Opinión

Un regreso al Nestorismo

Efectos políticos de la bomba de Alberto. El giro de CFK, su impacto en el escenario político. También, la renovada relación con San Juan. Por Sebastián Saharrea
sábado, 18 de mayo de 2019 · 13:39

Pudo haberse anticipado un brusco sacudón en el tablero político cuando Cristina dijo en la Feria del Libro que hay que buscar “algo nuevo” en el formato de un renovado contrato social. Pero nunca, ni los más reputados anticipadores de movimientos que facturan la cultura del “te lo dije” alcanzaron a predecir este camino intermedio entre presentarse o no presentarse, el dilema hasta este sábado a la mañana. Y menos con Alberto al frente de las tropas.

A Cristina le gusta desafiar a esa especie de pronosticadores, a veces redoblando la apuesta, a veces cambiando el eje. Y lo hizo otra vez, como cuando era presidenta y guardaba celosamente las cartas en la manga. Esta vez, con un giro impensado que remite a los primeros años del kirchnerismo, liderado por Néstor e integrado entre otros….por Alberto.

Para reflexionar sobre un posible futuro de Alberto como presidente, nada mejor que rememorar cómo fue su paso por la función y por el kirchnerismo. No le queda grande la calificación de socio fundador del espacio del matrimonio santacruceño desde el grupo Calafate, tampoco su condición de librepensador y articulador aún con los espacios más reacios con Néstor y Cristina.

Y justamente ese fue el motivo de su despido allá por 2008, cuando subió el volumen la crisis del campo y la ruptura con los medios más importantes, cuando Alberto fue desterrado bajo la acusación de apátrida y dialoguista en tiempos de ceño frundido.

Denota esta decisión de Cristina una revisión de aquellos años en los que cambió la matriz kirchnerista desde la apertura con Néstor hacia sectores menos homogéneos, hacia los que surgieron desde el despido de Alberto en los que se proclamó la pureza ideológica con CFK y su juventud maravillosa. Por citar sólo un puñado de casos, Néstor tuvo a Lavagna como ministro, a Redrado como presidente del BCRA y a Gustavo Béliz –relacionado con sectores de la Iglesia- como su primer ministro del Interior.

CFK prefirió a los puros y en esa lista no estaba Alberto. Por eso aquel viejo amigo y armador debió partir, se alineó con Sergio Massa, mantuvo sus contactos empresarios y judiciales. Hasta que reflotó aquella comunión con CFK hace un par de años y le aconsejó contar en primera persona su versión de la historia en el reciente éxito editorial Sinceramente.

Alberto es un cultor de las cosas nuevas en política, justamente el hilo conductor de lo que dijo Cristina en la Rural. En la cúspide de su influencia como consejero de Kirchner fue él quien le recomendó recrear la concertación con la UCR y fogonear la llegada de Julio Cobos a la vicepresidente. La experiencia le salió mal, pero hay allí algún trazo del autor, flamante candidato nada menos que a presidente de la Nación.

Seguramente habrá una onda expansiva en el escenario político nacional con semejante anuncio, realizado no inocentemente con tiempo para que el resto se reacomode. El giro de Cristina y Alberto se propone con claridad hablarle al núcleo de los indecisos, toda vez que los convencidos de uno y otro lado (de Cambiemos y del kirchnerismo) ya están asegurados.

En esa pelea por el centro del ring, la aparición de Alberto es un gesto hacia los que no verían mal un regreso de Cristina pero los espantan las viejas formas. Hay que ver si es convincente o no, si funciona como esperan. La primera estación es el regreso de Sergio Massa, un conocido de Alberto que deberá ahora reconsiderar su estrategia pero tiene los argumentos servidos sobre la mesa. Del análisis que haga y la decisión que tome dependerá el nuevo escenario.

También hará repensar al resto de los postulantes peronistas, más o menos alineados con el kirchnerismo. Y hasta el propio Macri deberá entrar a boxes a repensar la estrategia. Si es que se le quita de adelante su principal blanco político como es el disparo a CFK. Que ahora no está, pero que sigue estando.

Tiene esta jugada de CFK y Alberto una lista de fortalezas y otra de debilidades, el tiempo dirá por dónde se decanta. Del lado de las primeras aparece la citada intención de apostar por la moderación y quitarle combustible a la grieta: para el kircherismo, Alberto es el más abierto de los propios o el más cercano de los ajenos, depende cómo se lo mire. También, una fórmula para conservar a las simpatías ya afirmadas y a la vez ir por el resto.

Del lado de las debilidades surge el fantasma del formato: cómo una ex presidenta, eje poderoso del esquema político nacional, ocupa un cargo de menor relevancia como la vice. La vieja historia de Héctor Cámpora, electo presidente en 1973 sólo para concretar el retorno de Perón, renuncia mediante.

Alberto Fernández puede ser cualquier cosa, pero el traje de marioneta no parece calzarle bien a priori. Igual, la vida ofrece sorpresas y la política más aún. Quienes lo conocen, lo identifican como una persona reflexiva, dialoguista y estratega, motivo por el cual cayó en desgracia. De los pocos, además, que conoce a Cristina a fondo y con quien fue capaz de mantener una enemistad, alejamiento y rivalidad política durante más de 10 años.

De los pocos, entonces, que parece capaz de moderarla. Igual será difícil que aquel tramo de la historia peronista setentista no esté siempre presente en la campaña que se viene, motivos hay como para recordarlo. Lo alienta incluso el modo de presentación: ella diciendo que le pidió a su ahora coequiper que la acompañe como presidenta. Pudieron hacerlo de otro modo, prefirieron dejar claro el orden.

Y como todos los fenómenos políticos que se conciben a escala nacional e irradian hacia las provincias, el cambio de eje también podrá tener un capítulo sanjuanino. Es natural que el peronismo local, con Sergio Uñac a la cabeza, haya preferido demorar los pronunciamientos, en la recta final de una campaña para las elecciones locales que va tranquila. No hay motivos para alterarla, ya habrá tiempo para jugar ese partido.

Uñac tiene una excelente relación con el ahora candidato a presidente, pero tendrán que pasar las horas (y los días) para definir el futuro: será seguramente después del 2 de junio. Pero la condición de Alberto de dirigente kirchenista y luego adversario le depara aceitados contactos con todo el arco local. Tanto con José Luis Gioja como con Roberto Basualdo, con quien mantiene relación de los tiempos en el espacio massista al que ya ninguno de los pertenece. Y otro dirigente local que tiene un gran vínculo: el rawsino Mauricio Ibarra, anfitrión en las últimas visitas a San Juan.

Hasta que aparezcan los albertistas de la primera hora, para lo que sólo faltan unos pocos minutos.

 

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