Más o menos con la misma intensidad, una problemática que parece estar enquistada en San Juan sale a la luz temporada tras temporada. Se trata de la costumbre de arrojar todo tipo de basura a los canales, una situación que se hace visible cada invierno, durante la monda y limpieza de los cauces, y que provoca diversas consecuencias negativas para toda la comunidad. Ahora, mientras se trabaja en conjunto para retirar los residuos, distintas reparticiones se unieron en la búsqueda de una solución a futuro y diagraman un plan para concientizar a la población.
La postal se repite cada año: en plena limpieza de los cauces, la basura se acumula en cantidades alarmantes. Esta semana, el Departamento de Hidráulica, junto con la Secretaría de Ambiente y los municipios de Rivadavia y Chimbas, retiraron 350 toneladas de residuos del canal Benavídez, entre ellos pañales, plásticos, electrodomésticos, colchones, neumáticos, ramas y escombros. En el canal Céspedes, que distribuye agua hacia Pocito, Sarmiento, Rivadavia y Rawson, se espera un volumen similar.
El operativo especial de limpieza y desbanque se realizó en tramos clave de estos dos cauces troncales del sistema de riego del Valle de Tulum, con el objetivo de optimizar la conducción del agua para riego agrícola, prevenir desbordes y proteger la salud pública. Sin embargo, el foco ahora está en atacar el problema de raíz: la costumbre arraigada de arrojar basura a los canales.
Al respecto, el subsecretario de Residuos de la Secretaría de Ambiente, Santiago Ceballos, manifestó: “Hemos trabajado en conjunto entre estos organismos e involucramos también al Ministerio de Seguridad, puntualmente a la Policía Ecológica, para saber con qué recursos contamos y tratar de solucionar esta problemática”.
El funcionario expresó que el principal desafío es el cambio de hábito de la comunidad en general y, en particular, de los vecinos que viven en zonas linderas a los cauces, especialmente en los sectores iniciales del Benavídez y el Céspedes.
“Fuimos determinando eso junto con Hidráulica y consultamos a la Policía Ecológica cuál es el rol que pueden cumplir. Ellos nos explicaron que solo pueden intervenir si encuentran a una persona en flagrancia, es decir, en el momento en que arroja los residuos. Y eso es difícil. Contamos con las leyes necesarias para actuar, como la 11.114, que estipula desde multas hasta intervención policial. Pero es una situación muy compleja, porque uno ve la basura, pero como el agua se la lleva, no se puede saber de dónde partió ni quién la tiró”, detalló Ceballos.
En ese contexto, indicó que lo primordial es explicar a los vecinos las consecuencias de esta acción. Por un lado, perjudica la distribución del agua, “un recurso tan importante y que escasea en los últimos años en la provincia”. Por otro, “genera una contaminación terrible, no solo en las zonas aledañas a los cauces, sino también en las plantaciones regadas con esta agua, de la que sale la producción que consumimos todos”, sostuvo.
Además, acentuó: “Todo lo que se lleva el agua no desaparece, sino que termina reuniéndose en un punto crítico. Lo que se arroja al canal Benavídez termina en la calle Almirante Brown, donde hay una rejilla. Lo que pasa de allí sigue hasta las cercanías del barrio Cabot, y finalmente todo desemboca en Santa Lucía y 9 de Julio. Estos departamentos terminan recibiendo la basura y, por ende, el producto contaminante de Rivadavia, Capital y Chimbas. En el caso del Céspedes, la basura se acumula principalmente a la altura de Calle 7 en Pocito, que distribuye agua hacia Pocito, Sarmiento, Rivadavia y Rawson”.
La tarea actual y la búsqueda de una solución a futuro
La intención de las autoridades es trabajar en conjunto en un plan de tratamiento de basura y concientización. Ceballos aseguró que, “en este caso lo hicimos para realizar la limpieza, pero la idea es continuar trabajando para evitar que esto suceda. Por ejemplo, en el caso de Rivadavia se pidió que el acercamiento a los vecinos con una campaña para generar conciencia, que desarrollaríamos en conjunto. Por otra parte, se solicitó que, si hace falta, se incremente la tarea de recolección de residuos en algunas zonas y el retiro de escombros en un día en particular. Es decir, el desarrollo de tareas en la búsqueda de resolver el problema, y que el vecino no tenga por qué tirar los residuos en el otro lado que no sea el que corresponde”.
Otra de las medidas que se implementará es la colocación de cartelería que indique la prohibición de arrojar residuos a los cauces, junto con una campaña de difusión masiva para exponer el grave problema ambiental que genera esta acción y la importancia del cuidado del agua.
“Pedimos encarecidamente a la gente que nos ayude. Siempre se habla de la posibilidad de entubar los canales, pero para esa obra se necesitaría una inversión enorme, debido al tamaño de los cauces. También se habla de enrejarlos, pero aun así serían soluciones parciales, porque si no se concientiza a la población, el problema continuará a partir del punto donde finalice el entubado o el enrejado. La clave sigue estando en educar, generar conciencia y lograr un cambio de hábito”, subrayó Ceballos.
Embed - El eterno problema dela basura en los canales sanjuaninos
Para finalizar, sostuvo: “Esperamos que, en un futuro cercano, cuando se realice la monda, no nos encontremos con tantos residuos, porque la cantidad es impresionante y su impacto ambiental, realmente importante”.