Bitácora de una aventura a pedales: los cicloviajeros sanjuaninos alcanzaron los 1.000 kilómetros en su viaje a Alaska
Kilómetros más, kilómetros menos, Federico Elizondo y Nicolás Marinero ya están (por así decirllo) a un millar de kilómtros de su punto de partida, aquel 27 de diciembre, cuando iniciaron su aventura a pedal desde San Juan. Caminos alternativos, senderos rurales y rutas secundarias se presentan en el andar para descubrir paisajes nuevos, cosechar amistades.
Kilómetros más, kilómetros menos, Federico Elizondo y Nicolás Marinero, los Tumanos Cicloviajeros ya están (por así decirlo) a mil kilómetros de su punto de partida, aquel 27 de diciembre, cuando iniciaron su aventura a pedal desde San Juan, con destino final en Alaska. Este domingo, los cicloviajeros sanjuaninos llegaron a San Fernando del Valle de Catamarca, marcando un hito simbólico en un viaje que, viajando por ruta, no supera los 500 kilómetros hasta ese punto, pero que se transformó en una travesía mucho más extensa.
La elección de caminos alternativos, senderos rurales y rutas secundarias se volvió parte esencial del viaje. Esos recorridos, a veces planificados y otros surgidos sobre la marcha, estiraron la distancia y los llevaron a conocer rincones poco transitados. Así pasaron por distintos puntos de La Rioja y Catamarca, como San Blas de los Sauces, Andalucas, Londres, Belén, y también por sitios históricos como las ruinas del Shincal de Quimivil. Cada kilómetro sumado fue una oportunidad para descubrir paisajes nuevos, cosechar amistades en el camino y, por supuesto, comer algo rico. Por su puesto, sus camisetas de Sportivo los acompañan.
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Ya instalados en la capital catamarqueña, contaron: “Nosotros estamos acá en Catamarca. Hemos parado a almorzar en San Fernando, se llama el pueblito”, dijo Fede a Tiempo de San Juan.
Ya pasaron por Londres, en Belén, visitaron las ruinas del Shincal de Quimivil. Llegaron esta semana a la provincia, después de haber estado en Andalgalá, que es en San Blas de los Sauces, en La Rioja, el límite con Catamarca. Ese recorrido formó parte de una etapa marcada por el calor y la planificación cuidadosa de cada jornada.
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Una reciente lluvia les hizo suspender una salida, lo que hasta el momento no había ocurrido por un clima amable, generoso para el pedal, con algunos momentos algo complicados. “La verdad que lluvias fuertes no hemos tenido, no hemos tenido lluvias pedaleando, eso ha sido bueno”, relataron días atrás.
Recordaron que al salir de Huaco una tormenta no llegó a alcanzarlos y que las lluvias posteriores en Villa Unión y San Blas de los Sauces fueron leves. Sin embargo, el calor sí condiciona la rutina: “Estamos pedaleando desde las 7 de la mañana y generalmente estamos llegando tipo 1 o 2 y media al destino, porque la siesta está infernal”.
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En cuanto a la logística, los sanjuaninos explicaron que eligen los puntos de descanso con anticipación. “Vamos por lugares que ya más o menos tenemos vistos o que vemos por aplicaciones donde se puede acampar. Tratamos de llegar a lugares donde hay ríos o algún agua para poder refrescarnos”, contaron.
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En ese momento arranca la rutina diaria: “Intentamos levantarnos bien temprano para armar todos los bolsos en la bici y salir. Ahí hacemos un desayuno dentro de todo tranquilo, con frutas, con dulces, cosas así, para que nos den energía”, explicaron. A lo largo del día realizan paradas estratégicas para recuperar fuerzas antes de retomar el pedaleo.
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La alimentación se transformó en un aprendizaje central durante la travesía. “Un par de horas más frenamos a descansar, comemos un poco más, a veces tomamos unos mates y después siempre en el almuerzo o en la cena vamos variando, vamos variando con proteínas o con hidratos”, detallaron. Esa experiencia les dejó una enseñanza clara: “Hemos aprendido bastante, la verdad, porque los días que no nos alimentamos bien se sintió en el rendimiento arriba de la bici”.
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El aspecto mental también ocupa un lugar clave en el viaje. “La voluntad es lo más fuerte que tenemos, tal vez hasta más que lo físico, porque es una meta que queremos lograr”, aseguraron. Esa convicción les permite adaptarse al ritmo diario. “Planeamos la ruta y decimos: hoy vamos a hacer 20 kilómetros, o 100 kilómetros, o 150. Es parte de la voluntad de estar viajando y acomodarse a lo que hay que hacer en el día”, explicaron.
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Con el correr de los días, lograron establecer un ritmo sostenido. “Venimos alimentándonos bien para poder hacer la cantidad de kilómetros que estamos haciendo, debe ser aproximadamente un promedio de 80 kilómetros diarios”, señalaron. Bitácora de los primeros 1.000, kilómetros más, kilómetros menos.
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Con una carpa técnica preparada para soportar lluvias y largas jornadas, y con la experiencia que ya les dejó el primer millar de kilómetros, Fede y Nico celebran este avance sin perder de vista el objetivo mayor. El camino hacia Alaska todavía es largo, pero desde Catamarca el desafío continúa fortalecido por la experiencia acumulada. Cada desvío, cada sendero y cada pedaleo refuerzan la convicción de que la aventura no se mide solo en distancias, sino en todo lo que se gana en el trayecto.