Para los buenos lectores de indicios políticos, señala claramente la historia reciente que lo que ocurre a nivel nacional no demora demasiado en impactar en San Juan, con contadas excepciones: si gana Menem allá, gana Escobar acá; si allá aparece De la Rúa, acá Avelín; si toma en timón Duhalde-Kirchner, acá lo recoge Gioja-Uñac; si sopla el cambio Milei-Macri, acá se traduce en Orrego, tal vez Peluc. Hasta Alberto en su fugacidad dispuso de una estrellita local con brillo de pocos minutos.
Siempre la polea se mueve de arriba hacia abajo. Lo primero que ocurre es el clima de época nacional, luego llega más temprano que tarde como un viento ineludible a los rincones más lejanos. Delicias de un país hiper centralizado en la metrópoli porteña, cada vez más pronunciada. Capaz de hacer posible el milagro de que un vecino de Pocito se levante sobresaltado por una hipótesis de inseguridad porque vio una salidera en el conurbano, o que otro vecino de Santa Lucía salga con paraguas porque vio el clima por TN.
Por eso es que los fenómenos porteños aterrizan con tanta facilidad en el territorio, y un Chacho Álvarez cualquiera hace que en San Juan tomen cuerpo sus delegados locales, imponiendo un factor decisivo sin mayor mérito que el de detentar la delegación regional.
Ante esta evidencia ineludible es que aparece el recuento de lealtades sanjuaninas hacia figuras nacionales, con algunos casilleros vacíos. Con Milei en el pináculo, no extrañaría que arrastrara decisivamente a su traducción local, que será quien diga José Peluc. O que se produzca un caso que no resultaría fuera de fórmula, como el impulso de Orrego escoltado por la escudería libertaria.
Del lado del peronismo parece claro. La gente de Gioja apuesta sin disimulos al casillero de Kicillof y sus alternativas (Quintela?) de peronismo más combativo. La de Uñac, buenas migas con Cristina, que hasta acá es una cosa distinta del bonaerense, y una flecha apuntando a competidores afines, como Massa. La representación de Grabois está más que clara: la UNSJ y su planta jerárquica. También la del cordobesismo, vertiente pejotista ma non troppo que no deja de mirar el tablero nacional para pegar el salto: Emilio Baistrocchi.
¿Y Pichetto?, ¿es razonable preguntarse por Pichetto? La realidad es que se trata de un dirigente que nunca ocupó el centro del ring, que tuvo sus desperfectos técnicos para operar la frecuencia peronista cuando acompañó a Macri como vice, y que garabatea un discurso apenas opositor salpimentado con habituales dosis de los dadores de gobernabilidad que facilitan el ejercicio de poder de Milei.
Tanto como eso, también es cierto que el hombre acumula considerables atributos. Nadie puede negarle fidelidades integristas, alcanza con recordar aquel párrafo que le dedico a Cobos en la madrugada de la 125 en la que le pidió que hiciera lo que tuviera que hacer, resistiendo en nombre de CFK a pesar de su aparente propia convicción. Era el mismo Pichetto que ahora en su modo de ver el peronismo: más duhaldista él, poniendo su atributo de rosquero a disposición de la expresión del momento, la de Néstor y Cristina.
Tampoco se le puede negar condición de oportunista. Entiende que habrá una puerta entreabierta si se le queman los papeles a Milei, y que la puerta de salida aceptable para eventuales desencantos ciudadanos no pinta para que sea el regreso a las primeras figuras de la historia reciente: CFK, Kicillof, Grabois o Massa.
Le agregó audacia al pedir una reunión con la detenida ex presidenta, que ella favoreció aunque sin foto. A cuyo término imprimió el teorema de “los peronistas debemos perdonarnos”, sin determinar astutamente quién debe perdonar a quién.
Pero lo más importante que puede ofrecer este banfileño devenido en rionegrino y viceversa es su perfil político. Sólo él –mínimamente también un tranco Massa- puede hablarle a un sector al que el kirhnerismo no llegará jamás: el peronismo no K. Una especie que supo estar en extinción, pero que ahora marcha en virtual reproducción al mismo ritmo en que proliferan los repentina -y asombrosamente en muchos casos- no representados por Cristina.
¿El sueño húmedo? Llegar a un mano a mano con Milei en eventual ballotage y forzar al espacio progre a optar por el mal menor. ¿Las herramientas? Cierta llegada al círculo rojo impropia de otros espacios peronistas, el diseño del humor social refractario a experiencias anteriores resonantes, y el concurso de algunos agitadores peronistas eficientes.
Como Guillermo Moreno, todo un ícono en la estereotipación del pasado y en imagen asociado a ese tramo histórico cancelado por el grueso de la opinión pública. A pesar de eso, dueño de una verborragia picante para el encendido del discurso peronista profundo, apuntado al compañerismo tradicional pero simpático hacia el resto de los habitantes del espacio. Progres incluidos, pese a su prédica en contra. No tiene Moreno estructura pesada en San Juan, un grupo de entusiastas de poco impacto electoral es portador de su bandera.
En ese eventual escenario de mano a mano con Milei se tienen fe, con motivos atendibles. El actual presidente se siente cómodo confrontando con cualquier expresión de la década pasada, ya sea Axel, Grabois, incluso Massa o cualquier cristinista. Se debería preocupar si se le para enfrente alguien que come del mismo plato, el peronismo no k y puede conservar el favor progresista sólo por ser el menos peor.
Claro que no será fácil quedar mano a mano con Milei. Antes deberá liberar con éxito batallas adentro de un aparato, el peronista, que no domina ni por asomo. Y salir vivo de los debates puristas en los que le adjudican contactos indigeribles para ese peronismo militante. Como con la vice Victoria Villaruel, efectivamente existentes y que para él son más un mérito que una debilidad.
Será, para el caso, una moneda que gire el aire hasta que el tiempo y los humores que éste deje pasar reconfiguren el espacio político nacional. Si lo hace de su lado, vale preguntarse entonces quién levantará en pala los beneficios sanjuaninos de esa antorcha. Como ya lo hicieron en el pasado reciente los que hicieron una apuesta a caballo ganador, sin garantías, y se sacaron la grande de la mano de su referente nacional: Escobar, Gioja, Avelín, Uñac.
Esa entente Pichetto-Moreno podría generar marejada, tanto dentro como fuera del PJ. Adentro, ante el reconocido olfato acomodaticio de quienes eventualmente comiencen a verla venir. Del lado de Gioja hay madera y afinidad con Pichetto, desde los años de compartir banca en el Congreso y hasta luchas en nombre de Néstor. Por qué no pensar que puede funcionar para volver a la cima del partido local sin necesidad de más trámite. Aunque ya parece el giojismo escoreado hacia Kicillof (el giojista Juampi Gómez acomodado en la mesa de conducción del gobernador bonaerense), el mundo sigue dando vueltas.
Por el lado de Uñac, las fichas nacionales están puestas en….Uñac. Pero claro, si CFK acuerda con el tándem Pichetto-Moreno, por qué no ellos también. Hasta podría nacerle el instinto de pichettista de la primera hora si hicieran florecer algún brote hoy subterráneo. En el PJ, nadie se suicida.
Y luego está el eje libertador (del pasado) integrado por el rawsino Munisaga y el Fabián Gramajo, una unión ocasional algo macillada por la interna chimbera pero que se mantiene latente ante la imperiosidad de ambos de sacudir el mantel. Qué mejor para ellos que hacer ingreso portando bandera ganadora, para lo que una eventual irrupción de Pichetto sin dueño fijo local sería una oportunidad de oro.
Quedaría por ubicar en este tablero imaginario a las afinidades de primera hora, más de Moreno que de Pichetto, alguna célula muerta del macrismo que cobre vida repentina, alguna pieza en desuso del menemismo noventista en la provincia. Todos ellos factores a no despreciar si es que la dinámica inesperada de la política argentina vuelve a dar un volantazo que nadie pudo prever. Otra vez.