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Historia

Oscar Elizondo, el diarero que recorre hace más de 20 años el centro sanjuanino

El canillita camina todos los días el microcentro de la ciudad para llevar ejemplares a sus clientes. Su presencia evoca épocas pasadas, debido a que es uno de los últimos repartidores que quedan.

Por Guillermo Alamino

La vereda del centro de San Juan continúa resguardando profesiones que parecían extintas. Es el caso de Oscar Elizondo, uno de los últimos repartidores de diarios que quedan en la zona y una figura conocida en la ciudad con más de 20 años en el rubro, casi vintage seguramente para la mirada de muchos, aunque para otros un ejemplo de resistencia y autenticidad. Su tarea empieza muy temprano en la mañana para distribuir periódicos y mantener informada a la gente con el soporte impreso.

Oscar se levanta todos los días a las cuatro de la mañana y a las cinco empieza a recorrer a sus proveedores, que lo abastecen de diarios. El canillita tiene una clientela de alrededor de 30 vecinos, algunos de un kiosco para el que trabaja y otros propios, a los que distribuye regularmente un ejemplar del periódico. Pese a los avances tecnológicos y el crecimiento del consumo de noticias a través de internet, Oscar pudo mantener su clientela a lo largo de los años. Antes tenía 15 clientes propios y ahora, 13. "Recorro edificios y también bares que te piden más de uno", manifestó.

diarero oscar elizondo (1)

"A veces no es muy fácil, pero tengo que ser constante. Todos los días, automáticamente, me tengo que saber de memoria el recorrido de todos los clientes", siguió relatando.

En este sentido, antes había otro repartidor en el centro que se jubiló hace pocos años y le pasó sus compradores a Oscar. Esto lo ayudó a mantener una estabilidad en su actividad que actualmente parece de otra época."Yo me cruzaba con dos o tres, pero ahora los dueños de los kioscos hacen el reparto. Creo que soy el único, porque hasta ahora no me he cruzado con ninguno en el centro", dijo. Generalmente, sus clientes le pagan de forma semanal y solamente tiene uno que abona los diarios mensualmente. "La mayoría son personas mayores y bares", indicó.

"Hay gente que no deja esa costumbre, prefiere más el diario papel que lo digital. Hay gustos y gustos: hay gente a la que le gusta lo clásico y otra a la que le gusta lo actual, lo informático. Los padres y los abuelos leían el diario; hay poca gente que sigue con esa tradición", continuó.

diarero oscar elizondo (2)

Oscar arrancó su labor como repartidor cuando ingresó a trabajar en la Reventa en el año 2000. En ese momento, buscaba empleo y vio un aviso en una publicación, en la que requerían a una persona que pudiera distribuir la revista de clasificados. Así empezó todo. Trabajaba en una esquina donde se dedicaba a vender ejemplares, lo que selló su destino y su pasión por ser canillita.

Durante unos años, dejó el trabajo y se fue a vivir a Formosa con un hermano, pero luego volvió y se reinsertó al ámbito en el 2003. "Empecé en Plaza Laprida, en un kiosco que estaba ahí; pero después lo trasladaron a Plaza de la Joroba por un pedido de un vecino de la zona", comentó. Allí trabajó hasta 2006, luego se cambió a otro en calle Entre Ríos y Rivadavia, donde desempeña sus servicios actualmente. No obstante, también fue repartidor para varios canillitas, como el que está ubicado en la vereda de OSSE.

En el último tiempo, algo que sostiene el negocio, de acuerdo a Oscar, son las colecciones que acompañan a los periódicos con ediciones de vinilo, autos de juguete, libros, entre otros. "A veces la gente nos pide que les guardemos los números y nosotros se los guardamos. Después ellos vienen; cuando cobran, pasan y los retiran".

diarero oscar elizondo (3)

Uno de los momentos más difíciles que le tocó atravesar se produjo en la época de pandemia, cuando estaban las restricciones de circulación. En ese entonces, Elizondo solamente trabajaba dos o tres veces por semana. “Fue muy duro porque la clientela empezó a disminuir, la gente dejó de comprar diarios y las publicaciones de Buenos Aires dejaron de llegar. La clientela cayó a pique porque ya no querían el diario”, expresó. Sin embargo, logró resistir y mantuvo la constancia en su labor, permitiéndole seguir con sus tareas.

La permanencia de Oscar en el centro invita a la reflexionar sobre los cambios que hubo en estas épocas y también exhibe el ejercicio de su labor con constancia y pasión, a pesar de no ser un trabajo en auge. Su trayectoria es una muestra de perseverancia y persistente lucha para sostener su tarea de diarero.

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