Diario de cuarentena

Semana 4: relojeando otros modelos, y las cuentas también

Salud y/o economía, debate mundial. En EEUU, todo lo cerrado que sea posible, que no es mucho. En San Juan, más saludables pero contando las monedas. Por Sebastián Saharrea
sábado, 18 de abril de 2020 · 10:24

En un mapa descolorido de fondo, los aviones en tiempo real sobre la Argentina son muy escasos: apenas un par, autorizados, sanitarios o llevando una valija a Tinelli como mucho. Lo mismo en Chile, algo más en Brasil y todo así, muy escaso, hasta México. En la demarcatoria del Río Bravo, la frontera con EEUU, el contraste visual asombra: todo el país, desde California hasta la Florida, de Texas hasta Chicago, NYC incluido, todo tapizado de aviones en marcha, en cualquier momento en que uno lo mire.

Alcanza una mirada rápida por el sitio flighradar.live    ( https://flightradar.live/es/   para revisar el alcance de cada cuarentena, hasta qué punto la economía de cada país está parada o no. Lo que devuelve la imagen a la primera impresión es que todos los países occidentales han reducido al mínimo la cantidad de vuelos -la sabia que alimenta el sistema económico de consumo como hoy se lo conoce-, excepto EEUU.

Como si uno mirara el flujo de clientes en un centro comercial, en Europa se ve poco movimiento de aviones, señal evidente de caída de toda actividad. En China y Japón el flujo viene creciendo, pero nada como la situación de EEUU: En Florida, esta semana contabilizaron un tráfico de entre 10.000 y 15.000 pasajeros diarios, casi nada respecto a lo habitual pero una locura respecto a otros lugares del mundo atemorizados y encerrados por el coronavirus.

Por lejos, EEUU es el país más jaqueado del mundo por la pandemia. Su cantidad de muertos superando los 35.000 por estos días es la mayor del mundo, también su cantidad de afectados y lo se aprecia también es que se trata del lugar donde el virus está más descontrolado, desbordando la desolación inicial de Europa (Italia, España, Francia y Reino Unido). O no están tan asustados, o están dando el máximo de lo que les permite su modo de vida. Que parece no aceptar una parálisis total como la que se ve en lugares mucho menos comprometidos, como Argentina sin ir muy lejos.

Un panorama tan claro a simple vista como el que surge de un sencillo mapa en tiempo real despierta infinidad de análisis relativos. El primero es evidente: lo que para los argentinos o europeos es una situación muy relajada en EEUU, a ellos se les presenta como medidas muy profundas. De hecho, en la mayoría de los Estados existe una stay order (como le llaman a las órdenes para quedarse en casa), pero en casi todos son voluntarias. No hay retenes policiales revisando papelerío con habilitaciones, trámites burocráticos. El imperio de la libertad: el que quiere las cumple, y el no, no lo hace.

Eso devuelve una imagen del país más comprometido por el virus, con la mayor actividad económica. Los aviones es una imagen valiosa, no la única. También los subtes, el transporte en auto por las calles, los runners corriendo, los bares y restaurantes abiertos pese a la falta de público, los shoppings sin clausurar, las iglesias funcionando en Semana Santa. El presidente Trump habla de que en cualquier momento volverá el público a las arenas, y un furioso debate político desatado en torno al reopen, es decir quien dará la voz para volver a abrir el país (que, como se ve, no está cerrado del todo ni cerca de hacerlo), lo que se espera en lo inmediato.

Cuarentenas adaptadas a cada estómago, sin que opere la lógica de que los más comprometidos por la pandemia resulten los más estrictos. Lo que prevalece es un criterio definido: cada uno hace lo que está dispuesto a ceder según su modo de vida, aceptar las consecuencias que pueda digerir. Una tabla bien variable, nada científica.

En EEUU están los mejores y más reconocidos científicos, incluidos los infectólogos. ¿No saben que la mejor respuesta ante un virus sin vacuna ni tratamiento es la cuarentena? Por supuesto que sí, mejor que nadie. Luego, su aplicación es otra novela. Una interacción entre los consejos médicos y la economía, la política, los intereses. Por algo así chocaron en la semana el prestigioso médico Anthony Fauci, asesor de la task force del gobierno, con el propio Trump. Admitió lo obvio: que si hubieran medidas con anterioridad, hubieran salvado vidas.

Pero, ¿cuánto importan esas vidas en cada lugar? No es una duda insólita, se desprende de las declaraciones del propio presidente. Fue Trump el que aseguró hace un par de semanas que si el operativo funcionaba bien, se perderían en 100.000 y 250.000 vidas. Así, sin pestañear. Y no se vino el mundo abajo, ni se despertó un vendaval de críticas, ni nada de aso. Si consiguen frenar el brote en algo menos (80.000) estarán hablando de un triunfo épico del país contra la adversidad.

Desafortunadamente, el devenir de los días le fue dando la razón a Trump y afloraron cuestionamientos de un pequeño puñado de medios periodísticos, ninguno de los partidos opositores. Los que lo hicieron, lo hicieron con el diario del lunes, al ver confirmadas las profecías del presidente. En un país al que no le resulta extraño contabilizar los muertos de a miles: en Vietnam murieron casi 60.000 norteamericanos, la mayoría jóvenes, y el último presidente en librar esa guerra (Nixon) fue reelecto aun perdiéndola; en la II Guerra Mundial se calculan 180.000 muertos de EEUU; 120.000 en la Primera Guerra Mundial, 54.000 en la de Corea.

Tal vez por eso el margen de tolerancia y percepción de las complejidades de cada estrago sea diferente en cada lugar, lo que contribuye a diseñar cada modelo: tanto económico como de reacción con la tragedia. Tal vez eso explique que el presidente hable en cada conferencia, incluso luego de anunciar al saldo en muertos del día que no baja de los miles, que “EEUU no fue hecho para estar cerrado”.

Está todo lo cerrado que puede estar, como no lo estuvo en toda la vida moderna. Ni en las guerras, que a diferencia de este virus transcurrieron lejos de los EEUU. Con el agravante para ellos que, allá, la grieta es una explosión sísmica en crecimiento entre los funcionarios, sin distinción de partidos. Los gobernadores de 5 estados se unieron para decidir el regreso de la actividad, incluyendo las escuelas, hasta en Nueva York. Sí, aunque parezca increíble. Y Trump le saltó al cuello argumentando que la única autoridad es él. Y el resto le devuelve con si la autoridad es él, hubiera decidido el cierre federal en lugar de ir corriendo al virus desde atrás y decidir acciones cuando la cuenta de víctimas es ya indeleble.

¿Le pasará factura el ciudadano al presidente? Se podrá verificar eficientemente como en ningún otro lado porque el 3 de noviembre serán las elecciones presidenciales en las que Trump va por la reelección. Por lo visto hasta ahora, pese a las muertes, el descontrol y el mal pronóstico del virus, se muestra competitivo.

Hay otros países con reacciones parecidas a las de EEUU. Brasil sigue despreciando la situación con Bolsonaro al frente y la desesperación de los gobernadores. San Pablo, epicentro del virus en Brasil, aparece con una cuarentena a medias, lento pero funcionando. Tiene un promedio de 7,5 muertes por millón de habitantes, contra 2,4 de Argentina. Salvando las distancias, en Chile no hay cuarentena unificada, sólo algunos distritos mientras otros operan con normalidad. Se quejaron de los números de Alberto, pero su tasa de mortalidad duplica a la Argentina. Importan todos, en especial los vecinos, también la principal potencia mundial. Si no mejora todo el contexto, la situación económica para Argentina seguirá tensa con las fronteras cerradas con sus principales socios.

Y no sólo el comercio exterior cruje para Argentina, también los números en general. Y en un país como el nuestro, cuando se enferman en la Capital estornudan en las provincias. Federalismo de ficción. La recaudación nacional de IVA y Ganancias se retrajeron en marzo el 35%, y no será el mes de mayor daño a las cuentas sino sólo el inicio. Las provincias reciben un porcentaje de esos ingresos caídos, tormenta perfecta.

Por eso no decae la rosca. Los gobernadores le están exigiendo al gobierno nacional que garantice un piso de coparticipación a los distritos, aunque sus propios ingresos se desbarranquen. La Nación dispone de otras herramientas para financiarse, que no están al alcance de las provincias: la emisión de moneda por encima de todo, también el aporte del FMI que anda amagando con U$S 3.500, y luego el impuesto a la riqueza.

Que levantará polvareda política porque se trata de una imposición coparticipable. Lo que implica intereses en las provincias para que esto se apruebe, más allá de la nariz tapada que hará falta para levantarle la mano aunque sea de manera virtual a un gravamen sobre las fortunas. Que a la mayoría no le hace demasiada gracia, pero si por encima están las cuentas provinciales habrá argumento. De consuelo: si sólo se establece sobre las fortunas que superen los 3 millones de dólares, es probable que en San Juan afecte a muy pocos, unos 170 casos.

La Nación y todas las provincias han tenido este mes un repentino y relevante incremento en los gastos de salud, junto a una brutal caída de ingreso. Todos, entonces, están recalculando. Y en ese proceso, larga un intenso toma y daca sobre los recursos. La Nación se apuró en mandar una remesa de ATN a las provincias, fondos no reembolsables, de manera proporcional a la coparticipación. A San Juan le tocaron unos 2.000 millones, que no es poco.

Deberá Alberto volver a pulsar esas teclas en lo inmediato, se calcula. Como otras herramientas: líneas de financiamiento para las provincias, rescate a empresas vía créditos bancarios, que no están funcionando. En el medio está la eficiencia para que esos salvavidas lleguen al mostrador. Y la política, claro: no por otra cosa fueron convocados los gobernadores a la trinchera de la deuda, formar un scrum en la presentación de la oferta a los bonistas junto al ministro Guzmán. Para ser leído de la siguiente manera: todos, la Nación y las provincias, serán copartícipes de lo que se gane o lo que se pierda con la deuda.

San Juan tiene una herramienta esencial, que es el fondo anticíclico. Dependerá del ritmo de los rescates nacionales (esa disponibilidad post deuda), entre otras cosas, si se utiliza o no. Es tan necesario el flujo de fondos para atender la emergencia sanitaria, la disposición de la mayor cantidad de camas y respiradores posibles mientras se miran de reojo las cifras de la pandemia en el país (siempre con la mano en la madera, como corresponde a los pocos contagios locales), como luego lo será para la recuperación económica posterior.

De eso se habla en los encuentros de gobernadores con el Presidente. Aunque siempre, primero la emergencia. En lo que los sanjuaninos debemos seguir alertas y con la mano en la madera, porque apenas un pequeño movimiento puede hacer volar todo por el aire.

Comentarios