Con 22 años de carrera judicial a cuestas y una trayectoria que comenzó literalmente en los pasillos del juzgado federal, Gema Guillén integra la terna para ocupar el Juzgado Federal N°1 con asiento en San Juan y, frente a una posible designación tras la asunción del ministro de Justicia, los postulantes cobran protagonismo. En ese marco, la sanjuanina que ostenta el lugar reconoce que el camino hacia el cargo no depende únicamente de los antecedentes profesionales, pero aun así se muestra dispuesta a dar la pelea para convertirse en la primera mujer al frente de un juzgado federal de primera instancia en la provincia.
A sus 50 años, casada y madre de dos hijos, Guillén asegura que su aspiración no está ligada a afiliaciones partidarias ni a respaldos políticos, sino más bien están vinculadas a su necesidad de afrontar nuevos desafíos en su aventura judicial. Así lo resume en diálogo con Tiempo de San Juan, en medio de un proceso de selección que comparte con Ezequiel Recio y Gonzalo Gassull.
Actualmente conduce la Defensoría Pública de la Nación en San Juan, cargo que asumió el 12 de noviembre de 2020. Desde allí, además de intervenir en materias civiles, tiene a su cargo la ejecución penal, una tarea que la lleva con frecuencia al Servicio Penitenciario y que, según dice, le permitió conocer realidades que trascienden la dinámica de un despacho judicial.
La historia profesional de Guillén está marcada por un comienzo humilde dentro del propio sistema judicial. Recién recibida, decidió apostar por la experiencia antes que por un salario. “Arranqué muy de abajo en 2004, cuando entré en el juzgado federal como meritoria, es decir, iba gratis. Llevé mi CPU y comencé a trabajar en un pasillo”, recuerda.
Con el tiempo, ese espacio improvisado se transformó en una oficina y luego en nuevas responsabilidades dentro de la estructura judicial. “De esos pasillos pasé a una oficina y después me llamaron de fiscalía. Ahí aprendí un montón. ¿Qué no hice? Hasta aprendí a coser expedientes”, cuenta quien confiesa que la institucionalidad fue un refugio donde encontró un camino de formación y crecimiento profesional.
En los últimos meses, la ternada se vio envuelta en uno de los juicios más mediáticos de la Justicia Federal y, sin dudas, ese fue uno de los momentos más exigentes de su carrera. Fue cuando fue designada para intervenir en la defensa de Luciano Ortego en la etapa final del juicio contra el exjuez federal Walter Bento, un proceso que se extendió por más de dos años.
La convocatoria la tomó por sorpresa y por ello reconoce: “Casi me da un ataque. Lloraba porque tenía que intervenir en un juicio de dos años y medio y tenía solo dos semanas para estudiar el expediente, pero salió bien al final”, relata. Guillén debió alegar en la recta final del proceso. Según recuerda, el resultado terminó siendo favorable para su defendido. “De 12 años que pidió la fiscalía, lo bajaron a 8 años y medio. Creo que fue el único al que le rebajaron la pena”, señala.
Aun con un recorrido consolidado en el Poder Judicial, Guillén admite que el tramo final de cualquier designación federal suele depender de factores políticos. “Quedamos librados al arbitraje. Yo ya pasé por ese proceso y por un lado se siente frustrante porque se demuestra que se tiene la capacidad, pero hay otras decisiones que median”, reflexiona.
La abogada reconoce que puede generar cierta decepción. “Admito que puede doler un poquito porque uno se preparó, estudió y se siente con la capacidad de ocupar el cargo, pero la decisión pasa por otro lado. Desconozco qué es lo que se valora desde lo político”, afirma. Sin embargo, ello no la desanima a golpear la mesa y hacerse notar.
En su caso, asegura no tener vínculos partidarios. “Desde mi lugar no tengo afiliación con nadie, porque lo que hice fue abocarme a la carrera judicial, que es lo que se espera de un magistrado: que sea ajeno a las disputas partidarias e ideológicas”. No obstante, admite que para quienes están en las provincias también es necesario visibilizar sus trayectorias. “Es importante hacerse conocer, para que sepan quiénes somos los que estamos a 1.500 kilómetros de distancia. Allá se conocen todos (Buenos Aires), cruzan la calle y van a las entrevistas; nosotros tenemos que viajar, entre otras cosas”, explica.
Sobre la designación que permanece en stand by desde diciembre de 2004, cuando el Consejo de la Magistratura de la Nación dio a conocer la terna, advierte: “Es ahora o nunca”. Es por ello que, en medio de los cambios en la composición política del Senado, con una mayoría oficialista, Guillén entiende que el contexto actual puede abrir un nuevo camino. “Es una oportunidad histórica. Más allá de que uno esté de acuerdo o no, el año que viene es electoral y otra vez se frena todo”, sostiene.
Más allá de la comodidad que reconoce tener en su cargo actual, la posibilidad de llegar al juzgado federal representa para ella un nuevo desafío. “La verdad que me encantaría”, argumenta y agrega: “Siempre fui por el lado penal, pero en la defensoría empecé a trabajar en lo civil y descubrí un mundo fabuloso. Yo podría quedarme acá porque estoy cómoda. Económicamente no me va a hacer la diferencia; de hecho, me estaría metiendo en un gran berenjenal. Pero está en mí la necesidad de buscar desafíos”.
Sin padrinos en la justicia, la protagonista destaca que su carrera se desarrolló sin contactos dentro del mundo judicial. “Yo nunca los tuve, por eso la tuve que luchar siempre”, dice y para respaldar tal afirmación comenta que su familia está lejos del ámbito jurídico. Su padre es productor en Angaco y se dedicó toda la vida a trabajar una finca familiar con una bodega.
Su madre, oriunda de Caucete, tuvo una vida muy distinta. “Mi mamá fue reina de lo que hoy se conoce como Reina del Sol hace muchos años y era modelo. Eran y son de otro palo totalmente distinto”, cuenta. El único antecedente en el derecho fue un tío que ejerció como abogado y llegó a ser juez de menores, aunque su carrera se desarrolló lejos de San Juan.
La aspiración de convertirse en jueza también tiene para Guillén un componente simbólico. “A mí, como mujer, ir a hablar y tratar de llegar a un mundo netamente masculino es muy difícil”, remarca, aunque, su principal motivación pasa por acceder a un rol que hasta ahora no ha ocupado.
“El deseo de estar en el cargo es alcanzar un poder de decisión que hoy no tengo. Me toca defender y proponer, pero no puedo resolver”, reseña y concluye con una definición que resume su recorrido profesional: “Con todo lo que aprendí en estos años, siento que estoy en condiciones de decir: estoy capacitada para esto”.
De resultar electa, primero por el Ejecutivo Nacional y luego por el Senado, se convertiría en la primera mujer al frente de un juzgado federal de primera instancia y la segunda en ocupar una magistratura de tan alto rango en la Justicia Federal, al igual que la jueza del Tribunal Oral Federal, Eliana Rattá.