Con varios inscriptos participando, el primer premio quedó en manos de Soledad De Mora y de su esposo, Diego Villala. La preparación de ellos no solo destacó por su sabor, dulzura y presentación, sino también por la historia familiar que hay detrás, donde el resguardo de la receta familiar es la clave para la excelencia del producto.
La historia detrás del mejor churro de San Juan comienza en 1994, cuando Diego tenía apenas tres años. Oriundo de La Plata, debido a circunstancias laborales Ricardo, padre de Diego, tomó la decisión de trasladarse con la familia a la provincia para un nuevo inicio.
“Casi con lo puesto viajamos casi 31 horas en un Falcón rural viejito hasta la casa de un tío en Santa Lucía, quien nos brindó un techo hasta conseguir un hogar”, comenta el menor de tres hermanos, quien llegó con su padre y con Natalia, su madre, a una nueva provincia a muy corta edad.
En el rebusque para salir adelante se toparon con la panificación y la elaboración de dulzuras a base de harina, azúcar, agua y una buena mano. Comenzaron con bolas de fraile, que por aquel entonces no eran fáciles de encontrar en las panaderías locales, teniendo gran éxito entre los vecinos. Pero las vueltas de la vida los llevaron a toparse con una maravilla mejor.
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Natalia, madre de Diego, y Jimena, su hermana, también participaron del Festival Provincial del Churro
Diego comenta que todo llegó de la mano de una revista muy antigua que entre sus páginas compartía la tradicional receta del churro artesanal. “De ahí en más todo fue para arriba con mucho esfuerzo y rebuscándola, con máquinas inventadas y precarias”, comenta el sanjuanino por adopción.
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Diego junto a Ricardo, su padre.
No pasó mucho tiempo hasta que “Villala Churros” comenzara a ganar terreno en la provincia y con el paso de los años fue posicionándose como el favorito entre los amantes de la delicia. Fue así que los churros de Ricardo se volvieron sobre el año 1999 muy populares en el Camping El Pinar, la Quebrada de zonda, el Parque Faunístico y hasta en carreras de bicicleta donde el puesto de la familia Villala nunca estaba vacío.
Cuando Diego y sus hermanos, Marcos y Jimena, alcanzaron la mayoría de edad, conociendo la receta como la palma de sus manos, apostaron al negocio familiar, y comenzaron a elaborar sus propios churros. “Hoy en día mis hermanos mayores tienen su pequeña fábrica, mis padres la suya de toda la vida y yo desde hace 6 años la mía ubicada en Villa Obrera llamada “Churros Diego”. Son 30 años de historia con el clásico churro con dulce de leche y la misma receta”, comenta con orgullo.
Con una larga trayectoria en el rubro, cuando se enteraron del festival junto con su esposa no dudaron en inscribirse. Sabían de cierta manera que el producto que elaboran con pasión, dedicación y mucho cuidado se encontraba a la altura de una competencia. Y lo estuvo.
Con una presentación diga de aplausos, la cocción en su punto ideal, un sabor inigualable y una textura digna de premiar, resultaron ganadores del festival. Al respecto Diego asegura que tenían una buena corazonada al momento de participar, ya que no solo vivieron cada instante del festival de una manera especial, sino que además hubo una dedicación particular al momento de la elaboración, siendo clave en la evaluación.
“La enseñanza que nos deja esta experiencia es que todo lo que uno hace con constancia y dedicación a lo largo de la vida tarde o temprano llega si o si la tan esperada recompensa”, reflexiona Diego, orgulloso de lo logrado y de poder compartirlo en familia.