Por Sebastián Saharrea
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Cuenta la leyenda que Antón Pirulero fue un salvaje andaluz que mató a puñaladas a su mujer, antes de que la cultura popular lo reformulara en el simpático personaje al que le cantan los niños. Sea o no así, la cuestión es que ahora designa a los que atienden su propio juego, bajo amenaza de cumplir una prenda.
En San Juan la prenda sería retroceder un par de casilleros para quien se aparte de su libreto. Y en estas elecciones quedó firmemente expuesto que cada uno hizo su propio dibujo de la situación, aspiración de máxima incluida, de la que nadie se apartó en campaña.
Cuando uno refiere al “cada cual” que “atiende su juego”, los protagonistas son excluyentemente dos en San Juan (hay otros, será motivo de nuevos análisis): El gobierno local, puesto ante la primera encrucijada política de su joven existencia y resulto a superarla con autoridad; y el gobierno nacional, cuyos representantes políticos intentan defender la camiseta amarilla con el mayor alcance posible.
Sorda disputa entre dos espacios que no pueden aparecer pulseando a la intemperie, ambos oficialismos de distinta jurisdicción y que parecen haber aprendido la lección de no confrontar en público. Lo que no es sinónimo de que no hubiera fricciones, recelo, posicionamientos, desacuerdos verbales y hasta alguna piedra tropezada por estos lados por decisiones tomadas en la Capital.
Preludio de un duelo entre ambos a mayor escala, dentro de dos años, cuya primera etapa es este domingo. Por eso este resultado será el cimiento de una etapa que comienza, y no que se termina con esta elección como invita la lógica a razonar. Una de esas herramientas será este resultado electoral, que nadie imagina muy distante del de las Paso. Habrá otras.
El gobierno provincial necesita un gesto de autoridad puertas adentro, y no deja de simpatizarle el campo abierto que puede quedarle puertas afuera si eso sucede. Ese es su juego.
¿Cuál es ese hipotético terreno fértil? Ya lo dijo el propio gobernador Sergio Uñac en Paren las Rotativas, el peronismo a nivel nacional entrará en una fase de reorganización luego de los comicios de esta semana, y se hará con planilla en mano de los resultados sobre el territorio. Ante eso, la pregunta es qué distritos podrán exhibir al peronismo como fuerza dominante. Y en especial, quién podrá hacerlo con los niveles en los pinta la perfomance sanjuanina.
De orientarse uno por las Paso, apenas un par de distritos puso cifras parecidas a las de San Juan, ninguno de ellos con líderes sólidos (Manzur en Tucumán o Insfran en Formosa). Por eso por estos lados resulta tan importante no sólo el triunfo sino también la brecha y el alcance. En las Paso se quedó el oficialismo provincial en la puerta de los 50 puntos, hoy es una barrera tentadora. Y si no se puede, al menos conservar la buena vibra de la primaria, soñar con un número algo mejor, o arrimar con mejores perspectivas en el único distrito que se perdió (Capital).
No le fue sencillo el tránsito a la provincia para llegar a un resultado exitoso en una maraña revuelta con que se le presentó el tablero nacional. Con el gobierno nacional de otro color, recostado en un discurso antibelicista pero agazapado a la primera oportunidad. Y sembrando el camino de postas complicadas: el fondo del Conurbano es el más evidente, radica su interés en el aterrizaje vía depósito de fondos nacionales de más-menos 2.100 millones de pesos. Ni más ni menos que la caja superavitaria con la que se mantiene el buen humor en San Juan.
Por eso Uñac debió ir haciendo equilibrio en ese desfiladero. Plantear esas disonancias en medio de una relación cordial, tanto amor sabe que lo llevaría a una simbiosis peligrosa (ver Schiaretti), tanto rechazo tendría un efecto devastador para el conjunto (ver Avelín). Y así fue poniendo notas de distancia, en un tono de relación armoniosa y fluida: ocurrió con la deuda nacional por obras, el vino importado, el fondo del Conurbano, el presupuesto 2018. Haciendo, en suma, su propio juego.
El juego de Cambiemos en San Juan tuvo para esta campaña también el horizonte exclusivo de su propio interés. Sacan cuentas y dan por válido un resultado expectante en la provincia, que lo deje con el crédito abierto para dentro de un par de años. Cuando calculan llegar con equipo entrenado, recursos de campaña y una referencia nacional que ayude si es que la gestión de Macri de mínima se mantiene como hasta ahora.
No es menor esta última herramienta: para arriba o para abajo, siempre la pertenencia a un modelo nacional tiene sus consecuencias. Si esa gestión va para arriba, se celebrará en el pago chico (ver Gioja con los Kirchner); si va para abajo, se padece aunque se desacoplen las elecciones (ver Escobar con Menem).
En esta campaña, el box de Cambiemos fue celebrando cada paso hacia adelante que registró la valoración creciente de Macri en San Juan. De la misma manera que podría padecerlo si es que produce un efecto malhumor entre los electores ante la desprolija resolución del caso Maldonado tan sobre la línea electoral.
Ese temperamento de Cambiemos de hacer su juego independientemente del resto hizo que se aceptara gustoso el carácter de baja intensidad tácitamente ofrecido desde el otro espacio. Explica además por qué el presidente Macri no se hizo unos minutos para bajar su helicóptero en San Juan en su paso por Cuyo, pese a haber sobrevolado tierra sanjuanina en su tránsito de Mendoza a La Rioja.
Se habló de que no sería una parada del tono amigable como las otras, que no había demasiado margen para torcer el curso de las preferencias. O que, en definitiva, se dará por válido un resultado parecido al de las Paso: puntos más o puntos menos, se dará por bueno el hecho de recuperar los votos emitidos hacia Cambiemos pero por vía del eliminado espacio de Dignidad Ciudadana, mantener la brecha de las Paso, conservar la distancia en Capital, mostrarse dando pelea en el resto de los departamentos importantes, y en especial aparecer competitivos para la cita que se viene por los porotos más grandes.
El lunes, cuando se hayan contado los tantos, cada uno podrá saber dónde está parado en este punto. Que es la largada, no la llegada.
