En Avenida Rioja, a pocos metros de la Peatonal, hay un kiosco que desde hace años dejó de ser solamente un comercio. Allí, entre sobres abiertos, álbumes apoyados sobre el mostrador y chicos revisando montañas de repetidas, se vive una verdadera revolución futbolera. El dueño es Gastón Yañez, tiene 52 años y desde hace 18 años atiende el local que hoy muchos conocen como “el templo de las figuritas” en San Juan.
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Pero casi nadie lo llama por su nombre real. Para todos es “Pochy”, un apodo heredado de su hijo Gabriel, a quien así le decían de pequeño. Justamente fue él quien inspiró el comienzo de toda esta historia. “Le regalé un álbum cuando era chico y empezaron a salir muchas repetidas. Como no conseguíamos dónde cambiarlas, imprimí papelitos que decían ‘tenemos figuritas para cambiar, dirigirse al kiosco’. Repartíamos kiosco por kiosco y casa por casa hasta donde nos daba la caminata”, recordó. Lo que comenzó de manera artesanal durante el Mundial de Rusia 2018 explotó definitivamente en Qatar 2022 y hoy reúne a familias enteras, coleccionistas y fanáticos de distintos puntos de San Juan e incluso de otras provincias.
Cada tarde, el kiosco se transforma en un gigantesco punto de encuentro donde la misión principal es completar el álbum sin gastar fortunas. Allí las reglas son claras: común por común, dorada por dorada, extra por extra y selección por selección. Pochy insiste en mantener el intercambio “sin fines de lucro” para evitar que algunos hagan negocio con la ilusión de los chicos. “Todos van a completar el álbum a través del intercambio y comprando sobres. No compren figuritas sueltas, porque el que vende las sueltas abrió el paquete, sacó la mejor y vende el descarte”, explicó.
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Y aunque hay cientos de estampillas dando vueltas, hay una que genera verdadera locura: la de Lionel Messi. Sin embargo, para Gastón la figurita más difícil no siempre es la más rara. “La clásica, la más buscada, es la de Messi. Pero la última puede ser cualquiera: una común, un escudo o una dorada. La figurita más difícil es la que más buscás”, resumió entre risas mientras alrededor suyo decenas de chicos seguían revisando pilas interminables de repetidas.
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DEtrás de las figuritas también hay nostalgia, recuerdos de infancia y una enorme expectativa por el Mundial 2026. “Somos candidatos a la cuarta y todos tenemos mucha ilusión. Messi y Cristiano seguramente jugarán su último Mundial y eso motiva muchísimo más”, contó.
Para él, el furor no tiene techo: asegura que muchas familias ya viven el intercambio como un ritual y hasta cree que las últimas ediciones de Panini podrían convertirse en piezas históricas para los coleccionistas en el futuro. Con el Mundial 2026 cada vez más cerca y la ilusión argentina intacta, el kiosco del PochY volvió a convertirse en el lugar donde miles sueñan con completar el álbum… y encontrar a Messi.