posibilidades

Antes que amar, elegir

Una nueva sección del semanario Tiempo de San Juan: Posibilidades. Esta vez, con un interrogante: ¿Qué tal si a la persona que amamos no la elegimos como pareja?
martes, 25 de octubre de 2011 · 12:53


Por Rachid Yarhad
rachidyarhad49@gmail.com

Una idea. ¿Que tal si a la persona que amamos no la elegimos como pareja? ¿Qué les parece?

Un escenario. Ella tiene más de cuarenta, viene de un divorcio de diez años, y hace unos pocos meses terminó una relación con un hombre un poco mayor que ella, que venía con todos los vicios de un tipo que no se quiere comprometer en una pareja. Esta pero no esta. “Quiere”, pero no “ama”, disfruta pero no aguanta. Ordena y no cede, y así muchas características de este tipo de nueva fauna varonil que se ve muy a menudo en las sociedades argentas (desgraciadamente hay cada vez más mujeres que se copian de estos especimenes y también huyen al compromiso).

Al tiempo de terminar, se vuelven a encontrar e intentan reiniciar la relación, rápidamente ella se da cuenta que todo sigue igual, que él no cambia, y que la “cuestión” no marcha para ningún lado. El tiempo pasa y este muchacho se ha convertido en una trampa para nuestra heroína.

El la busca, ella se deja encontrar, pero la pareja no cuaja nunca. En algún momento esto parece un callejón sin salida. Ella se declara enamorada y por más que sale con otros, siempre vuelve  a caer en las promesas de “cambio”. Entonces la pregunta es: “¿Cómo salir de esta “enfermedad” y poder seguir adelante?”. Creo que la respuesta está en la aceptación y la elección.

Primero debemos aceptar que esta persona a la que declaramos amar no nos sirve como pareja. No entra dentro de las características de la persona que uno elegiría como compañero.

Al aceptar las limitaciones del otro en esta ámbito, toda la situación se ira haciendo menos grave y podremos verla de otra forma. La fórmula es decir “Te amo, pero no te elijo como pareja”. De ahí arrancamos.

El segundo paso es darnos cuenta que aunque estemos enamorados –esta palabra no es sinónimo de hechizado-, podemos elegir otra relación con esta persona que no sea la de pareja. Es decir puede ser amante, amigo, confidente o lo que ustedes quieran, pero no pareja. Allí se darán cuenta que el amor no disminuye, pero sí se agranda su dignidad al poder elegir lo que es mejor para uno. Tal vez ese sentimiento no desaparezca por mucho tiempo, pero con la elección se abre un mundo de posibilidades.

La primera es hacerle lugar a otra persona que sí desee comprometerse a su lado. Mientras uno está trabado “en lo amo pero no cambia”, este muchacho no solo que no responde a mis necesidades, sino que encima ocupa el lugar que otro seguramente quiere ocupar.

La segunda es la claridad con la que nos podemos manejar con esa persona y de esa manera evitar la manipulación que se hace en el nombre del amor: “Sí, te amo, pero no te elijo”. Al dejárselo claro al otro también lo empezamos a ver con claridad nosotros y de esa manera podemos diseñar que tipo de relación queremos con esa persona.

Y la tercera, es que esta claridad de poder decidir la va a quitar mucho dramatismo a la relación y en vez de estar buscando “culpas” por todos lados (que la edad, que mis hijos, que sus hijos, lo que piensan los demás, lo que piensa mi familia, etc), nos centramos en lo que nos pasa y tomamos la mejor decisión que nos salga en ese momento. Con el tiempo nos daremos cuenta que nuestra elección es tan o mas importante que el sentir amor a la hora de diseñar una pareja.

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