Nunca le gustó al mandatario el sistema, le desconfió en la intimidad hasta último momento en 2023 suponiendo que la unión de fuerzas entre Uñac y Gioja contra él sólo pudiera desbordarlo. No lo hizo: aún con ese esquema que el orreguismo considera atentatorio contra la voluntad popular, pudieron asomar cómodamente la cabeza. Un entramado que había sido diseñado sobre el campanazo por el entonces gobernador Uñac con la perspectiva de que lo beneficiara en el año político de recambio, facilitando una imposible mimetización con un giojismo con el que se peleaba en público pero se entendía en privado.
Incluso Gioja fue quien apeló judicialmente la reforma de emergencia dispuesta por el poderío del número de dos tercios de los entonces diputados de Uñac. Luego compartieron casilleros y las críticas de Gioja bajaron el volumen, tanto en los medios como en tribunales.
No fue suficiente para dar continuidad al peronismo. Marcelo Orrego prometió en campaña y mantuvo una vez vencedor que el sistema no sirve. Especialmente, porque es capaz de coronar a quien no sacó la mayor cantidad de votos. Pudo haberle ocurrido a él, no pasó. Sí en algunos departamentos, como 9 de Julio.
Más allá de esa convicción, hay también motivos de estrategia en la decisión. El peso del interés de quien decide. Y entre todas las variantes posibles de ser dibujadas en cualquier mesa de arena, la de implosionar al peronismo se impuso como la más tentadora en el oficialismo provincial.
Sucedería, calculan, si fuerzan a todo el mundo a una definición interna y por sus propios medios. La consigna se vende sola: no es la ciudadanía la que debe solucionar las diferencias internas de nadie, ni por Lemas (Sipad) ni por Paso, lo que agrava el asunto porque requiere un turno electoral adicional. Entonces, cada uno deberá arreglársela como pueda: equivalente a decir que quien no tenga liderazgos firmes que puedan acomodar la tropa, deberá resignarse a las rebeliones, las guerras de nervios, las operaciones y –por qué no- a las fugas.
Sale fácil el cálculo: los únicos dos que disponen de ese disciplinador son el orrreguismo y LLA. Para el oficialismo provincial es más fácil que nadie. Si bien lo conforma un abanico variado de partidos y extracciones, el ejercicio del poder convierte a Orrego en una voz ineludible. Se hará su voluntad, siempre con contemplaciones y sensibilidad de no estar estirando demasiado la cuerda.
El único intríngulis que tiene por delante será si coronar o no la relación con Milei con una fórmula electoral compartida. Pueden ser ambas cosas, depende de qué día del año uno se lo pregunte. Comparten clientela, es decir que pescan en la misma pecera. En el oficialismo provincial parecen inclinados a avanzar, pero dependen no sólo de su voluntad sino de la disposición presidencial de apoyar a Orrego, de la lista de requisitos que eventualmente pidan para hacerlo.
Alguien en ese espacio olfatea que alguna media palabra hay. Se verá. Lo peor que puede pasar es enfrentarse y disputarse el mismo electorado. En tal caso, Milei también tiene músculo para definir por propia voluntad sin consultar a nadie más que a su hermana Karina: el diputado José Peluc.
El problema lo tendrá el peronismo, con la diversidad de liderazgos, oráculos, sabios de consulta, proyectos emergentes, funcionarios esperando recambio, interpretaciones surtidas de la palabra y la obra de Perón, entre otras variantes. Hay uñaquistas, hay giojistas (las dos columnas vigentes), hay desgajamientos de ambos (Cristina Andino, un producto de la cantera uñaquista de busca de antonomía que ahora buscan sofocar), hay intendentes de alto perfil político y generacional (Munizaga) y ramas del querer (Chimbas te quiero) donde se termina el amor.
Cada una con su fortaleza, sus fichas en un ajedrez tenso y delicado: Gioja con su impronta, Uñac con su poder territorial, Andino, Munisaga y Gramajo con su plegaria de renovación. Cómo convocar a un plenario de definiciones sin que nadie se retire caliente, he ahí el gran acertijo.
Porque si se aprueba el nuevo proyecto, no habrá salvavidas para el peronismo en su intento unificador: ni Paso, ni Lemas. Es decir que los mecanismos serían o una interna (abierta o cerrada, lo decide el partido), o un dedazo. Hubo de las dos en los últimos años, en las dos corrió sangre.
En la interna para la conducción del partido con la que Uñac desafió y derrotó categóricamente a Gioja, no sólo bordeó el papelón la cantidad de votantes en un día con más colectivos que militantes, sino que profundizó la grieta. Y en la reciente decisión del candidato a diputado el año pasado, obrado por el brazo uñaquista que controla el partido y coronó a Andino por encima de un Gioja que volvió a quedarse con gusto a pólvora.
Cualquier reedición de alguno de esos eventos para alumbrar un candidato a gobernador sobre fin de este año no ofrece garantía de mantener la unidad al día siguiente. Por portazo, por enojo o por fractura, cualquier resultante sería música para los oídos del oficialismo.
¿Tiene el gobierno el número para imponer su modificación? Aparentemente sí, pero habrá que definir qué es lo que se requiere. Cuando a fines del 2022 el uñaquismo modificó el sistema e impuso la SIPAD contó con más de dos tercios, porque lo que estaba haciendo era modificar el Código Electoral para permitía modificar los plazos. Ahora que es una ley que reemplaza a otra ley, la interpretación predominante es que hace falta mayoría simple de votos.
Eso da una cifra de 18 que el oficialismo puede reunir sin inconveniente, como lo viene haciendo: los 12 propios, el libertario Patinella (lo cuentan cercano), el filo peronista de Angaco y los 4 bloquistas. Aunque en este caso, con la cautela de un partido conocedor de roscas y mañas, de subirse el precio en las delicadas, aunque forma parte del oficialismo.
Si hiciera falta, no sería una locura tentarse con negociar con los más favorecidos por el sistema. Lo dicho, la sartén por el mago en el PJ quedará indisimulablemente en manos de Uñac si se plasma el nuevo dibujo: controla el aparato partidario para una interna cerrada vía intendentes, y controla el Consejo del partido si se redujera a esa pulseada. Por qué no pensar que el ex gobernador pueda favorecer la aprobación.
Eso para la rosca. Habrá también un condimento para la presentación en sociedad, que se mantiene bajo 7 llaves hasta acá: un intento de encuadrar como delito cualquier alteración mediante el uso de Inteligencia Artificial para difamar candidatos. Una especie que llegó para quedarse, prácticamente imposible de controlar, menos de bajar el martillo en sede penal. Pero que queda bien combatir.