Ni en sus mejores sueños, la Presidenta pudo imaginar una
cadena nacional –eso fue anoche, de hecho, el debate–, con picos de rating por
encima de los 50 puntos: fue, en sí mismo, un mensaje de fin de etapa. El
intercambio por momentos fuerte, aún con un esquema rígido de exposiciones,
mostró entonces a Daniel Scioli y Mauricio Macri frente al escenario más masivo
de la carrera electoral. La potencia de los primeros cruces resultó quizás lo
más atractivo en un intercambio temático que decayó hacia el final. Scioli se
mantuvo en el libreto de pegar a su rival con la idea de un peligroso ajuste. Y
Macri, más duro de que lo se esperaba, buscó arrinconar al representante
oficialista como defensor e imagen de continuidad del ciclo que termina.
Scioli, en rigor, mantuvo su discurso hasta en el último capítulo, el del
pedido explícito de votos. Y Macri, en cambio, abandonó allí el tono
confrontativo y volvió a su mensaje de convocatoria alejado de asperezas. En
conjunto, señal de que el debate tal vez no altere significativamente el
tablero: la campaña agotaría los pocos días que quedan en el tono del cierre de
la enorme puesta en escena de anoche.
Los dos candidatos, naturalmente, se consideraron ganadores
en la serie de entrevistas que siguieron al debate. Podrá discutirse quién de
los dos salió más favorecido, en términos de discurso explícito y en cuestión
de imagen. Pero sin dudas, ese es un tema más inquietante para Scioli que para
Macri, porque la decisión de dar esta vez el debate, a diferencia de lo
ocurrido camino a la primera vuelta, surgió como un tema estratégico para
revertir el clima generado por el resultado de octubre. Ir al balotaje fue un
golpe político que, como primera reacción, apuró el desafío inmediato del
oficialismo a este cara a cara por TV.
Precisamente por eso, y más allá del análisis de cada equipo
de campaña e incluso de los sondeos posteriores, parece claro que si la
expectativa era un derrotado claro, un final por KO, eso no ocurrió. Y en todo
caso, representa un problema para el oficialismo, que apostaba a una clara
victoria. No le servía tampoco el empate.
Scioli tuvo un planteo inteligente que fue pegar sobre las
dudas que puede generar la promesa macrista de una liberación del cepo
inmediata, en caso de ganar. No se anduvo con pequeñeces. "Es un peligro para
el conjunto de los argentinos”, dijo de la propuesta de Macri, a quien asoció
una y otra vez con un "ajuste” incluso prescindiendo del tema específico de
cada capítulo del debate. Transitó en esa línea por un camino finito, riesgoso,
porque no era nueva la ofensiva y venía precedida por el eco de algunos
expositores que transformaron en caricatura la "confrontación de modelos”.
Aquel eco, en realidad, remite a exposiciones como la del
ministro de Salud, que llegó a decir que estarían en riesgo tratamientos
oncológicos en caso de ganar Macri. Un mensaje que pasó del tono atemorizador
al amenazante por boca de Aníbal Fernández, que advirtió sobre grandes
conflictos en caso de que el oficialismo sea derrotado en las urnas. Todo,
además, condimentado con insultos y descalificaciones desde el kirchnerismo
duro.
Ese contexto, antes que la insistencia de Scioli con las
advertencias sobre una posible gran devaluación, fue utilizado por Macri para
eludir una explicación concreta sobre el fin del cepo que promete. Fuentes de
Cambiemos dicen a medias que la medida sería parcial en su inicio, pero, a tono
con la decisión de campaña, evitan de modo cerrado dar precisiones. Una manera
de admitir que el tema es difícil y podría abrir fisuras en la etapa más
sensible de la competencia.
El candidato de Cambiemos explotó el cuadro previo de
campaña para responder también con dureza, pero colocando a Scioli en el lugar
del kirchnerismo más cerrado. "En que te han transformado, Daniel. Parecés un
panelista de 6-7-8”, dijo, al borde de un tono casi sobrador, que en algunos
tramos de los cruces giró más hacia la ironía. Tampoco Scioli se privó de
chicanas: "No pudiste con los trapitos y querés solucionar el tema del
narcotráfico”.
Esa no fue la sustancia. Para algunos, fue algo sorpresivo
que Macri marcara de arranque el tono confrontativo. No se trató solo de una
cuestión de sorteo –el candidato de Cambiemos fue el primero en hablar– ni se
agotó en el inicial pase de facturas por no haber participado en el debate
previo a la primera vuelta. De manera estudiada, Macri combinó el enunciado de
propuestas con giros que siempre buscaban colocar a su rival como contracara de
cualquier cambio, incluso en los modos. Y buscó cumplir siempre con los tiempos
de exposición acordados, para evitar los cortes abruptos o una imagen
destemplada. Scioli también arrancó fuerte, aunque era más esperado, y no se
apartó de esa posición.
Ninguno de los dos lució desprevenido: fueron preparados
para enfrentar los golpes previsibles, pero que podían poner en crisis sus
exposiciones más amplias.
"Vos elegiste la continuidad”, fue una de las frases
elegidas por Macri para pegar a Scioli como expresión kirchnerista sin más
vuelas. "Viniste a debatir conmigo, no con un gobierno que se va”, fue la
respuesta que dio el candidato ofcialista, pero sin ir más allá en
diferenciaciones con Olivos.
Del mismo modo, Scioli repitió en varios tramos del debate,
y más allá del rubro específicos en discusión, que Macri provocaría "ajuste y
resignación”. La respuesta del candidato opositor era más o menos la misma:
"Quieren meter miedo. Y yo veo alegría. Hay miedo de algunos a perder
privilegios”.
Después de los dos primeros bloques, sin cambios ni mayor
riqueza en las exposiciones, el debate decayó. Y el cierre pareció dibujar un
final de campaña sin grandes novedades: Scioli insistió con las advertencias
sobre los males económicos que sobrevendrían si gana la oposición y Macri
reiteró que en la primera vuelta la sociedad expresó que perdió el miedo al
cambio. ¿Final? Para nada, los debates valen por lo que dice cada uno, por la
evaluación inmediata y por el clima que pueden generar. Los esfuerzos que
vienen serán para tratar de influir en esa consideración colectiva, aunque, en
rigor, difícilmente puedan cambiar tendencias, incluso en casos como estos, con
más de 50 puntos de rating y con la Presidenta como espectadora.