Cuando Juan Manzur fue tentado para ocupar la Jefatura de Gabinete del gobierno de Alberto Fernández, muchos analistas descontaban la negativa.
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SUSCRIBITECuando Juan Manzur fue tentado para ocupar la Jefatura de Gabinete del gobierno de Alberto Fernández, muchos analistas descontaban la negativa.
Es que el irse Manzur, dejaría el cargo de gobernador de Tucumán en manos de Osvaldo Jaldo, su vicegobernador, enemigo encarnizado en la política vernácula, interna muy fuerte en las PASO mediante.

Por eso Manzur no renunció, y tomó licencia, para estar con el regreso asegurado ni bien lo considerara necesario.
Pero Jaldo se allanó a la institucionalidad y no generó, hasta ahora, ningún revuelo.
Con quién si se sacudieron las aguas de la política tucumana fue con la diputada Sandra Orquera, vicepresidenta segunda de la Legislatura local, que asumió la sucesión del mandato cuando Manzur llamó a Jaldo y y al presidente subrogante de la Legislatura Sergio Mansilla, a Buenos Aires, para charlar temas de la gestión tucumana.

Orquera, de Fuerza Republicana, es mentada políticamente por el genocida Antonio Domingo Bussi primero, y por su hijo Ricardo Bussi después.

Al asumir el cargo que ocuparía apenas unas horas, en realidad una mera cuestión administrativa, Orquera se plantó como si hubiera ganado alguna elección.
En general, cuando se da una situación así, quién queda en el cargo, sea intendente, gobernador, o hasta presidente, ni siquiera se acerca palacio de gobierno. Pero Orquera no sólo fue hasta el lugar, sino que se sentó en el sillón del que manda, y se proclamó “la primera gobernadora de la provincia”.
Pero los dislates no quedaron acá. Orquera publicó un tuit buscando el baño de multitudes: “La agenda de hoy fue abordar el tema Seguridad. Aquí me trajo el pueblo para escucharlos y darles una solución de lo que les preocupa”, sin contar que, para cuando el pueblo se organice para hablarle, ella ya debería estar de nuevo sentada en su banca de legisladora.
Y Orquera colmó el vaso con una decisión con la que hay que abandonar el camino del humor, y tomársela muy serio: invitó para la foto en el despacho oficial a Ricardo Bussi, el negacionista de los crímenes de la Dictadura, hijo de uno de sus ejecutores más feroces, y padrino político de la diputada.
