análisis

La zaranda en los departamentos: así queda el nuevo mapa

Historia de nuevos liderazgos y emergentes, también de resentimientos y enojos. Y una lista de golpeados por las urnas, empezando por Calingasta y pasando por Jáchal, Caucete y hasta Rivadavia. Y, obvio, el clásico de San Martín. Por Sebastián Saharrea
sábado, 22 de agosto de 2015 · 09:27
No fue un turno fácil el de las Paso, tampoco libre de interpretaciones y consecuencias. Si sirve para algo lo dirá el tiempo, la cosa es que el resultado en este caso sí fue útil para redefinir a los líderes de tierra chica, los nuevos taitas del pago.
Entre los que quedaron con el ojo moreteado, medalla de honor para el calingastino Robert Garcés. Se veía venir la ola, que finalmente terminó tapando al intendente, y arrastrando a la gestión provincial. Porque Robert no es de los más miden en el departamento, se sabía desde hace rato, y aun así convenció al cuartel provincial para que lo apoyara a muerte y confiaran en el arrastre del poderoso tándem Gioja-Uñac para hacer hociquear a Jorge Castañeda, su ex funcionario y luego enemigo público a los cuatro vientos.
La mesa estaba servida para un duelo departamental de aquellos entre el intendente y luego candidato a diputado en tren de revalidar liderazgo territorial, y su viejo pollo que se lo disputa. En el medio, historias de pueblo plagadas de acusaciones hasta de las más bajas y supuestas infidelidades. Castañeda negoció hasta última hora con Gioja para ir en la escudería oficial, lo terminó impidiendo la presencia de Garcés en la boleta. Arregló con el grupo de Ruperto Godoy, más por despecho que por convencimiento.
Y se armó el duelo nomás: el intendente por un lado y su ex delfín por el otro. El resultado fue apabullante porque Castañeda no sólo derrotó por un campo al postulante de Garcés para sucederlo –el diputado Romero- sino que también le hizo morder el polvo en el casillo de diputado departamental en el que competía el intendente contra Alfredo Amín. Y luego de un cómputo extraño en el que primero apareció ganando Garcés en el conteo provisorio por apenas 25 votos, no tardó en saltar el nuevo resultado lapidario para él.
Quedó Garcés a los gritos por sentirse incomprendido en una gestión que, dice él, fue del todo fructífera y los calingastinos no supieron valorar. Queda la reflexión sobre cuál habrá sido el factor que hizo a los habitantes de ese bello departamento agarrársela tan fuerte contra su intendente: no faltan quienes sostienen que no le perdonan su condición de uruguayo y sus ausencias, contra el estilo más pueblerino de Castañeda. Al formato bloquista, por caso el vecino iglesiano de Mauro Marinero, quien administra montañas de dinero que se ven poco, pero tiene un estilo más presente y hasta cotidiano.
La cosa es que el mapa político local quedó patas para arriba, con Castañeda como líder. Seguramente el tiempo –poco tiempo- hará que la condición de origen del nuevo postulante (por el lado de Godoy) quede en el olvido rápidamente. Y Castañeda será el postulante oficial a defender con uñas y dientes, y luego si gana el intendente tan del palo como cualquiera. Lo que sí será es el distrito más dificultoso para los buenos modales de los perdedores de las internas junto a los ganadores en el PJ: se lo vio a Elizondo con Aranda, hasta a Godoy con Gioja y Uñac, se podría apostar a que no aparecerá nunca la foto Castañeda-Garcés prometiendo tirar para el mismo lado.
Hubo novela con desplantes y acusaciones de lealtades rotas también en San Martín. Allí la historia y la actualidad dan cuenta de un implacable liderazgo de Cristian Andino, quien dejó el cargo tras 8 años sólo porque no podía seguir, y ahora decidió volver mientras espera para dar un salto de calidad.
Cuando se fue marcaba niveles de adhesión inéditos en el departamento y en la provincia, cuando decidió la vuelta mantenía esos mismos números. Vaya a saber qué fue lo que se le cruzó por la cabeza al actual intendente Pablo Santibáñez para salir a desafiarlo. Y cómo lo hizo: porque Santibáñez fue no sólo el secretario de Andino sino también su amigo, el que tomó la posta, pero a los pocos meses se desconocieron con su líder.
Habrá creído Santibáñez que lo que marcaba Andino era fantasía de encuestadores, o que él podía remontar desde abajo hasta torcerle el brazo a fuerza de una gran "inversión” pública, que se sabe que en los departamentos más pequeños siempre es un factor determinante. Se resistió a la realidad y lo pagó con un costeletazo de los resonantes. Se recuerda poco el caso de algún intendente en funciones perdiendo una interna por tanta diferencia.
Los dos, Calingasta y San Martín, se llevaron la atención por lo resonante de sus resultados contra un jefe comunal. Pero hubo otros departamentos en el que el dibujo político habrá cambiado ya antes de la elección que en realidad es la que vale, la del 25 de octubre. Quedó configurado un nuevo mapa sólo con la Paso, gran novedad.
Uno de ellos es Caucete, tierra de caudillos de peso, el último de ellos nada menos que "el Emilio” Mendoza. Múltiple intendente y dirigente de figuración muy por encima de su departamento, de los tiempos en que se jugaban en la Legislatura provincial los porotos gruesos de la política vernácula. De estilo propio y muy particular, de manejos ampulosos y de trayectoria fluctuante con el PJ que lo vio nacer. Dio vueltas, se fue, volvió y al final aceptó una interna con la mujer que lo derrotó en una recordada pulseada por el plebiscito de la carta orgánica departamental, la abogada Mariela Ginestar.
Ganó Mariela por muy poco, se sacó de encima al Emilio y ahora no la tiene sencilla con el emergente opositor, Carlos Gil. De todos modos, ya es Ginestar la nueva referente en un distrito nada sencillo, donde el PJ impulsó al actual mandatario Juan Elizondo ante, digamos, una evidente carencia de opciones, y que hasta le dio la chance de la reelección por el mismo motivo. Pese al estrecho resultado a favor de Ginestar, ilusiona al cuartel provincial la posible irrupción de una dirigente nueva y con proyección. El tiempo dirá si es cierto.
También Jáchal mostró un cambio de manos evidente. El actual intendente Jorge Barifusa apostó a ganador con un pollo propio y perdió. Le quedó el consuelo de que, a diferencia de Garcés, él también se postuló como candidato a diputado departamental y no lo cortaron. No corría riesgos porque no competía contra nadie, si los corrió con Héctor Leiría, a quien empujó con todo lo que pudo para convertirlo en su sucesor.
Leiría perdió con Miguel Vega, un postulante que llegó por las afueras del armado departamental y que en la órbita provincial supo jugar cuando era muy joven en el equipo del ex gobernador Jorge Escobar. Para este turno de las Paso hubo mucha convulsión en Jáchal, al punto que puede entenderse que le quitaron atención a la postulación opositora de Franklin Sánchez. Pero el hecho merece los reflectores: desde el llano, un dirigente (Vega) consiguió arrebatarle el mando a otro que maneja la administración municipal. Eso no es poco, queda la pregunta flotando: ¿desde el llano? Político sí, aunque se cuenta por aquellos pagos que el nuevo candidato a intendente del PJ venía con un fuerte respaldo, por caso, de un importante emprendimiento minero del departamento. Y no hay muchos, ¿lo saca?
Entre los departamentos importantes que han rediseñado su dibujo político quedan los del gran San Juan, más allá de Iglesia. Se trata éste último del más apetitoso porque dispone de grandes recursos extra provenientes de la minería, y allí por primera vez en mucho tiempo parece haber germinado un intento peronista, claro que a largo plazo: el abogado Adrián Riveros obtuvo una suma interesante a la que puede considerar como un plantín para disputarle al bloquismo la primacía.
Para el lado del "centro”, puede destacarse el caso de Santa Lucía. Y no precisamente del lado del que ganó, el actual intendente Orrego, sino del peronismo que parece haber encontrado a un referente departamental con futuro en medio de una histórica maraña de dirigentes difíciles de arriar. Será misión de Daniel Molina, más allá de poder o no contra el jefe comunal.
Caso opuesto es el de Rivadavia. Un departamento importante en el que las fracciones de los mil pedazos en que aparece diseminado el Frente para la Victoria, parecen conducirlo a una derrota. Por un lado la intendenta Ana María, peronista por afuera de la Junta. Por otro lado, la propia Junta departamental conducida por Moisés Lara. Por otro, los partidos que firman al pie y que lideran sus pequeñas facciones (Jorge Abelín, José Amadeo Soria). Por otro, los más allegados a Ruperto Godoy, quien hizo en ese departamento –el suyo de origen- su mejor elección departamental genuina de la mano de Luis Salcedo Garay (lo dicho, Castañeda en Calingasta es prestado). Y, por si hacía falta más condimentos al menjunje, el juego libre del postulante a diputado departamental Marcelo Delgado computando una asombrosa catarata de votos a favor que no habían acompañado a su compañera de fórmula. Al final, el dato no era certero y el corte se avaporó en el conteo final, pero no dejó de hacer arder las llamas.
Ni todos ellos juntos pudieron hacerle fuerza a Fabián Martín, quien quedó en gateras. Igual deberá esperar porque el resultado no está abrochado. Sí dejó la certeza en el campamento oficialista de los dolores de cabeza que puede deparar la falta de un liderazgo claro.