Un pervertido sanjuanino va a juicio por tenencia y distribución de material sexual infantil: le encontraron 1.555 archivos
Los representantes de la UFI Delitos Informáticos y Estafas expresaron que en el debate solicitarán una pena de 9 años para el acusado. La perturbadora acusación detalla que le encontraron imágenes y videos de hasta recién nacidos. Este joven ya tiene una condena en su contra por un delito de idénticas características.
Alejandro Nahuel Pérez Molina (27) irá a juicio por una causa aberrante e impactante. En las próximas semanas se sentará en el banquillo de los acusados por los delitos de distribución de material de abuso sexual infantil (MASI) agravado por la edad de las víctimas (menores de 13 años) y tenencia con fines de distribución de MASI, también agravada por el rango etario de los damnificados.
La acusación que recae contra Pérez Molina es contundente: le hallaron 1.555 archivos de menores en actividades sexuales. Como detalles atroces, se destacó que el procesado poseía contenido de víctimas de todas las edades, incluso de recién nacidos; según expresaron en la audiencia el fiscal Guillermo Heredia y el ayudante fiscal Federico Pereyra, de la UFI Delitos Informáticos y Estafas.
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La audiencia, presidida por la jueza de Garantías Gema Guerrero, estuvo marcada por constantes interrupciones debido a problemas de conexión que tenía el abogado defensor, César Jofré. Por tal razón, el acto procesal se suspendió hasta que el letrado compareció físicamente en Tribunales.
Tras varias idas y vueltas, la magistrada elevó a juicio la causa. La Fiscalía dio a conocer que buscará 9 años de prisión efectiva para el sospechoso, quien ya cuenta con otra condena por un delito de la misma índole.
Los especialistas informáticos de la Policía de San Juan descubrieron que, en los dispositivos secuestrados, Pérez Molina almacenaba archivos de dibujos tipo anime, fotos y videos de explotación sexual.
Además, en el mismo teléfono se detectaron comunicaciones que, aparentemente, el acusado mantenía con menores de edad. Se trataría de chats donde fingía ser otro adolescente y solicitaba imágenes íntimas, un comportamiento que encuadraría en el delito de grooming. Esta figura penal sigue siendo investigada, ya que durante este tiempo no se pudo comprobar fehacientemente la identidad de los interlocutores.