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La vikinga peronista que dejó San Juan y llegó al Congreso

Florencia Ficcardi pasó de la conducción de la Federación Universitaria de San Juan a la Cámara de Diputados de la Nación, donde trabaja en los armados territoriales de Almirante Brown. Les puso el cuerpo a las convicciones heredadas de su padre. Los miedos de empezar a militar en "donde no se conoce nadie".

Por Natalia Caballero 15 de mayo de 2022 - 12:20

El testimonio de la madre de Plaza de Mayo Vera Jarach en una conferencia que ofreció en la Universidad Nacional de San Juan fue el clic final para que Florencia Ficcardi decidiera convertir su cosmovisión peronista en trabajo militante dentro de una organización. La dirigente sanjuanina fue la elegida del diputado nacional de Patria Grande, Federico Fagioli, para trabajar con él en el Congreso de la Nación. La decisión de pasar a las ligas mayores no fue fácil: en San Juan todo el mundo se conoce, no hay distancias geográficas que impidan lograr la familiaridad de lo cotidiano, ahora su labor militante en Almirante Brown es distinta. Cómo fue el camino recorrido por Florencia, una dirigente de 28 años que dejó la presidencia de la Federación Universitaria para arrancar otro camino.

La vikinga, como le apodó su círculo más cercano, es picante. Quizá la responsabilidad de ser la más grande de tres hermanos o los golpes económicos que sufrió su familia en el 2001 la convirtieron en una piba que tiene chapa de fuerte y determinada. Su padre es peronista, militó en la Juventud Peronista, pero dejó la militancia cuando ella nació. Alejarse de lo institucional no significó un corte ideológico. En la mesa de los Ficcardi siempre se habló de política. Y ella está contenta porque convenció a su padre, que pasó de ser un peronista solo de Perón a ser un peronista de Perón, Néstor y Cristina.

“Me considero y me siento parte de un todo, nunca me costó no encabezar, tiene que ver con construir la política con un sentido más grande que tu propia persona. Nosotros logramos una construcción muy sólida, para mí es muy grato cuando todos empujamos para que un compañero llegue y siempre me he sentido igual de parte”.

Florencia es mendocina pero no lo dice en voz alta –pues es eterna la rivalidad San Juan-Mendoza- pero se considera sanjuanina de pura cepa. Su familia recién llegada de Mendoza se instaló en Chimbas. Fue a la escuela Guillermo Rawson. En el 2001 tenía ocho años, pero recuerda nítidamente lo mal que la pasó su familia, que a duras penas llegaba a poner un plato de comida sobre la mesa. Al igual que millones de argentinos, la empresa en la que trabajaba su papá no les pagaba los sueldos a los trabajadores. Su mamá hacía fideos caseros para vender y ella copiaba en su cuaderno de tercer grado los textos de los libros que no podían comprarle.

Que la política haya sido un tema de conversación en un momento social del país en el que la gente pedía para que se vayan todos fue de algún modo un hito que marcó su infancia. Pensar en la política como herramienta transformadora de realidades colectivas fue poco a poco perforando su ADN.

Terminó la secundaria en la escuela Normal Sarmiento, una de las instituciones educativas públicas más prestigiosas de la provincia. Por esos días, su interés estaba depositado en conocer más sobre la historia de Evita y las Madres de Plaza de Mayo que por la militancia en una organización. Probablemente su primera decisión atravesada por la política fue la elección de la carrera universitaria. Eligió Trabajo Social. “Tiene una dimensión política importante la carrera, fue otro eslabón que me llevó a la política”, dijo.

Durante dos años no hizo otra cosa más que estudiar. Tuvo sus primeros debates políticos en las aulas de la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de San Juan, esas mismas aulas que después se convertirían en espacios donde sus compañeros la votaron para convertirse en la portavoz de las necesidades de los estudiantes.

Su experiencia como militante arrancó el 25 de mayo del 2014. Fecha patria y revolucionaria. Florencia recuerda todo con lujo de detalles, tiene buena memoria, la misma memoria que la transporta en el medio del relato a sus cinco años y sus primeros tarareos de la marcha peronista. El primer contacto fue un chocolate patrio y el segundo, el testimonio de Vera Jarach en el aula 29 de la facultad. Ese día quiso decir muchas cosas, pero no pudo, la emoción la atravesó. Por fin le había encontrado sentido a todo eso que tenía en la cabeza, en la memoria, pero principalmente en el corazón.

Así arrancó la militancia en la organización estudiantil Creando. Al poco tiempo tuvo una elección. No ganaron. “La política te quita vida”. La frase de su madre resonó en su cabeza. Pero no le sacó el cuerpo. Ya no había vuelta atrás. “El primer centro de estudiantes que ganamos fue en el 2017. Fue una de las victorias más importantes porque sentí que podíamos. Fue esa sensación de que con convicción le ganamos a la vieja forma de hacer política. Fue la primera vez que lo sentí tan claro”, detalló.

Después de ese triunfo en la universidad pública, después de experimentar como consejera directiva en la facultad de Ciencias Sociales, vino la oportunidad. Fue candidata a presidenta de la Federación Universitaria en un armado peronista en el que primó el lema “unidad hasta que duela”.

“Para nosotras todos los esfuerzos son doble, he sentido que ha sido doble porque he tenido que validar dos veces lo que decís y lo que haces. Yo sí quiero ser madre, no está en los planes más prontos y me imagino qué hago, cómo podría complementar, articular, para los compañeros sigue siendo mucho más sencillo”.

A “la Fiqui” le tocó el macrismo. Y también, según sus propias palabras, con las viejas formas de hacer política. “Me costó entender que podían dejarnos afuera a los estudiantes porque la conducción de la Federación era distinta a la propia, éramos la representación real de los estudiantes y nos rechazaban todas las propuestas. Me costó entender la idea de lo viejo y comprendí que había que discutir y disputar la Universidad Nacional de San Juan”, recordó.

Florencia formó parte de un armado que apoyó la candidatura de Mónica Coca en la universidad pública. La primera mujer con posibilidades reales de alcanzar un puesto de poder en San Juan. Dos años de una campaña interminable, con extensión de mandatos por la pandemia y la muerte de la candidata por coronavirus en diciembre del 2020 fueron golpazos, el último la exponía ante la incertidumbre de la muerte y de la vida misma.

Tras llantos y dolores, tuvo nuevo candidato: Tadeo Berenguer. El ingeniero ganó la conducción. El día del triunfo fue el punto final a su carrera militante dentro de la Universidad Nacional de San Juan. Terminó un ciclo.

“Grabois al que corre, lo corre con peronismo. Es un compañero que cuestiona desde la doctrina peronista, es un jugador necesario, cuestiona y reflexiona todo el tiempo, a la política le hacía falta Grabois”.

Soñar con una mujer en la conducción le mostró un aspecto de la política. El machismo. “Estuve en reuniones en las que nos dijeron abiertamente que le iba a costar mucho a Mónica ganar porque era mujer y conmigo he sentido que he generado mucha bronca porque los hombres no se bancaban que yo condujera, incluso muchas veces me han pasado por encima y han llamado a compañeros varones antes que a mí”, dijo.

Al mismo tiempo que militaba en la universidad, lo hacía en el movimiento Patria Grande, de San Juan. Fue en el cruce de estos caminos como conoció al diputado Federico Fagioli. Y de la mano de un porteño, como en el interior se bautiza a todos los nacidos en Buenos Aires, pegó el salto al Congreso. Trabaja como asesora del legislador de Almirante Brown.

De San Juan, de estar a un bondi de distancia de sus compañeros, pasó a la gran ciudad, donde las cosas se dicen aquí y ahora porque no sabés cuando “volvés a ver a los compañeros”. Dejar la vida de barrio y la protección que te da vivir en una ciudad chica fue toda una decisión. El que incidió fuerte para iniciar este nuevo desafío fue su padre, el mismo que le regaló el libro “La razón de mi vida” cuando era tan solo una niña. A su madre le costó más aceptarlo. Se le fue la confidente. La nena. La mejor amiga.

No hay militancia posible si no se aceptan las angustias y las contradicciones. Eso asegura Florencia cuando habla sobre el camino que la llevó a Buenos Aires. El territorio en el que quiere formarse. En el que quiere seducir a ese gran otro que le dio sentido a su vida.

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