La avalancha de candidatos en esta campaña provincial generó una considerable demanda de propiedades para alquilar. Se usan para armar búnkers. Las zonas con más demanda son las cercanas a las plazas departamentales, a los municipios y las de mucha circulación. Incluso, hay quienes tienen varias sedes y deciden que los bunkers satélites se ubiquen en barrios populosos. Los contratos son por tiempo limitado, una especie de contrato temporario, que incluye mes de comisión y de depósito. La tendencia que va en ascenso: alquilar frentes de viviendas en avenidas y calles transitadas para plotearlas.
Las fuentes consultadas coincidieron en que, si bien hubo movimiento dentro del sector inmobiliario por la campaña, no ha sido mucho mayor al que siempre se da en campaña. Es que los candidatos tienen distintos respaldos financieros y esto se termina materializando en la campaña. Mientras los candidatos con más espalda pueden alquilar sedes en zonas vistosas y con buena cartelería, hay otros que tienen el bunker en su propia casa.
Los contratos con los candidatos son los mismos que se firman con las empresas que vienen a la provincia por períodos de tiempo determinados. “Nos arrancan la cabeza”, soltaron algunos dirigentes en off sobre los alquileres. Los operadores inmobiliarios no coincidieron y aseguraron que no son más altos los precios de las rentas pero sí indicaron que se debe pagar mes de depósito y de comisión, como todos. Y reparar daños, en caso de que sea necesario.
Las propiedades que buscan los espacios políticos deben tener ciertas características: ser amplias, que permitan reuniones de entre 30 y 50 personas mínimo y estar ubicadas en las cercanías a las plazas departamentales o municipios o en zonas de mucha pasada de vehículos. La avenida Libertador y la avenida Ignacio de la Roza pican en punta para los candidatos de Capital y Rivadavia, pero también para los dirigentes que se la juegan en el Gran San Juan.
La lucha es conseguir una propiedad porque no hay mucha oferta en el mercado. Los pedidos no siempre se pueden cubrir, menos en las zonas de alto tránsito. A esto se le suman los propietarios que no quieren alquilarle su casa a ciertos partidos políticos. “Hay quienes piensan en el negocio y están los dueños que plantean objeciones de acuerdo al color político del interesado”, remarcó.
La nueva tendencia en esta campaña es alquilar los frentes de viviendas ubicadas en zonas de mucha circulación. Se paga un canon mensual por empapelar la casa con cartelería de un determinado candidato pero adentro, continúa funcionando como una vivienda común y corriente. “Cada vez hay más alquileres de este tipo, más publicitario”, sumaron.
El “favorazo” de campaña es el aporte que pueden hacer algunos militantes que son propietarios de salones comerciales o de viviendas que tienen en alquiler. Se considera un apoyo importantísimo prestar una propiedad en campaña. En algunos casos, cuando los militantes son dueños de varios bienes, informan al espacio político que ponen a disposición una x cantidad de propiedades para que sean usadas durante la campaña. “Alivia un montón, es un gran aporte”, informaron dirigentes con varios búnkers.
El movimiento más fuerte comenzó a fines de febrero y tuvo su pico en marzo, tras la oficialización de las candidaturas. Ahora está todo más planchado. Excepto, por aquellos candidatos con proyección que se quedarán alquilando viviendas por más tiempo.