Que Alberto Fernández ha resignado ya su rol como mandatario nacional, aunque formalmente siga siendo el Presidente, es algo de lo que pocos dudan.
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SUSCRIBITEQue Alberto Fernández ha resignado ya su rol como mandatario nacional, aunque formalmente siga siendo el Presidente, es algo de lo que pocos dudan.
Primero cedió periódicamente a las embestidas y retos de Cristina Kirchner, y ahora dejó directamente la toma de decisiones fundamentales al albedrío de Sergio Massa, el nuevo superministro que resume en su puño casi todo el poder político del oficialismo nacional.
Se auguraba para él un rol puramente protocolar, y hasta en su círculo más íntimo, se lo soñaba, de máxima, inaugurando obras por el país, con respuestas de ocasión, y cierto protagonismo en la política exterior, pese a su desacertada política de aliznas internacionales, en favor de China, Rusia, Nicaragua o Cuba, contra Estados unidos y Europa.
Pero si ese protagonismo va a ser el que tuvo en Colombia, durante la asunción de Gustavo Petro, podría limitarse solamente a los cortes de cinta.
Varias fotos mostraron al Presidente totalmente dormido, mientras el flamante presidente colombiano les tomaba juramento a sus colaboradores.
Las imágenes volvieron a poner en el tapete no sólo la capacidad de gestión del Presidente sino su capacidad física para llevar adelante lo que le queda de gestión, aún apartado de la toma de definiciones trascendentales.
