editorial

Nada más que camiones

Esperaba Enrique Castro que algún gremio importante de San Juan se subiera a su camión rumbo a Plaza de Mayo. Pero lo dejaron solo, y debió pagar por un grueso error de cálculo de su jefe Hugo Moyano. Por Sebastián Saharrea.
sábado, 30 de junio de 2012 · 14:19

Por Sebastián Saharrea.

-¿Cuánto gana un camionero?
-Y, un promedio de $12.000.
-¿Y los que más ganan?
-Hay algunos que ganan 6, 7 mil y otros que llegan hasta los 20 mil.

Las preguntas fueron de este periodista y las respuestas fueron de Enrique Castro, el jefe de STOTAC en San Juan, gremio de los camioneros. El hombre de Moyano estuvo el viernes anterior por la noche en Paren las Rotativas (Canal 5, a las 23 todos los viernes), en medio de su trabajo del momento: subir la mayor cantidad posible de militantes a los camiones que partieron el martes a la mañana desde San Juan para la Plaza de Mayo con Moyano. Y siguió:

-¿Usted ve que tiene algo de parecido esta situación (el paro de los camioneros) con lo que pasó en el 2008 con el campo?

-Y sí, yo creo que sí.

Lo parecido convalidado por Castro no era sólo el desabastecimiento que provocaron las dos medidas, aquella de los hombres del campo que bloquearon las rutas y frenaron la circulación de mercadería en todo el país con su consecuente crisis social, y ésta de los hombres de los camiones que no piquetearon las rutas sino pusieron freno de mano a los camiones. Fue lo mismo, pero no fue sólo eso: hubo en ambas la acción de meter en el problema a gente no incorporada al conflicto (casi todo el mundo) y hubo, como lo confesó el propio Castro, una inclusión de prepo de los menos beneficiados en el reparto del ingreso para reclamar por los asuntos de los mejor posicionados: aquella vez de los sojeros, el país reclamó por la carga impositiva de quienes cortan la parte del medio en la sociedad argentina, y esta vez reclamaron algunos gremios por problemas en los ingresos de los mejores sueldos. En San Juan, a no dudar que los ingresos de los camioneros están entre los tres mejor pagos de la provincia, junto a los de la minería y algunos de la construcción. Pero Moyano no es el Melli De Ángelis, aquella figura estelar de los piquetes sojeros que arrancaba simpatías desde su tono campechano y su aspecto de laborioso.
No es que nadie esa franja tenga derecho a protestar o a reclamar, por el contrario. Lo que suena contra natura es que esa protesta sectorial –en este caso de parte de los incluidos en el impuesto a las Ganancias- paralice el país. Ayer con el campo, hoy por los sueldos camioneros. Un caso simbólico es UATRE, el gremio del Momo Venegas que fue uno de los pocos que terminó apoyando a Moyano: en San Juan, el sector de los trabajadores rurales es el que más trabajadores en negro tiene y donde se pagan los sueldos más bajos, por lo que resulta asombroso que se pliegue a un paro nacional por los sueldos más altos y en blanco, y no convoque a uno para los que tienen su propio problema.
Tal vez haya sido ese el motivo de la tan magra cosecha de Enrique Castro en la CGT local cuando fue a juntar firmas para apoyar a Moyano en la plaza. Arrancó a regañadientes la mano levantada de algunos gremios minoritarios que le dieron el respaldo institucional de la CGT, en la que Castro es vicepresidente, pero no pudo disfrutar de al menos alguna declaración relevante de sus colegas sanjuaninos. Muchos menos, de alguien que se subiera a su camión con rumbo a Plaza de Mayo.
Para los sindicalistas sanjuaninos más importantes, el desafío de Moyano significó una gran incomodidad. Estaba por verse para qué lado dispararían: si se recluían en el corporativismo sindical pese a quedar a kilómetros de distancia del reclamo de Moyano, o preferirían su proximidad a un oficialismo con el que ellos no rompieron, como sí lo hizo el camionero. Fue lo segundo.
Al medio quedaba el gobierno provincial y la siguiente pregunta: En el caso en que algún gremio decidiera mostrar la cara en la plaza, ¿además de un desaire hacia Cristina hubiera significado eso un desaire para Gioja? El gobernador prefería que ninguno de sus gremios allegados se identificara con el paro, para no tener que enfrentar preguntas incómodas desde la Nación.
Castro intentó separar las cosas. Que al ser un reclamo sobre un impuesto nacional, no significaba un problema para Gioja por los que decidieran marchar, claro que el contenido del discurso del miércoles de Moyano de alto contenido político lo terminó desmintiendo.
Castro es un dirigente de buena relación con Gioja, pero procedente del basualdismo, con quien accedió incluso a una banca en la Legislatura aunque luego rompió con el actual senador y se alineó al oficialismo. Vueltas de la vida, el mismo recorrido le tocó en la política a Eduardo Cabello -el titular de los albañiles de la UOCRA y de la CGT local-, quien fue concejal basualdista y luego arrancó una relación fría con Gioja hasta que fue madurando a fuerza de obra pública y privada (por Barrick y Lama, es uno de los gremios más fuertes de San Juan). Los otros protagonistas de esta historia son los titulares de los gremios más fuertes, todos relacionados con el gobierno nacional: José Pepe Villa, de UPCN, es diputado nacional; Raúl Ávila, de los empleados de comercio, es diputado provincial; Juan José Chica, de Luz y Fuerza, es funcionario provincial.
Todos ellos prefirieron darle prioridad a su relación con el oficialismo, tanto por motivos de alineamiento personal como por lo que iban decidiendo sus gremios nacionales: ¿Alguien se hubiera imaginado a Villa o Chica en el reclamo?
Cabello moderó el discurso para no dejar solo a Castro, habló de la injusticia de Ganancias y habilitó la aprobación del respaldo formal de la CGT local. Pero ni aunque quisiera hubiera podido avanzar en un apoyo más contundente: su gremio, la UOCRA, está liderado a nivel nacional por Gerardo Martínez, un furioso opositor a Moyano que además hace flamear los cascos amarillos en cuanto anuncio de obra pública formula CGK, desde la Rosada o en donde sea. Lo mismo con Chica, cuyo secretario general es Oscar Lescano: “Hay, Lescano…”, dijo Moyano el miércoles desde el palco. O Ávila, encolumnado con Armando Cavalieri –pese a que en la interna del gremio marchan por carriles distintos-, uno de los Gordos que buscan el lugar de Moyano. Ni hablar de Luis Figueroa, de la UOM, cuyo secretario general nacional Armando Caló es el principal candidato a suceder a Moyano por impulso oficial. No quedó ni siquiera el consuelo de los estatales de ATE, subidos al camión al principio por el ala combativa de Micheli y que podía haber aportado algo a la columna sanjuanina de Castro, pero al final se bajaron. Y el ejército camionero local para tapizar de gente la Plaza de Mayo terminó siendo sólo sus afiliados y algún que otro agregado como el puñado que aportaron los bancarios. Nada más.
Lo que sigue, como todo, no depende de Castro. Y casi que tampoco de Moyano. El camionero ya está jugado y esperará la elección en la CGT para conocer si su influencia sigue en pie o se le escurrirá entre los dedos. O si pasa como suele ocurrir con estas cosas: una nueva fractura de la central obrera que no conviene a nadie. Mucho menos a los trabajadores.

 

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