Hubo la semana pasada una cena en Capital Federal que podría ser reveladora sobre algo que sucederá en el futuro inmediato. De un lado, el ex gobernador y actual senador Sergio Uñac y del otro el juez federal Ariel Lijo. No estuvieron solos, había con ellos un par de allegados que comparten la rosca de lo que ocurre en la Justicia Federal. Ninguno ajeno al momento político y a la inminencia de novedades.
Tampoco fue el primero, ni seguramente será el último encuentro entre ambos. Se conocen desde hace años: Uñac invitó a San Juan siendo gobernador al cortista Ricardo Lorenzetti con el secreto –luego defraudado- interés de ver avalada su postulación para un tercer mandato, que como todos saben ocurrió al revés. Lorenzetti no es un cortista vulgar, sino el más atraído por el arte de la ocupación política de los casilleros del poder. Y Lijo es un integrante meritorio de la misma escudería. En ese rol acompañó a su señoría junto a su poderoso hermano en su gira por las provincias. San Juan incluida.
Lo que sí llamó la atención en observadores políticos es que esa vieja relación Lijo-Uñac reverdezca justo ahora que se está relanzando la designación de jueces federal en todo el país. Entre ellos, el estratégico sillón del juzgado federal Nro. 1 que hace dos años dejó vacante Miguel Gálvez y que regula no sólo a la justicia electoral sino todos los contenciosos civiles del fuero. AFIP incluida.
Podrá comprenderse fácilmente entonces el valor del sillón en el disciplinamiento político provincial. Un espacio que será cubierto por afinidades políticas más que por mérito, capacidad o talento, si es que se permite defraudar al lector bienpensante. Como ya ocurrió con Gálvez, quien saltó directo desde su banca escobarista en la Legislatura a tan delicado despacho poco tiempo después de que estalló el escándalo Torraga, cuando se designó a su entonces compañero legislativo Leopoldo Rago Gallo para la causa penal que operaba como brasa entre las manos y hubiese sido imposible de controlar con el juez federal en San Juan de entonces, que era Julio Correa, destituido años después para ingreso de Gálvez a este juzgado clave.
Ahora que Gálvez optó por la rara avis judicial de pasar a retiro con edad jubiliatoria –algo que muy pocos magistrados cumplen- volvió a agitarse en avispero político por la sucesión. Que está en marcha desde hace dos años y ya tiene terna designada por el Consejo de la Magistratura desde diciembre de 2024. Pero que no se movió desde entonces, ante la falta de entendimiento político. Hasta ahora.
¿Y qué ocurrió para que ahora resulte inminente esa designación? Dos cosas: la primera, la rotunda elección libertaria en octubre del año pasado que reformateó el equilibrio de poderes en el Senado, que es el cuerpo que presta acuerdo a los jueces. El mileísmo pasó de una minoría de 8 senadores a controlar una suma cercana a los dos tercios (48) entre propios y allegados, que le permitiría designar cortistas (hay dos vacantes), procurador (también interino), y hasta reformar la Constitución. Para designar jueces no hace falta dos tercios sino mayoría simple. Y hay 209 ternas esperando en todo el país.
La otra cosa que ocurrió es la llegada al Ministerio de Justicia de Juan Bautista Mahiques, que antes de ser ministro reportó como procurador porteño (lo sigue haciendo, con licencia por las dudas). Y que guarda en sus alforjas una larga tradición en la rosca judicial, a la que llegó por vía del macrismo junto a su padre, Carlos Coco Mahiques, a quien algunos colegas llaman el “boxindanga”. Coco acumula un master en la digitación de los resortes políticos y judiciales: consiguió el mes pasado que el propio Milei le firmara la habilitación justamente para no pasar a retiro jubilatorio de la sala de Casación que integra. Justo ahora que se mueve el banco de recambio.
Coco y su hijo Juan Bautista manejan un amplio espectro de contactos, según cuentan editorialistas nacionales como Carlos Pagni en La Nación o Diego Genoud en El Destape. Entre ellos, el omnipresente y cada vez más relevante Daniel "Tano" Angelici. Y Ricardo Lorenzetti, nada menos que el cabecilla del equipo que integra Lijo, interlocutor habitual de Sergio Uñac.
Relatan esas fuentes porteñas que en la reciente asunción del nuevo ministro, los jueces federales cercanos a Mahiques recibieron la sugerencia de no figurar de cuerpo presente en la Rosada, como sí lo habían hecho en la asunción en el cargo porteño. Entre ellos, Ariel Lijo.
La llegada de Juan Bautista ha desatado una carrera del tiempo en la agitación de postulantes a jueces porque es entendida de manera unánime como un gesto de Milei para ocupar de una vez por todas esos casilleros vacíos. El momento es ahora, por la composición parlamentaria y la llegada al ministerio de un hábil intérprete de esos códigos. Es el Ejecutivo el que debe enviar las ternas al Senado, con recomendación en el margen, en lápiz pero siempre eficiente.
Allí es donde cobra relevancia la oxigenación del contacto entre Uñac y Lijo que ya había reverdecido cuando el juez federal fue propuesto por Milei a la Corte y se ligó un planazo en la cara. No era el momento, como sí lo es ahora. En ese momento, el senador sanjuanino no se ahorró gestos en sugerir que su voto sería a favor de Lijo, aunque su bloque peronista (y el kirchnerismo más rancio) lo hubieran rechazado.
Ahora podrá pensar que es su momento de pasar por ventanilla, y motivos para suponerlo no le faltan. Siempre tuvo Uñac un vínculo directo lubricado con el fuero en la Provincia, ahora se suma cierta orfandad libertaria en esas artes de tocar esas teclas. Mantiene una relación oxigenada con LLA por intermedio del jefe de tropas en San Juan, el diputado José Peluc, que se inició hace varios años –le valió a Peluc el destierro en la escena entonces opositora a Uñac- y que aún mantiene vasos comunicantes.
Hoy San Juan tiene tres senadores, Uñac y Celeste Giménez Navarro por el PJ, más el libertario Bruno Olivera. A nadie le resultaría una locura encontrarse con un pleno de sanjuaninos en una eventual votación en el recinto por el pliego de los jueces, si el candidato surgiera de ese entendimiento. Uñac ya no forma parte de la comisión de acuerdo, como lo hizo hasta el año pasado, pero ya no hace falta. El nuevo número mágico impone condiciones políticas diferentes y los vientos partidarios parecen moverse en el mismo sentido.
Si esas especulaciones resultaran ciertas y el postulante sanjuanino a juez federal surgiera de esa probeta, entonces hay quien pica en punta. Es Gabriel Recio, el número uno de la lista, con lazos tirados hacia el uñaquismo y también hacia LLA. Un pleno en términos políticos. Es hijo de un recordado operador de la justicia sanjuanina, protagonista de que hoy podría leerse como una verdadera minucia.
Luis Recio fue desplazado de la secretaría de la Corte, acusado de adelantar el resultado de un examen de ingreso a una aspirante en 2005. En ese entonces, hacían más ruido en la Corte sanjuanina los secretos de los que podría haber dispuesto sobre la vida personal y pública de los entonces señorías, que cualquier desprolijidad metodológica. Como hoy ocurre de manera idéntica con su sucesor, Javier Vera.
Con todo lo que pasó en estas últimas dos décadas, en especial en el manejo de los ingresos de hijos, entenados, allegados y demás etcéteras a los cargos judiciales manipulados bajo el artificial paraguas de los concursos, deja a aquella conducta de Luis reducida al tamaño de un yuyo. Otros tiempos.
Gabriel no es el recuerdo de su padre sino un actual funcionario judicial sobre quien todas las fuentes hablan bien, lo que no es demasiado usual. Cuenta además con la buena perspectiva que se viene armando en el microclima político. Y ocupó el primer casillero en la terna, que ahora debe enviar Mahiques con sugerencia incluida. Todas las flechas lo apuntan.
Junto a él en la terna aparece Gemma Guillén, designada defensora oficial en 2020 por el gobierno de Alberto, quien ya no depara ningún recuerdo. También una funcionaria sobre la que no pesan quejas, y a quien injustamente se dispensan comentarios sobre sus vínculos. Una injusticia para para una mujer, que no ocurre en general con los varones, eso de andar cargando pesos ajenos por el consorte (o ex).
El tercero es un mendocino, Gonzalo Gassull. También de aceitados vínculos con la política de LLA pero no por el lado sanjuanino sino por el mendocino del gobernador Alfredo Cornejo. Ser mendocino en San Juan no tiene un peso irremontable, ya pasó con el fiscal Maldonado. ¿Se atreverá el mileísmo a poner un mendocino en un cargo tan relevante? Ya ocurrió. Y si lo vuelve a hacer, será por la misma vía.