Daniel Osvaldo Scioli (58) terminaba de
recibir aplausos después de marcar su postura ante la política económica
nacional y las medidas proteccionistas para las pequeñas y medianas industrias
del país. Estaba parado frente a un auditorio de más de 500 dirigentes pymes
que se habían dado cita por el Día de la Industria nacional en la coqueta sede
la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), al 452 de la avenida Leandro
N. Alem, en Capital Federal. Allí, antes de subirse como acompañante a una
camioneta Dodge Journey negra, con vidrios ultra polarizados y una pequeña
baliza azul pegada al techo, se detuvo para responder en forma exclusiva una
pregunta de Tiempo de San Juan: "Vamos a trabajar en la competitividad de cada
uno de los sectores”, informó.
De esa manera, el candidato con mayor
chance de convertirse en el próximo Presidente de la Nación, realizó una
promesa para trabajar en uno de los principales desperfectos que hoy en día
tiene la economía argentina: el gran defasaje que hay en la cadena de
producción, donde el productor primario está lejísimo de los valores que el
consumidor final termina pagando por sus productos.
La respuesta concreta que hizo a éste
cronista el gobernador de la provincia de Buenos Aires y candidato del Frente
para la Victoria, fue ante los ejemplos de los productores de cebolla y de uva.
LOCOS POR LA CEBOLLA
Por ejemplo, en las últimas semanas el
precio de la cebolla alcanzó niveles récord cuando llegó a pagarse hasta 50
pesos el kilo, por lo que se transformó en una noticia nacional. Se estima que
el precio de esa hortaliza iba a mantenerse elevado hasta mediados de
septiembre, por la sencilla razón de que la oferta no abastecía a la demanda.
Ante ese valor, es lógico imaginar que los
productores sanjuaninos de cebolla debían de estar festejando que en grandes
centros de consumo, como Capital Federal, su producto llegara a ese valor.
Pero nada más lejos de eso en la realidad.
Tiempo de San Juan hizo un informe en su edición del 29 de agosto último en el
que se reveló que a la mayoría de los productores de ese alimento no se vieron
beneficiados por el abultado precio de la cebolla: entre marzo y abril, cuando
vendieron la mayoría de la producción, la bolsa de cebolla se pagó entre los 25
y los 30 pesos; lejísimo de los 250 a
300 pesos que llegó a valer en los últimos días.
Sólo los productores grandes, con capacidad
de almacenamiento, pudieron tener un stock que les permitió hacer una
diferencia económica. Pero esos fueron la gran minoría.
EL CAOS DE LA UVA
Otra foto de esa realidad distorsiva en la
cadena de producción fue el precio de la uva.
Según se conoció en la reunión por la
crisis de las economías regionales que CAME organizó con productores de todo el
país el jueves 20 de agosto último, allí se conoció que en las góndolas de los
supermercados en los grandes centros de consumo la gente llegó a pagar 39,11 pesos
el kilo de uva en fresco. Mientras que al productor se le pagó 0,80 el kilo.
Eso demuestra que en agosto una persona que
consumió un kilo de uva pagó 48,9 veces más de lo que percibió un viñatero. El
defasaje es enorme, más allá de que ambos ejemplos sean de productos fuera de
estación.
El caso de la uva fue el producto que más
distorsión sufrió entre lo que se pagó y lo que percibió el productor. Así lo
estableció el Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD) que realizó el
Departamento de Economías Regionales de la CAME.
Ése índice está compuesto por una canasta
de 20 alimentos agropecuarios y determinó que, en el mes de agosto último, la
diferencia entre el precio que pagó el consumidor en góndola superó en 8,01
veces a lo que recibió el productor en el campo.
Esas grandes distorsiones es lo que
prometió revisar, sector por sector, el presidencial Daniel Scioli con su
declaración a Tiempo de San Juan, camino a las elecciones de octubre que lo
pueden convertir en presidente.