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opinión

Dos invitados a defender los trapos

Un candidato para el bloquismo en la lista parece mucho, y uno parece poco. ¿Marinero hará el milagro del promedio? En el otro campamento, la baraja orejea a un tapado: Marcelo Orrego. ¿Saldrán a defender los trapos? Dos a seguir, en el último tramo de los amarres. Por Sebastián Saharrea.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Está de moda la frase defender los trapos. Se la enrostró la flamante conductora del bloque K en Diputados, Juliana Di Tullio, a Daniel Scioli para dar sustento a la queja de CFK contra los que se hacen los giles y no la defienden. Y ahora que empieza el tiempo de las definiciones, a buena parte de la dirigencia le empieza a retumbar el término como un llamado ineludible a abandonar la tibieza.
Dos casos interesantes para el análisis presenta San Juan, en tren de defender los trapos: el Bloquismo por el camino del oficialismo, y el intendente de Santa Lucía por la oposición. Ambos podrán tener algo que decir en este tramo.
Del lado del oficialismo, la única emoción pendiente es la resolución sobre el rol que le dará Gioja al Bloquismo orgánico que ha resistido a capa y espada los cantos de sirena de alinearse en el bando opuesto. Colar un aspirante entre los 3 de la lista del Frente para la Victoria es un partido que se le ha vuelto hostil al partido de la estrella, pero el reciente triunfo en la convención le permitió renovar la fe.
Graciela Caselles ha sido de las que más defendió los trapos, tanto de CFK como de Gioja. Y si bien un candidato sobre tres parece sobrepasar el aporte electoral bloquista de hoy en su alianza con el giojismo, es lo único que podría salvar del incendio a la presidenta del partido ante los embates de los que la acusan de no recibir nada a cambio.
Lo dicho, un candidato a diputado parece mucho, y ninguno parece poco. En especial porque ese eventual candidato, esté en el lugar que estará, figurará en un lugar expectante: en la última elección a diputados, el oficialismo obtuvo las tres bancas en disputa, y en la anterior –la de 2009, que ahora se renueva- le faltaron centímetros para hacer lo mismo en un tablero de difícil perfomance nacional como parece ser la actual.
Cómo hacer entonces, será la pregunta, para buscar un promedio en la materia indivisible, como lo es un candidato. Allí anda Mauro Marinero, el intendente iglesiano, pronunciando sus primeras palabras e instalándose como alternativa: es tan bloquista como cercano al oficialismo, de matriz cantonista pero, siempre, uno de los que mejor sintonizó la frecuencia de la gestión provincial.
El problema de Marinero es que los últimos tiempos lo han encontrado flotando en una nube de habladurías, ninguno con raíz en algún hecho concreto, pero no hay actor del negocio minero que no se queje por lo bajo por su gestión. Ese runruneo genera claramente una debacle en las acciones del intendente de Iglesia como postulante al Congreso, pero no lo saca de la cancha.
El mayor atractivo para el oficialismo que tiene su eventual impulso a la dimensión nacional es que debería irse de la patria chica, Iglesia, donde el PJ hace tiempo que intenta sin suerte hacer pie y el Mauro sigue fuerte. Ya está desatada una tácita carrera por la sucesión del jefe comunal, con bloquistas y peronistas anotados, y el premio mayor de un botín para nada despreciable: la caja de las regalías, que en Iglesia deja más recursos que la propia coparticipación.
Por eso Iglesia es un botín político con especial atractivo, de mucho mayor interés en la provincia que cualquier otro, aún con menos habitantes. A pesar de los embates de los últimos tiempos encabezados por el propio ministro Saavedra, el oficialismo ha hecho mucho para mantener el factor regalías: ni más ni menos que resistir cualquier proyecto en Diputados para distribuir los recursos de manera más equitativa entre todos los municipios y no sólo a los dueños de los yacimientos. Ahora siente que puede ir por la conducción política, que siempre le ha sido esquiva y debió gestar de manera indirecta con el acuerdo con el Bloquismo.
Y allí es donde empieza a jugar un eventual pasaje de ida a Buenos Aires para Marinero: para el PJ es sacar de la cancha a una figura departamental, para el bloquismo es la chance de llegar a dos diputados nacionales –cifra impensada hace poco tiempo- y para Marinero es la posibilidad de una transición en paz, si bien adelantada.
Si no es Marinero, ¿quién entonces? Otro iglesiano, Jorge Espejo, ya se animó a rayar las paredes cercanas a la Casa de Gobierno para hacerse notar. Es otra alternativa, en especial por su cercanía al PJ aún mayor quela de Marinero. Y la propia Graciela Caselles sorprendió al pronunciar un par de apellidos de trayectoria partidaria: Maratta o Medina. Un intento de frenar la hemorragia de los sectores más tradicionales del partido hacia Conti, pero con una complicación: cómo harán los ex ministros de clara trayectoria conservadora para levantar la mano a favor de CFK.
Cambiando de campamento, la gran incertidumbre en el tablero opositor –además de las indefiniciones de la UCR, Actuar y la Cruzada- es adivinar cómo jugará el dirigente mejor evaluado por la gente en ese universo: el intendente santaluceño Marcelo Orrego.
Cultor extremo de la no beligerancia, Orrego sorprendió hace poco especulando sobre su participación en la inminente cita electoral: cuando toque pasar a la caravana por Santa Lucía, allí estará, pero no mucho más que eso. Poca exhibición, si se concreta, para una figura capaz de irradiar aire fresco a un tablero opositor necesitado de resultados concretos.
Pero claro, Orrego no quiere quedar pegado con ninguno de los dirigentes en carrera, ni le cae demasiado agradable tensar la relación con la provincia por un partido en el que no juega. Tarea de equilibrista entonces para Orrego en su pretensión de cuidarse para próximas batallas, aunque su presencia en la campaña estará llena de matices.
Es que Roberto Basualdo, su referente, ya sacó a flamear la manera discreta su carta ganadora como para que no se le desbande la interna. El mensaje es éste: si se complica, sale a jugar Orrego en esta misma elección, y eso significa que los que ya se alistaron temprano en ese espacio dirigido por Basualdo tendrán una complicación casi definitiva.
El caso Orrego guarda alguna relación con el de Sergio Massa. Ambos intendentes, ambos jóvenes, ambos portadores de discurso de la gestión y el antibelicismo, ambos señalados como figura de recambio, y ambos ante el dilema de abandonar una gestión municipal para tirarse de panza a la tentación de los votos como para validarse como factor de recambio en 2015.
Pero Massa lo pensó hasta el último minuto y Orrego lo dijo bien claro: ni que corran las peores tempestades será candidato en este turno. Claro que el destino político de cada quien no lo resuelve en exclusiva el intestino del principal involucrado, sino los intereses y las conveniencias que flotan alrededor.
Más temprano que tarde, habrá un llamado para el jefe comunal para saltar a una foto en primer plano de campaña para defender los trapos, aún por fuera de Santa Lucía. Si eso no ocurre, sería todo un gesto que habla de las intenciones del basualdismo. Además, claro, de un desperdicio.


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