Dormir bien no solo ayuda al cuerpo a recuperarse: también es clave para la salud mental, la memoria y el rendimiento diario. Un nuevo estudio científico publicado en PLOS Biology dio un paso más en esa dirección al identificar cinco perfiles biopsicosociales de sueño en adultos jóvenes, revelando cómo distintos patrones de descanso se relacionan con el bienestar emocional, la cognición y el estilo de vida.
Los investigadores analizaron a 770 adultos sanos de entre 22 y 36 años mediante el Índice de Calidad del Sueño de Pittsburgh, una herramienta que evalúa siete dimensiones del descanso, como satisfacción, duración, latencia, interrupciones, uso de medicación y funcionamiento diurno.
Los resultados confirmaron un punto central: la calidad del sueño está estrechamente ligada a la salud mental. “El estudio aporta una mirada multidimensional del sueño que ayuda a predecir vulnerabilidades y a orientar tratamientos personalizados”, explicó a Infobae la doctora Stella Maris Valiensi, neuróloga y jefa de la Sección Medicina del Sueño del Hospital Italiano de Buenos Aires.
A continuación, los cinco perfiles identificados.
1. Sueño deficiente con malestar psicológico
Incluye a personas insatisfechas con su descanso, que tardan en dormirse y sienten impacto en sus actividades diarias. Según Valiensi, este perfil mostró más síntomas de depresión, ansiedad, dolor y humor negativo. “Dormir mal durante años aumenta más del 50% el riesgo de depresión”, señaló.
2. Sueño normal pero con síntomas psicológicos
Quienes lo integran duermen bien, pero experimentan deterioro diurno y problemas de atención. El estudio lo asocia a resiliencia del sueño: se perciben descansados, pero durante el día no rinden igual.
3. Uso frecuente de medicamentos para dormir
Estos participantes reportaron buena salud física y buenas relaciones sociales, pero las pruebas mostraron ligeras disminuciones en la memoria. El perfil se vinculó al uso regular de hipnóticos, recetados o no.
4. Duración corta del sueño
Se trata de quienes duermen menos de 6 o 7 horas por noche. Presentaron menor precisión en tareas, reacciones más lentas y mayor irritabilidad, además de mayor riesgo cardiovascular y de mortalidad. “Todos sentimos el impacto de una mala noche, pero sostenido en el tiempo es más dañino”, dijo Valiensi.
5. Sueño interrumpido o fragmentado
Incluye a personas con despertares frecuentes, trastornos respiratorios o insomnio. Este perfil mostró peor rendimiento cognitivo, mayor ansiedad y mayor predisposición al consumo de sustancias.
La huella del mal dormir en la salud
Las conclusiones de este estudio se suman a otros trabajos que demuestran el poder del sueño en la prevención de enfermedades. Una investigación publicada en Health Data Science analizó los patrones de descanso de 88.461 adultos del Biobanco del Reino Unido y encontró que los malos hábitos de sueño se asociaban a 172 enfermedades diferentes.
Según el doctor Joaquín Diez, psiquiatra y especialista en medicina del sueño, una sola noche de mal descanso puede afectar la concentración, el estado de ánimo y la toma de decisiones. A largo plazo, advirtió, aumenta el riesgo de diabetes, enfermedades cardiovasculares, depresión y ansiedad.
Cómo mejorar la calidad del sueño: las recomendaciones clave
Los especialistas coinciden en que los problemas de sueño deben abordarse de manera personalizada, según los síntomas de cada paciente. Entre las medidas de higiene del sueño más efectivas destacan:
• Mantener horarios estables para acostarse y levantarse
• Evitar las siestas prolongadas
• Hacer actividad física y exponerse a la luz natural
• Crear un ambiente fresco, silencioso y oscuro en el dormitorio
• Evitar pantallas al menos una hora antes de dormir
• Limitar cafeína, alcohol y nicotina
• Reducir cenas pesadas y líquidos en exceso por la noche
• Practicar técnicas de relajación, respiración o mindfulness
Si no se concilia el sueño en 20 minutos, se recomienda salir de la cama y realizar una actividad tranquila hasta volver a sentir somnolencia.
Para casos vinculados al estrés o traumas, pueden indicarse terapias específicas como EMDR, una técnica que combina movimientos oculares con el procesamiento de recuerdos angustiantes.