Los números finos y un cambio de raíz: dueños de la energía

sábado, 05 de septiembre de 2015 · 09:21

 Entre el inicio y el final del proceso hay diferencias importantes, pero hay una en especial que es rotunda: los diques fueron concebidos como una concesión a un privado y cambió al surgimiento de una empresa pública que es dueña de la energía que se genere. Lo que en varios años más, cuando esa energía termine de pagar el costo de la construcción, dejará un saldo en ingreso de divisas a la provincia.
Los números de los proyectos indican que se inició con un subsidio público de U$S 145 millones y se terminó con una inversión pública de entre U$S 750 y 800 millones. En Los Caracoles, EPSE –la empresa creada para manejar los diques-  pagó por la construcción U$S 339 millones, mientras que por Punta Negra pago U$S 405 millones.
La mecánica del sistema arrancó con lo que quedaba en 2003 de aquellos 145 millones de dólares iniciales del subsidio provincial. Luego de una auditoría, en setiembre de 2004, cuando se reiniciaron los trabajos, había en la cuenta especial 140 millones de pesos. Lo que al tipo de cambio de ese momento representaban 46,7 millones de dólares.
A eso hubo que agregarle los fondos desde el gobierno nacional, bajo un sistema novedoso. Se conformó otro fondo especial a donde irán a parar los fondos que ingresen por la generación de las dos presas en construcción, con los cuales se irán devolviendo los desembolsos de la Nación. Así se comenzó con Los Caracoles, y se siguió con Punta Negra. Incluso, una buena parte de este segundo dique fue recibiendo los ingresos por Los Caracoles. Según explicó Francisco Alcoba, vicepresidente original de EPSE (bajo la presidencia de Alejandro Hoesé), lo que fue generando ingresos fue la disponibilidad de potencia instalada de Los Caracoles, ni siquiera la venta de la energía propiamente dicha.
Con la finalización de las obras, queda una suma importante por devolver a la Nación, lo que se hará con la generación de las dos turbinas. A ese fondo, la Nación podrá destinarlo a la construcción de otros diques y ya tiene en carpeta a la presa neuquina de Chihuido (los gigantes de Cepernic-Kirchner, ex Barrancosa-Cóndor Cliff ya tienen financiación de los chinos). Mientras la provincia tiene la titularidad de estos activos y seguirá generando ingreso de fondos una vez que se devuelvan los fondos totales que costó la construcción.
Alcoba recordó que hasta los años ‘70, cuando ya el país había registrado la explosión de las obras hidroeléctricas como Chocón o Yacyretá, en San Juan no se había construido ninguna. Hasta que en el ‘80 se hizo Ullum, luego se le arrancó a Alfonsín el compromiso de Cuesta del Viento (que también se hizo a los tumbos) hasta que ahora se coronó con estos nuevos tres diques y la posibilidad de El Horcajo.
"No hemos tomado conciencia de lo que representa poder hacer no un dique sino dos. Para tener una medida, hay que considerar que durante los últimos diez años de gestión, son las únicas obras por el estilo que se pudieron hacer en todo el país”, dijo Alcoba.

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